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lunes, 26 de septiembre de 2016

Edificio de Correos y Telégrafos de Sevilla



La apertura de la Avenida de la Constitución como eje que comunicaría el centro histórico con la Exposición Iberoamericana supuso toda una revolución arquitectónica en la Sevilla de principios del siglo XX. No sólo dio alas a la burguesía de la época para que levantara nuevos edificios encargados a los arquitectos regionalistas más afamados (Aníbal González, José Espiau, Talavera y Heredia) sino que grandes empresas e instituciones aprovecharon el momento para construir sus sedes en la nueva avenida. Si Talavera y Heredia se encargó del edificio Telefónica, ya en Plaza Nueva, Joaquín Otamendi y Luis Lozano realizarían el diseño del nuevo edificio de Correos mientras que Antonio Illanes del Río construiría el Banco de España, con fachada a la Plaza de San Francisco. Los tres edificios, muy cercanos entre sí, permiten hacer una radiografía de la arquitectura oficial de la España de las primeras décadas del siglo XX.


En los primeros años del siglo XX se construyen en España diferentes edificios de Correos. Entre 1907 y 1915 se levanta el Palacio de Comunicaciones de Madrid, entre 1915 y 1922 el de Valencia y en 1927 se termina el de Barcelona. El de Sevilla será el más tardío, construyéndose entre 1927 y 1929, y también el más sencillo, si lo comparamos con el despliegue arquitectónico de los edificios citados.



La ubicación del edificio, en un solar cedido por el Ayuntamiento, debió influir bastante en el diseño de Joaquín Otamendi y Luis Lozano. Con apenas un par de alturas, el exterior se articula por medio de grandes pilastras de orden gigante y una fachada principal algo más decorada. El pretil de la azotea se remata con pináculos del mismo modo que Catedral y Archivo de Indias. La misión del nuevo edificio de Correos fue la de pasar lo más desapercibido posible en un entorno muy sensible, eliminando por completo un elemento muy característico de los otros edificios de Correos construidos anteriormente: la torre. Tanto Madrid, como Valencia y Barcelona cuentan con torres en sus edificios de telecomunicaciones, pero el de Sevilla prescinde de este elemento para apostar por la horizontalidad.



El edificio de Correos de Sevilla siempre se ha considerado uno de los pocos ejemplos de arquitectura 'art decó' de la ciudad. Si bien su apariencia a primera vista podría parecer neobarroca, al fijarnos en los detalles se observa cómo la personalidad del edificio va un paso más allá. Al igual que ocurre con el edificio del Banco de España, el Regionalismo brilla por su ausencia precisamente en el momento de mayor esplendor de este movimiento. Esto se explica por el origen de los arquitectos y por ser una obra de carácter estatal, era en Madrid donde se ejecutaba el proyecto y desde allí se decidía quién lo construía. 

Si nos colocamos delante de la fachada de Correos y nos detenemos en la forma en la que se dispusieron los elementos que la componen, veremos que, por ejemplo, las supuestas pilastras que dividen verticalmente el edificio no son más que el hueco que dejan las molduras que enmarcan los vanos de ambas plantas. El juego de los volúmenes, con sus entrantes y salientes, es sumamente interesante y le da un movimiento a la fachada desordenado dentro de un orden general.



La portada principal se abre a la calle con un triple vano de acceso donde se lee la finalidad del edificio 'Correos y Telégrafos' al mismo tiempo que el escudo nacional deja patente quién ha encargado su construcción. El escudo se remata con una concha que rompe la cornisa y origina un curioso remate en el pretil de la azotea, decorado a su vez con pináculos.

Escudo de la ciudad en el vestíbulo del edificio


El vestíbulo del edificio vuelve a sorprender al visitante con su juego de volúmenes. De los tres vanos de la fachada pasamos a cinco puertas de ingreso al edificio con sus correspondientes arcos de medio punto. Un zócalo de mármol rojo y una curiosa decoración pictórica rematada con el escudo de la ciudad siguen reflejando esa influencia 'decó' en el edificio, que también se aprecia en el diseño de las lámparas.



Una vez dentro, el edificio se articula en torno a un gran patio porticado con doble altura y una montera de cristal con el escudo nacional en la cubierta. Las escaleras se ubican, simétricamente a ambos lados y de nuevo se decoran con zócalos de mármol rojo y lámparas y barandillas que podemos adscribir también al movimiento 'decó'.



El patio es, sin lugar a dudas, el elemento más interesante y sorprendente del edificio. El uso de molduras para configurar los paramentos, al igual que en la fachada, nos ofrece un interesante juego de entrantes y salientes que ha quedado remarcado tras la última restauración de este espacio. Tanto en planta inferior como en la superior las columnas toscanas sostienen arcos de medio punto, más peraltados en el caso de la planta inferior. Resulta muy curioso cómo se ha resuelto el problema de las alturas. Para darle mayor espacio a la planta inferior, en la superior el pretil se ha construido en el espacio que dejan las columnas, de esta manera se logra darle mayor verticalidad al espacio sin renunciar a la decoración que impregna todo el patio. Se podría haber optado por barandillas metálicas para la planta superior, al estilo de las que solemos ver en multitud de casas sevillanas, pero el efecto sería completamente diferente. El diseño busca darle una gran robustez al edificio y lo consigue gracias al empleo de paramentos enfoscados.



Como comentaba al principio, Sevilla cuenta con uno de los edificios de Correos más sencillos de cuantos se construyeron en esta época en España, pero el estilo escogido por sus arquitectos y la apuesta por exprimir al máximo las posibilidades del mismo nos han legado un edificio muy interesante que, lamentablemente, pasa bastante desapercibido por tener como vecinos al triángulo Patrimonio Mundial de la Unesco.


4 comentarios:

Sergio Sánchez dijo...

La verdad es que es un edificio interesante. Cuando la asociación 'Velázquez por Sevilla' propuso el traslado del Museo de América a Sevilla, pensé en este edificio. Es grande y está en un lugar privilegiado. Creo que ganaría con un uso museístico.

Por cierto, si el arquitecto de este edificio tuvo sensibilidad a la hora de diseñarlo, el que no la tuvo fue el que hizo el edificio sesentero que hace esquina con la calle Almirantazgo. Es horroroso e indigno para la zona.

Un saludo.

Sergio Harillo dijo...

La verdad es que esa manzana frente a la Catedral es digna de estudio. Está el edificio de Espiau neogótico, pero lo demás no tiene nada que ver con la Avenida de la Constitución. Es curioso que la zona más patrimonial sea la que menos relación guarda con el entorno. Habría que investigar si esa manzana se quedó sin edificar hasta los años 50 o 60, o si hubo una destrucción para construir lo actual como ocurrió con el edificio de la FNAC, solar que estaba formado por tres edificios regionalistas.

¡Saludos!

Sergio Sánchez dijo...

Por fotos que he visto, creo que el tramo entre la calle Almirantazgo y García de Vinuesa no se tocó para la Exposición Iberoamericana (salvo el edificio construido por Espiau), es decir, que se conservaron las casas que había antes de la exposición hasta la destrucción de los años 60 y 70 y que se llevó por delante el Colegio de San Miguel...

Desde luego todos esos edificios, menos el de Espiau, merecen ser derribados..

Por cierto, desde el Google Earth, he visto que justo detrás del edificio neogótico de Espiau hay un patio porticado en dos de sus lados. No parece tener relación con los edificios de alrededor. ¿Podría ser un resto del Colegio de San Miguel? Sería interesante saberlo.

Un saludo.

Sergio Harillo dijo...

Claro, esa parte es lo único que se conserva del Colegio de San Miguel junto con la portada gótica de arco ojival que da a la Avenida y que es anterior a la construcción de la Catedral.

¡Saludos!