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sábado, 2 de mayo de 2015

Remontes en altura en el Centro histórico

Edificio en calle Antonia Díaz

El aumento de alturas en edificios del Centro Histórico es un tema bastante delicado y peliagudo. Existen varias normativas que regulan los remontes en altura dependiendo de la zona, tipo de edificio, grado de protección... pero por regla general suele estar prohibido añadir nuevos niveles a edificios ubicados en el centro histórico no sólo para evitar la desfiguración de los mismos, sino para controlar la altura del caserío de forma genérica, evitando que unos edificios destaquen por encima de otros rompiendo con la línea aérea. A pesar de esta normativa general, existen múltiples excepciones dependiendo de diferentes factores. Un par de ejemplos; si en una calle todos los edificios tienen tres alturas y existe un edificio sin protección alguna de una sola planta, se suele permitir elevar su altura hasta la línea de cornisas de los edificios contiguos, o incluso derribarlo para hacer uno nuevo con la misma altura que el resto de la calle. Otro ejemplo, si el edificio tiene un grado de protección bajo y en la calle existen edificios de mayor altura, se suele permitir recrecer el edificio siempre y cuando no se haga en la primera crujía (la fachada) sino hacia atrás. En este segundo caso se busca la integración del añadido evitando que se vea desde la calle, aunque en ocasiones el remonte es demasiado evidente en cuanto te alejas unos metros de la fachada (incluso desde la acera de enfrente).


Edificio en calle Cabo Noval, el remonte en altura es imperceptible desde la calle 
Aún así, cada proyecto realizado en zona protegida debe pasar varios dictámenes tanto de la Comisión Provincial de Patrimonio como de la propia Gerencia de Urbanismo. Ambas entidades deben dar su visto bueno y, lo más importante, hacer un seguimiento de las obras para evitar intervenciones que se alejen de lo aprobado. Lamentablemente, ya sea por falta de interés o de medios, el control de las obras es tan relajado que no es difícil ver intervenciones en cualquier calle del centro de la ciudad que no cumplen la normativa. En un simple paseo nos encontraremos con diferentes maneras de solucionar el tema de ganarle metros cuadrados a un edificio. La primera imagen que ilustra el post está tomada en la calle Antonia Díaz, en pleno barrio del Arenal, frente a la Plaza de Toros. El añadido es evidente; se ha respetado la fachada pero el nuevo nivel rompe por completo la estética del edificio. Se ha seguido la línea de vanos pero el resultado es tan poco decoroso que destruye por completo la armonía del edificio. 

Edificio en calle Cabo Noval, el remonte en altura aparece desde cierta distancia

En otros casos, los remontes en altura se hacen en la segunda crujía, por lo que a pie de calle no se ven, pero sí a cierta distancia. Es el caso del edificio de la calle Cabo Noval, un bello ejemplo de caserío de entre siglos (del XIX al XX) al que se le ha añadido un cuarto nivel con un material completamente diferente para que se vea que es nuevo, pero sin sobresalir mucho. Algo similar se hizo hace unos años en este otro edificio de Antonio Gómez Millán de 1913 ubicado en la calle Recaredo. El procedimiento es el mismo, se ha respetado la fachada original pero añadiéndole dos nuevos volúmenes alejándose hacia el fondo del edificio conforme se crecía en altura. De este modo desde la misma acera no se observan los añadidos pero sí se distorsiona el concepto estético del edificio al verlo desde la acera contraria. A diferencia del ejemplo anterior, se han coloreado los muros del mismo tono que el resto de la fachada para pasar algo más desapercibido. Este procedimiento es el que se suele emplear en muchos edificios a los que se le han añadido volúmenes en altura.

Edificio en calle Recaredo

Muy polémica fue la actuación que el Partido Socialista acometió en su sede de la calle Luis Montoto en 2008. Este edificio modernista es obra de 1906 del arquitecto Simón Barris y Bes, que lo diseñó como vivienda particular. Con apenas dos plantas de altura, Barris añadió el cuerpo lateral en vertical para darle un mayor movimiento y dinamismo a la fachada. Con el añadido (que dobla en altura el propio edificio) se destruye el sentido original de la fachada y se rompe por completo el diseño del arquitecto. Ante este tipo de actuaciones cabe preguntarse si realmente el edificio escogido era el más idóneo para el fin planteado. Si hacen falta una serie de metros cuadrados, ¿por qué no se busca un edificio mayor en lugar de malograr uno existente? 

Edificio en calle Luis Montoto, aún en obras (2008)

Por último llegamos a una interesante actuación llevada a cabo en la calle Correduría. Se trata de un edificio que se encontraba prácticamente en ruinas, sin una protección particular al carecer de elementos de interés histórico artístico y que tenía una sola planta. En la reforma se recreció el edificio un nivel más para alinear su fachada con las contiguas pero el resultado estético es muy interesante. Se ha conservado la cornisa original del edificio que nos ayuda a comprender dónde acababa, se han mantenido el mismo número de huecos y se ha colocado una barandilla contemporánea para que no nos quepa duda alguna de cuándo se ha llevado a cabo la ampliación en altura. Como colofón se han añadido una serie de esculturas que contribuyen a diferenciar el edificio del resto del caserío. El resultado es sumamente interesante por cuanto no se han copiado elementos artísticos, el añadido pasa lo suficientemente desapercibido en la calle y además se ha dotado al edificio de un nuevo lenguaje estético que lo resalta.

Edificio en calle Correduría

Cinco ejemplos completamente diferentes de actuaciones en nuestro casco histórico. Todos estos edificios han debido pasar por los mismos cauces y en todos ellos los técnicos han debido vigilar el progreso de las obras. ¿Por qué en unos casos el daño es tan evidente mientras que en otros se ha logrado una mayor sintonía con el entorno? ¿De qué depende que haya un mayor o menor respeto hacia el Patrimonio? 

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