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sábado, 1 de agosto de 2015

Interiores de ensueño


Siempre he sido tremendamente cauto a la hora de entrar en los zaguanes de las casas a pesar de ver sus puertas abiertas. Pasaba por la calle y como mucho echaba un rápido vistazo para no interrumpir la vida diaria de los habitantes de éste o aquél edificio. Pero últimamente me he dado cuenta de que hay verdaderas maravillas esperando tras cada puerta y pasar de largo sin detenerte a contemplarlas supone obviar auténticas joyas.



Hoy nos centramos en este bello edificio de la calle Hernando Colón, muy cerca de la Catedral. Se trata de una antigua vivienda particular hoy reconvertida en oficinas "con encanto". Si bien la fachada ya es lo suficientemente atractiva como para detenerte a disfrutar de su armonía, el interior guarda una sorpresa en forma de azulejos que todo aquél amante de la belleza debe al menos pararse a contemplar.


En Sevilla es fácil encontrarte un zaguán decorado con azulejos y una bella reja que da acceso al patio pero hay algunas casas que son realmente un prodigio y en las que merece la pena detenerse a saborearlas. Según podemos ver en la siempre recomendable web de Retablo Cerámico, el conjunto de azulejos está fechado en 1897 y firmado por Manuel Arellano Campos, el célebre ceramista de finales del siglo XIX. Las piezas salieron de la fábrica Viuda de Gómez y recrean un bello arco de triunfo que mezcla motivos renacentistas (tondos con bustos, seres mitológicos, candellieri) con otros claramente barrocos (soporte a modo de estípite con columnas salomónicas). El reducido espacio se cubre con un ¿artesonado? que si bien aparenta ser de madera, bien podría estar realizado con estucos y yesos, como en tantos otros edificios sevillanos en los que por medio de un trampantojo (estoy pensando en el Cine Llorens) se imita un material que en realidad no es tal.



A través de la cancela se observa el bello patio interior del edificio, con nuevos artesonados en las galerías inferiores y más zócalos de azulejos de bella factura. Sin duda todo un ejemplo que muestra el por qué es tan importante conservar los interiores de nuestros edificios históricos, un tema en el que se insiste una y otra vez en el Blog. Si, como ha ocurrido en tantas otras ocasiones, este edificio se hubiera vaciado por dentro conservando únicamente su fachada ¿estaríamos conservando realmente el edificio? ¿No merece la pena valorar cada edificio en conjunto y no sólo como un decorado que "queda bonito" en una determinada calle? 



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