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miércoles, 22 de julio de 2015

El Muelle de las Delicias, un ejemplo de antiurbanismo

Entrada al cine OpenStars, que parte el Muelle en dos zonas incomunicadas

El Muelle de las Delicias se está convirtiendo, con cada nuevo elemento que le colocan, en uno de los lugares más inhóspitos de la ciudad. Da la impresión de que ante un proyecto que no está funcionando y que sigue resultando incómodo para los ciudadanos, se añaden uno tras otro diferentes 'atractivos' con el objetivo de atraer al público. El problema es que lo que se consigue es totalmente lo contrario.


Vallas para impedir la visión del cine desde el paseo superior

Desde que se llevó a cabo la intervención de recuperación del Muelle de las Delicias el proyecto pecó de poco ambicioso, no por el presupuesto (se invirtieron seis millones de euros en la remodelación) sino por la absoluta falta de tacto a la hora de crear un espacio para el disfrute de la ciudadanía. El resultado ha sido un paseo salpicado de elementos inconexos y con una vegetación que lucha por sobrevivir sin mantenimiento alguno. Pasear por esta zona es incómodo y el problema no está en los atractivos instalados, sino en la falta de un diseño general. Sólo hay que darse un paseo por la ampliación del Parque de San Jerónimo a cualquier hora del día para ver cómo la ciudadanía ha hecho suyo este espacio sin apenas reclamos (por no tener, no tiene ni farolas). Mientras que en San Jerónimo, sin un solo bar, hay gente paseando, corriendo, en bicicleta, sentados en el césped... en el Muelle de las Delicias no hay nadie nunca. Se inauguraron los dos restaurantes, la terminal de cruceros, el mercadillo, el Acuario, la noria y por último el cine con la pantalla más grande de Europa. Muchos reclamos y poca gente disfrutando de ellos, ¿por qué? Pues porque el espacio es desagradable y sólo hay que ir un domingo para comprobarlo.

Pasillo peatonal tras la maquinaria del cine de verano

Jardines del Acuario sin el más mínimo diseño

Los intentos por suavizar la imagen del Muelle no han hecho más que añadir nuevas losas estéticas que poco aportan. El problema ha llegado a tal punto que lo mejor sería que el Puerto se tomara en serio la estética de esta zona y contratara a un arquitecto paisajista para que busque alguna solución. Que el Muelle de las Delicias sigue siendo un espacio privado es más que evidente, pero no por ello hay que llenarlo de elementos, cada uno con su valla y saturando una zona que ya no da más de sí.


Acceso principal al Acuario

Conforme avanzamos hacia la nueva atracción del Muelle, la Noria, nos encontramos con imágenes dantescas, como la entrada principal del Acuario, que más recuerda a un polígono industrial decadente que a una instalación científica y cultural de primer nivel. Sería interesante que los responsables del Muelle se dieran un paseo por los alrededores del Aquarium de Barcelona o por el Palmeral de las Sorpresas de Málaga, ambos buenos ejemplos de cómo recuperar un espacio industrial para el ocio.



La falta de un criterio unificado hace que cada elemento aterrice en el muelle como si de un ovni se tratase, sin tener en cuenta el entorno y contribuyendo a empeorar la imagen del conjunto. Las instalaciones anexas a la noria tienen un cierto atractivo, pero incluso el suelo se ha cambiado para diferenciarlo del resto del paseo, creando un oasis en mitad de una zona bastante degradada.

Zonas verdes abandonadas

Grúa del XIX oculta tras las instalaciones de la noria

¿Alguien ha pensado en la imagen que se llevará un visitante cuando para llegar a la noria tenga que atravesar todo el Muelle en su estado actual? Incluso el principal elemento de valor del muelle, la grúa del siglo XIX, ha quedado relegado a la parte trasera como si fuese un trasto viejo. ¿Y qué decir de la casetilla de la electricidad?


Lo hemos denunciado una y otra vez, pero se siguen cometiendo los mismos errores. Si realmente se quiere hacer del Muelle de las Delicias un espacio de uso ciudadano, el camino que se está siguiendo no es el adecuado. Para que la ciudadanía ocupe y disfrute de un espacio, éste debe ser atractivo, y esto no se consigue poniendo bares de copas, por mucho que sea en lo único que algunos piensan, sino en hacer un buen diseño. El ejemplo está claro, el Parque de San Jerónimo, simple, verde y funciona.


2 comentarios:

Isaac Chalmain dijo...

A estas alturas creo que deberíamos también replantearnos el nombre porque, en modo alguno, este paraje evoca delicias de clase o condición. ¡Qué pena que los responsables de estas actuaciones pongan tampoco entusiasmo y sensibilidad en proyectos de esta envergadura! ¡Viva la peineta de plástico y las castañuelas de cartón! Siempre nos quedarán los viejos tipismos... ¡Y que nos quiten lo "bailao"!

Dani Galo dijo...

Totalmente de acuerdo con el artículo.
Lo mejor viene ahora con el destrozo y el mamotreto horrible que van a hacer en un espacio más importante si cabe que este, el Paseo Marqués de Contadero. Esperemonos para lo peor.