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jueves, 25 de junio de 2015

Malagueando: Intervenciones urbanas


El Palmeral de las Sorpresas de Málaga se inauguraba en marzo de 2011 tras una inversión de 30 millones de euros para recuperar un muelle industrial y abrirlo a la ciudad. El resultado es una sinuosa estructura de hormigón diseñada por Jerónimo Junquera y un fantástico espacio ciudadano que sirve de transición entre el puerto y la ciudad al mismo tiempo que ofrece un privilegiado punto de atraque para los buques y embarcaciones que llegan a Málaga. 




El antiguo Muelle 2 se ha transformado en un agradable paseo con zonas ajardinadas, espacios terciarios, dos instalaciones culturales y una terminal de cruceros. El resultado no sólo aporta un bello nuevo frente marítimo a esta zona de Málaga sino que se ha convertido en un espacio de gran trasiego para malagueños y foráneos



Al margen de los buenos acabados, el atractivo diseño y la cercanía al centro histórico, es realmente destacable la ordenación de cada una de las zonas que componen el Palmeral. Existen dos quioscos-restaurante con sus respectivas zonas de terraza, pero completamente acotadas y sin invadir en ningún momento el espacio peatonal o los jardines aledaños. Buscando información por internet sobre el Palmeral, aparecen comentarios y opiniones que ponen en cuestión el apropiamiento de zonas libres por parte de los quioscos, pero mientras recorría este magnífico espacio no podía dejar de pensar en nuestro Muelle de las Delicias o el de Nueva York. Paseando por el Palmeral de las Sorpresas y viendo la calidad de la intervención te haces una idea de por qué el Muelle de las Delicias sevillano no termina de arrancar como espacio ciudadano: la calidad de la intervención no tiene ni punto de comparación, en el caso sevillano la limpieza y el mantenimiento brillan por su ausencia y no hay un criterio estético a la hora de instalar nuevos elementos, el resultado es tan desastroso que el ciudadano opta por no ir, por mucho atractivo que se instale (restaurantes, Acuario, noria...).



El Palmeral de las Sorpresas acoge dos instalaciones culturales, el Espacio Iniciarte y el 'Museo Alborania. Aula del Mar', equipamientos que sirven de ágape ante el gran atractivo cultural de la zona, el Centro Pompidou, con su cubo decorado por el artista francés Daniel Buren. El museo sirve de nexo de unión entre los dos antiguos muelles de la ciudad, el reconvertido en Palmeral de las Sorpresas y el que ha mantenido su antiguo nombre, el Muelle 1, reorientado hacia la actividad comercial y gastronómica.



El Muelle 1 se compone de dos espacios completamente diferentes, en la zona inferior se ubican una zona de tiendas más cerca del Pompidou y al otro lado los restaurantes, creando un paseo con toldos que llega hasta La Farola y la Malagueta. De nuevo el diseño y las terminaciones son dignas de mención, por no hablar del orden en las terrazas y veladores. La comparación con el Muelle de Nueva York sevillano es evidente, si bien en nuestra ciudad el paseo se ha vuelto intransitable por la invasión de mesas y veladores que han convertido lo que era un agradable paseo en una zona de copas por donde es imposible pasar a determinadas horas del día. 



El Muelle 1 gira en torno a una antigua capilla del siglo XVIII cuyo emplazamiento no es el original, ya que fue trasladada a este punto hace varias décadas piedra a piedra. La zona superior del paseo es un espacio ajardinado muy atractivo, con terraza hacia el puerto y zonas verdes en la parte que da a las viviendas. El hecho de que esté completamente hueco (debajo están las tiendas y restaurantes) impide la colocación de árboles, echándose en falta la necesaria sombra, pero aún así el cambio dado por esta zona es abismal. De un espacio industrial vedado a la ciudadanía se ha pasado a un paseo ajardinado que comunica el centro de la ciudad con la playa, aportando una nueva fachada marítima y suavizando las formas desarrollistas de los edificios de la zona.


La intervención llevada a cabo en los muelles 1 y 2 de Málaga no podría calificarse como 'zona verde' precisamente, siendo más bien un paseo ajardinado, pero la apuesta por la creación de un espacio público y ciudadano ha sido todo un acierto. El nivel de los acabados, el buen diseño y el intenso uso ciudadano son un ejemplo de las cosas bien hechas, cuando algo se hace bien, la ciudadanía responde y lo hace suyo. Por el contrario, cuando se lleva a cabo una intervención para salir del paso, la inversión no se rentabiliza al convertirse en espacios residuales que no generan un atractivo suficiente como para atraer a la gente. Personalmente, considero que esta zona de Málaga se ha convertido, gracias a un buen proyecto, en todo un reclamo tanto ciudadano como turístico, algo que no se puede decir de nuestro Muelle de las Delicias, donde ante el nulo uso ciudadano, la Autoridad Portuaria no hace más que dar cabida a más y más elementos para ver si alguno funciona. El problema del Muelle de las Delicias no es de usos, sino estético y mientras no se solucione esa imagen de abandono y dejadez, la gente no lo utilizará. En Málaga tenemos un buen ejemplo de intervenciones urbanas, aprendamos de nuestros vecinos.


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