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viernes, 31 de julio de 2015

¿Por qué conservar las estructuras de la Expo en Puerto Triana?

Vista aérea de la Puerta del Guadalquivir y las dos farolas-vela

Estamos tan inmersos en la cultura del usar y tirar que en muchas ocasiones no somos capaces de valorar aquello que tenemos delante porque lo consideramos "viejo" o que ya no cumple su función. Pasa constantemente a la hora de renovar nuestras casas cuando se decide rehacer el baño, la cocina o cambiar todas las puertas de las habitaciones porque estamos cansados de ver siempre lo mismo o directamente se han quedado anticuadas. Esta forma de entender nuestro ámbito más cercano queda perfectamente reflejado en las remodelaciones a gran escala que se llevan a cabo en las ciudades. Cuando se arregla una calle no se piensa en volver a colocar el mismo acerado que había, se opta por otro modelo diferente, aunque el antiguo cumpliese a la perfección su función. Lo mismo ocurre con fuentes, farolas, bancos e incluso árboles, espacio que se remodela, espacio que debe quedar completamente nuevo, como si conservar algo fuese de pobres: "ya que hago nuevo un espacio, invierto lo máximo posible y lo dejo irreconocible".

Puerta del Guadalquivir, el proyecto de Vázquez Consuegra contempla su derribo

Esta obsesión por lo nuevo, por tirar y no conservar, nos ha llevado a perder elementos característicos de nuestra ciudad y puede seguir haciendo desaparecer espacios de gran valor estético e histórico. El reciente anuncio del inicio de las obras en el entorno de Puerto Triana para construir un parque de 40.000 metros cuadrados no sólo ha impedido que los ciudadanos participemos en el diseño de la futura zona verde sino que ha dado por finiquitados algunos elementos de gran transcendencia para la ciudad como son la Puerta del Guadalquivir y las farolas con forma de vela que decoran este espacio desde la Exposición Universal. Están viejos, ya no sirven, hay que tirarlos y poner nuevos. En ningún momento se ha planteado algo mucho más práctico y económico: conservar estos elementos, recuperarlos e integrarlos en el nuevo diseño. Eso implicaría un mínimo de sensibilidad hacia unos elementos que han pervivido sin ningún tipo de mantenimiento durante los últimos 23 años.

Estado actual de la Puerta del Guadalquivir

Pero, ¿por qué hay que conservar un par de farolas y una estructura que no lleva a ninguna parte? La respuesta es sencilla, forma parte de nuestra historia, de uno de los acontecimientos más importantes celebrados en la ciudad y, además, la Puerta del Guadalquivir da la casualidad que es la única que se conserva de todas las que dieron acceso a la Expo. Es por tanto un elemento emblemático, un testigo de un hecho histórico. Nada más que por eso ya merece la pena conservar esta puerta, pero es que además se da la circunstancia de que estéticamente es sumamente moderna (seguramente más moderna que la nueva pérgola diseñada), bella y puede cumplir una labor al ofrecer sombra y un graderío hacia el río. Lo mismo ocurre con las dos farolas vela, elementos que además, están inventariados por Urbanismo por su aportación estética y simbólica. Estas farolas no existen en ninguna otra parte del mundo, son únicas y se crearon exclusivamente para Sevilla. Algo que no se puede decir de las omnipresentes farolas fernandinas.



El derribo de estos elementos demuestra un absoluto desinterés hacia el patrimonio heredado. No hubiera costado nada mantenarlos y que formaran parte del nuevo diseño, pero quizás a alguien le moleste tener que conservar algo que no ha diseñado él, quizás incluso se esté buscando darle mayor realce al Pabellón de la Navegación desde el nuevo parque. El Ayuntamiento ya ha anunciado que estudiará la propuesta de la Asociación Legado Expo de indultar estos elementos, sinceramente, dudo muchísimo que se haga cambiar de opinión al arquitecto, aunque ojalá impere la cordura y no perdamos para siempre un pedacito de aquel sueño que fue la Exposición Universal de 1992.

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