Páginas

jueves, 5 de noviembre de 2015

El mosaico Nolla, un lujo al alcance de los privilegiados

Mosaico en la Casa Amatller, Barcelona

Apenas diez años después de su aparición en Inglaterra, el empresario Miguel Nolla Bruixet patentaba en España la fabricación del que posteriormente se conocerá como Mosaico Nolla, un pavimento de lujo que desde 1860 se extenderá por toda Europa gracias a su altísima calidad y sus ricos diseños. Nolla establecerá la fábrica de estas grandes teselas de gres en la localidad valenciana de Meliana y desde allí surtirá de piezas a los principales edificios modernistas de Barcelona y Valencia, pero también a otras ciudades como Madrid, Sevilla e incluso Moscú, donde los mosaicos Nolla decoran una de las estaciones de su palaciego Metro. La repercusión de estos mosaicos fue tal que su uso alcanzó una gran complejidad en las lujosas viviendas del Ensanche barcelonés e incluso en alguna ocasión las teselas dieron el salto a los paramentos para decorar paredes y fachadas.

Mosaico en la Casa Amatller, Barcelona

La calidad de estas teselas, cocidas a temperaturas que alcanzaban los 1.300 grados, permitió una rápida expansión de la empresa, pero el alto coste del traslado y la posterior colocación, hará que ya a finales del siglo XIX tuviera que competir con su principal contrincante, la baldosa hidráulica, mucho más barata de producir, pero también de una resistencia menor. En los años veinte el comercio de mosaicos Nolla comenzará a decaer, aunque la fábrica permanecerá abierta hasta los años setenta. La belleza y calidad de estos pavimentos ha empezado a valorarse hace relativamente poco tiempo y ya son pocos los ejemplos que se pueden encontrar en algunas zonas de España. En Meliana, de donde partían las preciadas teselas, el repertorio se ha visto muy reducido por lo que el Ayuntamiento decidió hace unos años inventariar los pavimentos que quedaban para protegerlos de alguna manera.

Mosaico en la Casa Lleó Morera, Barcelona

Curiosamente en Sevilla fue un tipo de pavimento bastante utilizado durante el Modernismo y el posterior Regionalismo. Como ocurre con otros elementos artísticos conservados, el hecho de que a día de hoy haya mosaicos Nolla en varios edificios sevillanos demuestra que su uso estuvo bastante extendido en la ciudad durante los primeros años del siglo XX aunque la complejidad de los diseños no alcanzara en ningún momento las cotas de Valencia. El coste del material y su compleja colocación (no deja de ser un mosaico en el que hay que encajar las piezas como un gran puzzle) nos habla de la pujanza de la burguesía de la época y de cómo no se escatimó en recursos para decorar salones y habitaciones.

Quizás uno de los ejemplos más antiguos que se conservan sea el pavimento de una de las estancias del edificio que Aníbal González diseñó para Laureano Montoto en la calle Alfonso XII en 1905. Como se sabe, de este edificio existen hasta tres réplicas, dos en la misma calle y una tercera en la cercana calle Almirante Ulloa. Estos edificios son uno de los máximos exponentes del modernismo sevillano y es precisamente en uno de ellos donde podemos encontrar un bellísimo pavimento de mosaicos Nolla. El resto de la casa acoge un completo catálogo de pavimentos hidráulicos (otros suelos han sido modificados) pero ante la existencia de esta sala cabría preguntarse si no existirían otras habitaciones con mosaicos o si en el resto de edificios modernistas de Aníbal González no se emplearían este tipo de suelos.

Mosaico Nolla en la Casa para L. Montoto, Aníbal González (1905)

De principios de siglo es también este otro edificio de la calle Francos, o al menos fue remodelado en esta época utilizando un lujoso mosaico Nolla en el establecimiento comercial de su planta baja. El pavimento está diseñado a modo de alfombra, con un motivo independiente en la entrada que da paso a un ajedrezado en colores azul, blanco y marrón. Rodeando el motivo principal se dispuso una cenefa que recorre toda la estancia. El mosaico se empleó en la zona pública mientras que en la parte interior del comercio se utilizaron baldosas hidráulicas, mucho más económicas. 


Mosaico Nolla en un comercio de la calle Francos


Recientemente restaurada por FAQ Arquitectura, una casa de la calle Córdoba ha deparado otra gran sorpresa en cuanto a pavimentos. A pesar de ser un edificio del siglo XVIII, a finales del siglo XIX o principios del XX se llevaría a cabo una labor de modernización y mejora del edificio, instalándose solerías hidráulicas y un bello mosaico Nolla en la sala donde se conservan los pilares y capiteles del antiguo patio de la mezquita de Ibn Adabbas, reconvertido en claustro de la Colegiata del Divino Salvador.

Mosaico Nolla en una casa de la calle Córdoba. Imagen de Fernando Alda para FAQ Arquitectura

Mosaico Nolla en una casa de la calle Córdoba. Imagen de FAQ Arquitectura

Al calor de la Exposición Iberoamericana surgen otros dos proyectos en los que a día de hoy podemos seguir observando estos bellos mosaicos. El primero es el conocido como América Palace, hotel construido por el arquitecto malagueño Fernando Guerrero Strachan entre 1927-1929. Este edificio cuenta con la particularidad de que fue diseñado para que cuando acabara la muestra se pudiera convertir en viviendas, lo cual ha permitido que los elementos originales del edificio se hayan podido conservar en función del gusto de cada propietario. Así, mientras en algunas casas se conservan bellísimos ejemplos de mosaicos Nolla, en otras han sido arrancados para instalar materiales más modernos.

Mosaico Nolla en una de las viviendas del antiguo América Palace (1927-29)

Mosaico Nolla en una de las viviendas del antiguo América Palace (1927-29)

Mosaico Nolla en una de las viviendas del antiguo América Palace (1927-29). Foto de Ana F.

Mosaico Nolla en una de las viviendas del antiguo América Palace (1927-29). Foto de Ana F.

También a la Exposición Iberoamericana se debe el Pabellón de Perú, diseñado por Manuel Piqueras Cotolí y construido entre 1927 y 1928. En algunos pavimentos del pabellón se utilizaron teselas tipo Nolla que, en la zona del sótano dan forma a figuras antropomorfas de origen prehispánico.

Mosaico Nolla en el Pabellón de Perú (1927-28)
Mosaico Nolla en el Pabellón de Perú (1927-28)
El último edificio en el que nos encontramos un mosaico Nolla se halla en la calle Tomás de Ibarra. Se trata de un bloque de viviendas del último Regonalismo diseñado por José Espiau y Muñoz para Ricardo Luque que alcanza una gran altura pero que sigue manteniendo algunas pinceladas del estilo que tanto desarrollo tuvo en la ciudad en las primeras décadas del siglo XX. En uno de los locales comerciales, ocupado en la actualidad por la Galería Patricia Acal se conserva, en la entreplanta, un mosaico Nolla que a pesar de su sencillez, esconde una gran belleza por los dos motivos vegetales que centran ambos extremos del diseño.

Mosaico Nolla en Galería Patricia Acal (calle Tomás de Ibarra, 15)

Son sólo algunos ejemplos de una técnica que a pesar de su coste, tuvo su desarrollo en nuestra ciudad y no ha sido lo suficientemente valorada. Constantes son las obras y reformas en edificios históricos en las que azulejos, mosaicos, suelos hidráulicos, yeserías o artesonados son eliminados sin más. ¿Merece o no merece la pena contemplar la recuperación y salvaguarda de los interiores de los edificios? ¿Cuántas maravillas nos habremos perdido tras años de obras y reformas? El patrimonio, al igual que estos mosaicos, está formado por infinidad de pequeñas piezas que dan lugar a nuestro pasado y personalidad actual, cuidemos de él para que no se pierda.


>> Muchas gracias a Reyes Abad por ser la inspiradora de este reportaje y por su inestimable ayuda a la hora de realizarlo.

¿Conoces algún otro pavimento de este tipo? Deja un comentario y completemos entre todos el post.

Más información sobre el Mosaico Nolla aquí