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miércoles, 28 de septiembre de 2016

El color en la Sevilla histórica




Pasear por la ciudad puede depararte grandes sorpresas en cualquier rincón. Gracias a las últimas restauraciones que se están llevando a cabo en diferentes iglesias de la ciudad en las que se han recuperado las pinturas murales de sus muros y bóvedas, el color de los edificios históricos es un tema que cada vez me atrae más. Es por eso que descubrir nuevos detalles, por mínimos que sean, en algunos edificios, me resulta de lo más atractivo.


Pinturas en el intradós de dos de las ventanas del ático


En la callejuela Enrique 'el Cojo', un adarve de la céntrica calle Espíritu Santo, nos encontramos este edificio que, por morfología, podría adscribirse al siglo XVIII. Las cubiertas de tejas a dos aguas nos hablan de esa Sevilla previa a las azoteas que se popularizaron en el siglo XIX y sobre todo con el Regionalismo, pero también es característica su planta superior con esa galería de vanos, hoy cegados, pero que en su día sirvieron de buhardilla al edificio. Es precisamente en el intradós de algunos de esos arcos donde aparece la magia del patrimonio. Varios siglos después podemos disfrutar de una mínima parte de la decoración pictórica que pudo haber tenido la casa. Pintada hoy en un oscuro color gris, si dejamos volar la imaginación podemos imaginarnos esa "Sevilla de color" de la que hablaba Lola Robador cuando restauró las fachadas renacentistas de las Casas Consistoriales.

Azulejos del XVIII en la fachada de la casa


Hoy en día es complicado hacernos una idea de cómo debieron ser los edificios de la Sevilla medieval, renacentista e incluso barroca, en parte debido al blanqueamiento del siglo XIX y a la destrucción patrimonial del siglo XX. Durante décadas, una mal entendida "recuperación estilística" buscó la esencia de los edificios picando muros para sacar al exterior el material constructivo, una negligencia que nos ha privado para siempre de los revocos y decoraciones que tuvieron iglesias, conventos, palacios y edificios civiles. Aún así, por suerte, con pequeños fragmentos repartidos aquí y allá, podemos descubrir un aspecto del patrimonio todavía hoy muy desconocido.