martes, 13 de marzo de 2018

El mural Verbo América y Puerta de la Barqueta, siempre en el olvido



Seis años han pasado ya desde que el Mural Verbo América de la Glorieta de la Barqueta fuese restaurado, siete años desde que esta maravillosa obra del artista chileno Roberto Matta se recuperase de las heridas causadas por el tiempo, el vandalismo y la sinrazón. Aquella restauración se hizo con la promesa de arreglar un entorno absolutamente degradado que en nada contribuye a la conservación de la pieza ni a la imagen de un Parque Tecnológico que, según el alcalde, es parte esa marca Sevilla que se quiere vender más allá del turismo. Pero la realidad es que el mural presenta desperfectos prácticamente desde que se acabó la restauración, que el entorno nunca se ha intervenido y que la dejadez es la principal marca de una ciudad que no termina de entender que el aspecto de sus espacios públicos es un reflejo de la personalidad de sus ciudadanos.






Existen dos Cartujas, la tecnópolis, con sus empresas, su crecimiento económico y sus miles de usuarios y otra alrededor, la dejada, la abandonada, esa muralla psicológica que componen el Camino de los Descubrimientos, la antigua Puerta de la Barqueta y las zonas verdes que miran hacia el río. Se habla una y otra vez de integración, de regeneración, de apertura, pero nada se hace en ese sentido. Acaba de pasar el XXV aniversario de la Expo y hemos dejado transcurrir un año entero sin hacer nada para evitar la imagen de abandono que presentan estos espacios.





Para los que creemos en otro tipo de ciudad, en otra imagen, sólo nos queda seguir mostrando el declinar de unos espacios y obras de arte que mueren lentamente. Sirva este reportaje fotográfico para mostrar, una vez más, que no estamos haciendo bien las cosas y que no hay ningún interés en cambiar esta situación.



1 comentario:

Gabriel Maestre dijo...

Sí esas zonas se degradan es, aparte de la desidia de las Administraciones, porque se trata de sitios apartados y poco transitados, excepto por quienes quieren divertirse lejos de las zonas donde otros podrían quejarse; y claro, esa gente no tiene muchas veces sensibilidad hacia el patrimonio sino todo lo contrario. Sigo pensando que este tipo de zonas debe quedarse con un equipamiento urbano mínimo y fácilmente reemplazable, y todo lo que sea de valor (como este mural) trasladarse a zonas donde pueda protegerse mejor. Un saludo.