lunes, 19 de noviembre de 2018

Dos esculturas y un mismo destino

Litografía de Friedrich Eibner conservada en la Biblioteca Nacional de España 


En el arte, como en muchos otros aspectos de la vida, en ocasiones cuando algo no sirve o pasa de moda queda relegado a un discreto segundo plano o incluso tiende a desaparecer. Los cambios estéticos han condenado a muchas obras de arte a la desaparición del mismo modo que los desarrollos urbanísticos o los vaivenes políticos han relegado otras a zonas ocultas al público. Hoy os quiero hablar de dos esculturas que se encuentran en Sevilla, que en su día ocuparon lugares destacados y que actualmente se encuentran en una situación complicada.


El convento dominico de San Pablo ocupó, desde el siglo XIII, un amplio espacio en torno a la actual parroquia de la Magdalena, templo originario del cenobio. En la actual calle San Pablo se encontraba una monumental puerta que daba acceso al recinto, concretamente al compás, espacio de comunicación entre el exterior y la clausura. La litografía que encabeza el post, realizada por Friedrich Eibner en 1861 y conservada en la Biblioteca Nacional de España, nos muestra cómo pudo ser ese espacio antes de su derribo para realizar el actual ensanche que dejó a la vista los muros de la iglesia. Gracias a esta imagen y a alguna fotografía de la zona que también se conserva, nos podemos fijar no sólo en la gran portada barroca, sino en su hornacina superior, donde se ubicaba la escultura del titular del convento, San Pablo. Una vez destruida la puerta podríamos pensar que la escultura de piedra corrió el mismo destino pero la sorpresa nos la encontramos en las propias dependencias de la parroquia donde, en un patio, permanece la escultura. Su relativo buen estado de conservación hace pensar en que alguien tuvo la delicadeza suficiente como para retirarla antes del derribo. Nada he encontrado sobre la autoría de esta magnífica pieza, pero por su factura bien podría fecharse en el siglo XVII. Personalmente, y sin entrar en mayor detalle, se me da un aire a las piezas que decoran las balaustradas del interior de la parroquia del Sagrario, una esculturas realizadas por José de Arce a mediados del siglo XVII.


San Pablo, fotografía realizada en 2011

Esculturas de José de Arce en la Parroquia del Sagrario (ca. 1657)


La otra escultura de la que os voy a hablar es más conocida pero también más odiada. Se trata del Fernando VII abandonado en los jardines del convento de Santa Clara. Curiosamente ambas esculturas se encuentran hoy en día ubicadas junto a un ábside.


Fernando VII en la actual Glorieta de Perú. Imagen de la Fototeca de la Universidad de Sevilla


Fernando VII es sin duda uno de los reyes más denostados y vilipendiados de nuestra historia. Él fue el responsable de que la esperanza que aportó la Constitución de Cádiz durante la ocupación francesa quedara en papel mojado tras su proclamación como rey y el regreso a un régimen autoritario. Sea como sea, no estamos aquí para hablar de historia (al menos no hoy) sino de patrimonio. Tal y como nos cuenta Maratania en su blog, la pieza fue realizada por el escultor francés Pierre-Joseph Chardigny en 1831 para la Plaza del Palacio de la ciudad de Barcelona. Poco duró en esta ubicación ya que en 1835 fue derribada y rescatada por la reina regente María Cristina que se la lleva a París durante su exilio. La escultura regresa a España en 1861, concretamente a Sevilla, donde es colocada por la infanta María Luisa en los jardines de su residencia, el palacio de San Telmo. El paso de los años hará que la escultura cambie de ubicación varias veces dentro de los jardines hasta que en 1931, con la proclamación de la República, es retirada definitivamente y trasladada al Museo Arqueológico Municipal, cuya sede se encontraba en el actual monasterio de Santa Clara. Y allí permanece casi noventa años después, abandonada. 


Fernando VII en Santa Clara


En este post quería incluir también la Ceres de Juan Luis Vassallo que decoró la fachada del mercado de la Encarnación y que actualmente se encuentra en uno de los patios de la Casa de los Pinelo, pero su relativo buen estado de conservación me ha hecho obviarla de momento. La intención de este texto es precisamente poner en valor dos piezas, de muy buena calidad, que por circunstancias de la vida han acabado ocultas y retiradas de la vista. Ambas bien podrían estar en un museo porque reúnen cualidades artísticas para ello, pero el destino ha querido que a día de hoy se encuentren a la intemperie sufriendo los avatares del paso del tiempo. Ojalá que más pronto que tarde podamos ver ambas esculturas en unas condiciones más idóneas.

3 comentarios:

Alberto Rodriguez dijo...

También está el San Agustín de la portada del convento del mismo nombre. Tuve la suerte de verla

Sergio Harillo dijo...

Desconocía esa información, Alberto. Un saludo.

Unknown dijo...

Pomona viene del nombre de las manzanas.
Y Crees de los cereales.
La estatua depositada en un patio de la Real Academia de Medicina de Sevilla corresponde a la diosa protectora de las flores y frutos