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domingo, 1 de noviembre de 2015

La fragilidad del patrimonio funerario

Mausoleo del conde de Pradere, obra de José Espiau
Hace un año saltaba la noticia de que el Ayuntamiento preveía demoler el Mausoleo de Daniel Carballo y Prat, Conde de Pradere, una obra de juventud de José Espiau y Muñoz, autor del Hotel Alfonso XIII. El pequeño edificio de principios del siglo XX es un buen ejemplo del interés que produjo en los arquitectos regionalistas la arquitectura secesionista vienesa, presente también en obras de Aníbal González como la sede de Sevillana en la calle Feria o la fábrica de Enrique Ramírez de la calle Torneo.



Tras morir el conde sin descendencia, el mausoleo quedó en un limbo legal durante décadas, siendo una propiedad privada de la que nadie se ocupaba en un recinto público gestionado por el Ayuntamiento. Con el paso de los años la propiedad pasó al Consistorio, pero el abandono siguió haciendo mella en la pequeña construcción hasta ser declarada como "irrecuperable". Para el Ayuntamiento el único destino posible es demoler el edificio y reutilizar el terreno.




El patrimonio es un bien frágil que requiere de un mantenimiento y un uso para seguir vivo. Existen determinados casos en los que reutilizar un bien patrimonial se antoja muy complicado al existir una serie de condicionantes que impiden la reconversión. Es el caso de un mausoleo funerario, su único fin es servir como alojamiento eterno de unos restos, pero si nadie se ocupa de mantenerlo, poco futuro puede tener un espacio así. ¿Qué opciones tenía el Ayuntamiento? Desde luego se podría haber actuado antes para evitar la ruina, del mismo modo que se exige a los particulares que lo hagan. Tal vez se podría haber sacado a subasta para buscar interesados en ocuparlo (a día de hoy se siguen construyendo mausoleos en el cementerio), pero en este caso estamos hablando de un cementerio con un interés histórico artístico y del mismo modo que se ha restaurado el Cristo de las Mieles, no se debería consentir que determinados mausoleos se arruinen. El problema es que éste de Espiau no es el único. Quizás sea demasiado tarde para él, pero no dejemos que la imagen del cementerio sea aún más triste.

Mausoleo neogótico con el techo hundido

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