sábado, 25 de enero de 2020

La esencia de la Juguetería Cuevas se conserva en las dos columnas de García Ortiz



Mucho me temí que durante las obras en la antigua Juguetería Cuevas las columnas de Emilio García Ortiz (1929 - 2013) corrieran la misma suerte que los azulejos que conformaban el rótulo comercial del histórico comercio. De hecho, el proyecto original de reforma proponía cubrir las columnas al no casar con el diseño que se le quería dar al local. Por fortuna los responsables del mismo han terminado respetando las dos columnas de 1954, emblema de la juguetería y una de las obras más interesantes de la producción del ceramista García Ortiz.





En enero de 2019 se producía el cierre de la Juguetería Cuevas, un negocio que ha ocupado uno de los flancos de la Plaza de San Francisco desde 1954. El diseño del local fue encargado a un entonces jovencísimo Emilio García Ortiz, que contaba con apenas 25 años. García Ortiz es uno de los grandes ceramistas de la segunda mitad del siglo XX en Sevilla y uno de los artistas que intentó, durante décadas, actualizar el lenguaje estético de la cerámica en una ciudad no siempre abierta a estos cambios. El hecho de que la familia Cuevas confiara el diseño de su local a un artista tan joven y con ideas tan novedosas suma aún mayor valor a estas columnas plagadas de elementos que hacen referencia al uso del local: dados, naipes, raquetas, ábacos... además de figuras humanas y elementos vegetales.




La reforma del local, ahora convertido en bar de copas, se ha basado en una estética que recupera, de forma bastante interesante, la estética original del mismo. Se podría decir que la decoración original ha inspirado el diseño de la reforma, algo que es muy de agradecer. En dicha reforma no tenía cabida el citado rótulo comercial de la Juguetería, un elemento cerámico de gran valor sentimental pero que no gozaba del valor histórico artístico que sí tienen las columnas. Son muchos los que se han lamentado por la pérdida del rótulo, pero pocos han alabado que las columnas de García Ortiz se hayan salvado y desde aquí quiero dedicar estas líneas a agradecer que finalmente hayan sido respetadas.  




Lo sucedido en torno a este local comercial no deja de ser un ejemplo más de nuestro sistema capitalista. Un negocio familiar que sufre los cambios que se dan en cualquier centro histórico de una ciudad turística, una legislación que no termina de proteger los negocios históricos porque poco se puede hacer contra la ley de la oferta y la demanda, una estética poco conocida y comprendida y la particularidad de nuestra ciudad, donde la preponderancia del sector hostelero hace que otros sectores comerciales sean menos rentables. Controlar todos estos factores es muy complicado, pero lo que sí se puede hacer desde las administraciones en velar por los elementos con un valor histórico artístico.




El cambio de uso en un local es irremediable en la vorágine global en la que vivimos pero sí que se podrían hacer fichas catalográficas e inventarios de elementos que sea obligatorio conservar. Y aquí entran rótulos, escaparates, materiales y elementos como las dos columnas de García Ortiz, quizás uno de los últimos exponentes de una cerámica que durante siglos ha adornado nuestras casas, calles y plazas y que ya prácticamente ha desaparecido.


Firma de Emilio García Ortiz en una de las columnas


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