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miércoles, 19 de julio de 2017

Y Paris escogió a ... Casariche




Según la mitología griega, al príncipe troyano Paris lo pusieron en un gran aprieto cuando le pidieron que eligiera entre Afrodita, Atenea y Hera cuál era la más bella. Eris, la diosa de la discordia, se sintió gravemente ofendida cuando no fue invitada a la boda entre Tetis y Peleo, así que en mitad del banquete nupcial dejó caer como quien no quiere la cosa una manzana de oro en la que se podía leer 'para la más bella'. Como ninguna mortal podía competir con las diosas olímpicas, la elección quedó entre las diosas de la belleza, la de la sabiduría y la todopoderosa esposa de Zeus. Cada una de ellas ofreció al príncipe un regalo y Paris, como buen mortal, desechó el poder y la sabiduría para quedarse con el amor de la mujer más bella, Helena. 'El Juicio de Paris' fue un tema muy recurrente ya en la época clásica volviéndose a poner de moda durante el Renacimiento y el Barroco.



El inicio de la Guerra de Troya es lo que queda plasmado en el mosaico aparecido en la localidad de Casariche en 1985. Se trataba del mosaico más espectacular de los que aparecieron en la villa conocida como El Alcaparral y para su restauración fue trasladado a Sevilla. Una vez recuperado se planteó instalarlo en el Parlamento de Andalucía pero finalmente recaló en el Museo Arqueológico, su hogar durante los últimos años. Pero Casariche no se resistió a tener que coger un autobús para ver el mosaico y emprendió una campaña para recuperarlo, incluso le construyó un museo en el que se reservó el espacio para colocarlo cuando volviera. Algo así como el nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas en el que se ha dejado vacío el lugar donde estarían los mármoles que atesora el British Museum.

Al final David ha vencido a Goliat y Casariche se ha llevado el mosaico. Apenas ha habido noticias al respecto, quizá para no remover mucho el estado del Museo Arqueológico. No es la primera pieza que abandona las salas del edificio diseñado por Aníbal González y seguramente no será la última. Antes ya partieron hacia Carmona algunas piezas y Tomares ha reclamado que el famoso tesoro se exponga en la localidad del Aljarafe. 

Personalmente estos temas siempre me producen disparidad de opiniones. Por un lado entiendo perfectamente las aspiraciones de Casariche, Carmona o Tomares, pero por otro lado creo que el Museo Arqueológico debería ser el hogar donde contar la historia arqueológica de toda la provincia. Si le quitamos los mosaicos de Écija, las esculturas de Itálica, el tesoro hallado en Camas y los restos prehistóricos de Castilleja, ¿qué hacemos con el Museo? Puedo llegar a entender el por qué se reclaman estas piezas, pero me temo que más que una cuestión de identidad en muchos casos se esconde un trasfondo crematístico en el que se espera que las hordas de turistas lleguen en masa a ver una pieza concreta. Y eso rara vez ocurre.

Una nueva página se ha escrito en la oscura historia reciente del Museo Arqueológico. Paris, Venus, Afrodita y Hera ya no dialogarán de tú a tú con el Mercurio de Itálica. Mientras el Museo espera una reforma que nunca llega sus piezas se van. Ojalá sea la última.

2 comentarios:

Gabriel Maestre dijo...

La verdad es que es mucho más fácil que los turistas vayan a ver las obras romanas de la provincia reunidas en un lugar adecuado en Sevilla capital, que no que vayan a un pueblo sólo por una o unas pocas piezas... La excepción pueden ser lugares como Écija o Carmona, que tienen suficiente patrimonio romano para explotarlo por su cuenta. Quizás, en un plano más general, las comarcas no metropolitanas de la provincia deberían centrarse en explotar turísticamente sus edificios y lugares históricos, así como colecciones de objetos directamente ligados a ellos. Otros objetos más 'únicos' sí deberían ir a parar a las colecciones de la capital.

Isaac Chalmain dijo...

Un post muy interesante. Por una parte, entiendo que el Museo Arqueológico desempeña un papel primordial en la difusión de la gran riqueza arqueológica de nuestra provincia. Aunque también es muy loable que un lugar desee preservar sus señas indentitarias. Hay numerosos ejemplos de esculturas que han revulsionado muy positivamente el contexto donde se hallan (Amazona herida en Écija, Hypnos de Almedinilla, Efebo de Antequera, etc.), las que están óptimamente musealizadas y gozan de una estimación innegable por parte de sus conciudadanos. Por lo tanto, sin desmerecer la gran labor de uno, no dejo de comprender que muchas localidades quieran custodiar sus vestigios patrimoniales. Si encima ello mejora el turismo y la actividad cultural de estas áreas, miel sobre hojuelas.

En este contexto de trasiego artístico, no hemos de obviar el estado lamentable en que se halla el Museo Arqueológico a nivel museográfico, además de que cuenta con un exceso de bienes patrimoniales (los sótanos atestados de restos arqueológicos sin ningún tipo de orden ni concierto y en unas condiciones deplorables). En cualquier caso, doy la enhorabuena a los vecinos de Casariche por recuperar esta seña patromonial y deseo la cuiden dignamente.

En cuanto al Arqueológico, su estado crítico no admite más demora. Creo que las administraciones han de trabajar de manera conjunta para otorgar inminentemente el esplendor que sus fondos e idiosincrasia merecen. Tal vez así, se evitaría este trapicheo arqueológico y todos nos sentiríamos orgullosos de nuestra común historia.