jueves, 16 de agosto de 2012

La Plaza de España empieza a degradarse


Hace unos años, pasear por la Plaza de España era un continuo lamento. Muchos no entendíamos cómo se podía conservar tan mal uno de los monumentos más importantes de la ciudad. Azulejos destrozados, barandillas rotas, suelos arrancados... Tras la inversión de nueve millones de euros que se acometió hace un par de años, esa imagen de abandono y destrozo se ha concentrado en los interiores del edificio mientras que la plaza mostraba un perfecto estado de revista. Sin embargo, apenas dos años después de la reinauguración, podemos empezar a entender cómo se llegó a aquel estado de vergüenza. Ya son múltiples los elementos destrozados, arrancados y vandalizados en la delicada decoración de la plaza. Como los remates de piedra de la barandilla de la ría (imagen superior) o en los bancos provinciales.

Como el de Lugo, donde han arrancado el remate del anaquel izquierdo.


Madrid, sin su remate del pináculo izquierdo.


Cuenca, donde ha sido sustraído otro elemento decorativo del anaquel derecho.


Cádiz, donde han arrancado los dos.


En Baleares también el derecho.


O Almería, donde faltan dos azulejos del panel central que han sido sustituidos por cemento.


La balaustrada de la ría también ha sufrido ataques, tanto en la parte de mármol donde faltan un decena de remates,


como en la parte cerámica, donde también se sustrajo hace ya meses el remate de este florón:


En dos años los desperfectos se pueden contar ya por decenas, algunos tan evidentes que es difícil entender cómo un monumento que cuenta con vigilancia privada las 24 horas del día ha podido ser víctima de estos ataques sin que haya detenidos. De seguir así, en apenas diez años, la Plaza de España necesitará otra inversión cuantiosa para su recuperación, a lo que habrá que sumar la vergüenza de una ciudad incapaz de atajar una de sus principales losas, el vandalismo. El Ayuntamiento se gasta al año varios miles de euros en vigilancia, sin embargo, los destrozos siguen ahí, al igual que la insoportable presencia de mercaderes ambulantes que utilizan bancos y escaleras como muestrario de sus productos sin que nadie haga nada. ¿Para qué sirve la vigilancia entonces? El Ayuntamiento debe tomarse más en serio el mantenimiento de la ciudad y sus monumentos, para eso sirve la ordenanza antivandálica. Los culpables de estos destrozos deberían pagar por sus fechorías, de lo contrario, más vale dejar de ir ya a la Plaza de España para guardar en nuestra memoria su mejor estampa, una imagen que dentro de unos años ya no tendrá.

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