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martes, 28 de abril de 2015

El Monumento público en Sevilla (V): los fastos del 92

Monumento a los vendedores de Prensa, Luis Pelli Caffarena, 1990

Es innegable que Sevilla tuvo, durante el siglo XX dos grandes períodos de prosperidad y transformación, la Exposición Iberoamericana de 1929 que sacó a la ciudad del siglo XIX y la Exposición Universal de 1992 que la introdujo en el siglo XXI con unos años de adelanto. Ambas celebraciones han sido momentos propicios a la erección de monumentos públicos y en ambos casos gran parte de las piezas se conservan en los recintos donde se celebraron. Si la Exposición Iberoamericana supuso el cierre de una corriente artística iniciada en Europa a mediados del siglo XIX, la del 92 rompió radicalmente con la estatuaria anterior para incorporar un nuevo arte público basado en la obra de arte como tal. La revolución artística del 92 apenas tendrá continuidad en una ciudad que regresará al monumento público clásico (figura sobre pedestal) a la menor oportunidad, quizás porque la mayoría de las piezas levantadas para el 92 fueron importadas (las realizaron artistas ajenos a la ciudad) o directamente porque la ciudadanía no termina de entender una obra de arte como monumento público.


La década de los 90 comienza con el Monumento a los vendedores de Prensa de la calle Torneo, que recoge a la perfección el legado de los monumentos levantados en los años setenta y ochenta que veíamos en el anterior reportaje. Es una obra del escultor cordobés Luis Pelli Caffarena, realizada entre 1989 y 1990. Si hiciéramos un paréntesis entre esta obra y las que hacemos hoy en día obviando las de la Expo del 92, comprobaríamos la burbuja artística que supuso la celebración de la Muestra Universal.

'Mozart' de Rolando Campos, 1991
El monumento a Mozart que realizó Rolando Campos en 1991 para el Paseo Colón con ocasión del II Centenario de la muerte del genial compositor da un paso más en la búsqueda de un nuevo estilo estético monumental. La escultura sigue la línea del monumento público tradicional con una figura reconocible sobre un pedestal, pero introduciendo pinceladas contemporáneas como el uso de acero corten en la base o la propia concepción de la figura que utiliza el vacío como forma de crear volúmenes siguiendo la estela de otros artistas como Julio González, Henry Moore o Antonio Cano. Los ataques vandálicos motivaron que se trasladara, tras su restauración, al lugar que ocupa hoy, junto al Teatro de la Maestranza

Monumento a la Tolerancia, Eduardo Chillida, 1992

Uno de los monumentos más interesantes y de mayor calidad de cuantos decoran nuestras calles es el dedicado a la Tolerancia, realizado por Eduardo Chillida para el Muelle de la Sal. Nos encontramos ante un monumento radicalmente distinto a todo lo que se había hecho antes en Sevilla. Chillida no elige una figura humana para ensalzar una virtud de la que a menudo el ser humano carece, sino que opta por una figura irreconocible, que se puede transitar y sentir. Chillida coloca su escultura en un lugar estratégico, junto al río, a escasos metros del monumento a Bartolomé de las Casas, gran protector de los indígenas americanos y dándole la espalda al emplazamiento del Castillo de San Jorge, donde había tenido su sede la Inquisición. La escultura parece abrirse en un abrazo eterno que ofrece paz y consuelo. Como muchas otras esculturas públicas, el estado de degradación al que llegó motivó que el propio Chillida solicitase su destrucción ante el desprecio que la ciudad tenía hacia su obra. Afortunadamente el Monumento a la Tolerancia sigue entre nosotros recordándonos que a pesar de todo, la humanidad, la tolerancia y el respeto son la única manera de que podamos avanzar como especie.

'Hércules con leones y columnas', José López-García Seguiri

El recinto de la Exposición Universal se llenó (literalmente) de obras de arte. Muchas de ellas tuvieron un carácter temporal al haber sido traídas expresamente para los seis meses que duró la Muestra. Algunas se quedaron, otras se destruyeron y una de ellas cambió de emplazamiento. Se trata de la obra 'Hércules con leones y columnas' que durante años estuvo delante del Pabellón andaluz de la Expo y que finalmente acabó en los Jardines del Parlamento. Se trata de una obra del malagueño José López-García Seguiri que reinterpreta en lenguaje contemporáneo el escudo de la Comunidad Autónoma.

'Doña Elvira', Miguel Berrocal

Otras piezas siguen en el lugar para el que fueron diseñadas, unas con mejor suerte que otras. De malagueño a malagueño, Miguel Berrocal también participó en la decoración del recinto con su obra Doña Elvira, ubicada delante del Auditorio y que hoy en día sirve de decoración a las discotecas de verano que se instalan en la zona. De su dejadez podríamos hablar largo y tendido, pero para ello habría que analizar la situación del Auditorio y necesitaríamos un post entero. Ojalá llegue el día en que esta zona de la Cartuja se recupere y la escultura de Berrocal luzca como lo que es, una magnífica obra de arte.

'Verbo America', Roberto Matta

El tema de la dejadez pesa como una losa en el recinto de la Cartuja. A pesar de los esfuerzos del Parque Tecnológico por hacer de la Cartuja un emblema de la ciudad, la discutible gestión del Ayuntamiento y la Junta de Andalucía impiden que el duodécimo barrio de la ciudad muestre su mejor aspecto. Sobre la Puerta de la Cartuja ya hemos hablado largo y tendido en el Blog. Lo peor de todo es que en este lugar se encuentra el maravilloso mural 'Verbo America' del artista chileno Roberto Matta, restaurado en 2011 tras años de abandono y absurdos atentados (ese carril bici...). Desde Cultura de Sevilla siempre hemos abogado por un traslado que salve la pieza, pero parece que está condenada a sufrir la desidia y la ignorancia.

'Europa en el Corazón', Ludmilla Tcherina, 1992

Si Eduardo Chillida nos daba una lección de Tolerancia en su monumento del Muelle de la Sal, Ludmilla Tcherina hacía lo propio con su bella 'Europa en el Corazón', pieza colocada frente al que fuera Pabellón de la Comunidad Europea y que nos invita a todos los europeos a vivir en armonía. La obra fue restaurada hace unos años pero lamentablemente el material con el que está realizada, poliéster, resiste muy mal al aire libre y ya vuelve a presentar evidentes síntomas de deterioro. 

Sin Título, Barbara Weil, 1992

En la actualidad el recinto de la Cartuja cuenta con dos espacios donde se concentran un buen número de piezas contemporáneas. El primero es la explanada del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, donde se han instalado diferentes piezas que en su día estuvieron repartidas por el recinto. Entre ellas destacan la de Barbara Weil que estuvo en el Pabellón de Estados Unidos y un conjunto de esculturas que formaron parte del proyecto 'Doce Países' en el que doce artistas de los estados que formaban en aquél momento la Comunidad Europea realizaron piezas para sus respectivos pabellones. Algunas de estas esculturas regresaron a sus países de origen, otras se quedaron y actualmente están en esta pradera anexa al Monasterio.

'Mil veces dócil', Antonio Abad. España, 1992

Piezas de Luk van Soom (Bélgica), Bertrand Ney (Luxemburgo), Nunzio (Italia), Rui Chafes (Portugal), Antoni Abad (España), Brigitte Sshwack (Alemania) y Maurice MacDonagh (Irlanda) convierten este espacio de la Cartuja en un auténtico museo al aire libre. De nuevo hay que lamentar el estado de conservación de algunas de ellas, como la representante española, muy deteriorada por el paso del tiempo y los ataques vandálicos.

Sin Título, Brigitte Schwack. Alemania, 1992

Los Jardines del Guadalquivir también conservan varias obras que formaron parte del proyecto 'Arte actual en Espacios Públicos' puesto en marcha por el Comité de la Muestra para dotar al recinto de piezas de grandes artistas internacionales. El desconocimiento, la desidia y la ignorancia mantienen estas piezas completamente abandonadas a su suerte sin poner en valor obras de arte de artistas muy significativos como Eva Lootz, Perl Kirkeby, Ettore Spalletti o Matt Mullican. La restauración de muchas de estas obras es una tarea urgente que debe acometer el Ayuntamiento sin esperar ni un minuto más para evitar que desaparezcan como ya ha ocurrido con 'El plato azul' de Ilya Kabakov.

'No8Do' de Eva Lootz, 1992

Sin Título. Perl Kirkeby, 1992
'Fuente de pájaros', Ettore Spalletti, 1992

El cierre durante años de los Jardines del Guadalquivir nos ha privado de la pieza 'Hombre con Camisa Blanca y Pantalón Negro' de Stephan Balkenhol, que estuvo en el Jardín del Reposo y la Lectura y de la que hoy sólo se conserva el pedestal de madera. La pieza, también de madera, fue serrada y robada en algún momento indeterminado de los años noventa sin que nadie notara su desaparición.

Pedestal de la obra de Stephan Balkenhol, robada en los años 90
Si deleznable es que una obra de arte pública sea robada sin que nadie se dé cuenta, no menos censurable es que se destruya para favorecer la construcción de un Parque Temático. 'Edificio para un vacío' se encontraba junto al Lago de España durante la Expo del 92 y en 1993 fue destruida para dar paso a Isla Mágica. La destrucción de cualquier obra de arte es siempre algo terrible, pero en este caso estamos hablando de una pieza de Anish Kapoor, uno de los artistas más importantes a nivel internacional. Sus piezas se venden por millones de euros y en Sevilla destruimos una pieza suya por pura especulación ya que la obra se podría haber mantenido dentro de Isla Mágica sin problemas, pero de nuevo el desconocimiento actuó como mal consejero.

'Edificio para un vacío', Anish Kapoor. Destruido para la construcción de Isla Mágica

Y para demostrar que en Sevilla no tropezamos dos veces con la misma piedra, sino siete u ocho, el último atentado contra el patrimonio público fue el desmontaje de la fuente 'Media esfera azul y verde' de Jesús Soto, que estorbaba para la construcción de la Torre Pelli y fue desmantelada por la Sociedad Puerto Triana y enviada a la familia del artista. Para hacernos una idea, es como si cogiéramos el monumento a la Inmaculada de la Plaza del Triunfo, lo empaquetáramos y lo mandáramos a Marchena, lugar de nacimiento de Coullaut Valera. Por supuesto, nadie movió un dedo ante este atropello patrimonial del mismo modo que nadie hizo nada por evitar la destrucción de la obra de Anish Kapoor. Por fortuna sí conservamos otra pieza desmontada y trasladada, la fuente 'La trampa de la Memoria' de Federica Marangoni, pieza regalada por la ciudad de Venecia y que estuvo en la avenida de Torneo hasta su traslado al Arboreto del Carambolo donde sigue a día de hoy.

'Media esfera azul y verde', Jesús Soto. Desmontada y enviada a París por Puerto Triana

No todas las piezas que llegaron a la ciudad con motivo de la Expo apostaron por lo contemporáneo. Es el caso del monumento al General San Martín, pieza realizada por el escultor argentino Juan Carlos Ferraro y regalada a la ciudad por Argentina. Esta obra, emblema de lo que conocemos como monumento público (retrato en bronce de un personaje histórico sobre alto pedestal pétreo) sirve a la perfección para reflexionar sobre la necesidad de nombrar una comisión u organismo que valore la idoneidad de las esculturas que se colocan en la vía pública. ¿Tiene sentido que en las calles sevillanas exista un monumento a un militar que combatió contra España por la Independencia de Argentina, Chile y Perú? Sin desmerecer la figura de un personaje histórico fundamental en la liberación de estos países, ¿no hubiera sido más bello realizar una escultura que representara el hermanamiento entre España y las naciones americanas? Con esta escultura se cierra el círculo en el mismo lugar donde empezó, a partir de 1992 el monumento público sevillano seguirá, salvo excepciones contadas, esta línea estética, ajeno a lo ocurrido durante los seis meses que duró la Muestra.


Como colofón de este reportaje no podemos olvidarnos de otro de los damnificados de la Expo del 92, el conocido como 'Huevo de Colón', cuyo nombre oficial es 'El Nacimiento de un nuevo hombre', pieza monumental regalada por Rusia y realizada por Tseretelli Zurab Konstantinovich. Las dificultades aparecidas en el traslado de las piezas y su posterior montaje retrasaron su inauguración hasta 1995. Su ubicación y los materiales con que está realizado este monumento de 40 metros de altura y 23 de diámetro han sido su particular condena al haber padecido constantes robos que han afectado a su estructura de bronce y a diferentes elementos desaparecidos como la carabela que surcaba la fuente inferior. Este colosal monumento es un ejemplo de lo que debería ser el arte público actual, un elemento diferenciador del paisaje que no tiene por qué circunscribirse a entornos patrimoniales, sino que está al servicio de la ciudadanía, decorando y mejorando el punto de la ciudad donde se encuentre, ya sea un parque o una plaza. Lamentablemente su relativo aislamiento y el desinterés municipal han hecho que presente un estado de conservación deplorable, con láminas de bronce arrancadas y mallas protectoras en su base.

'El nacimiento de un nuevo hombre', Tseretelli Zurab, 1995

La Exposición Universal de 1992 supuso un cambio radical de la ciudad que se convirtió en la metrópolis que es hoy gracias a este acontecimiento. Quizás por la ubicación del recinto, más allá del río y por la rapidez de su celebración, la Expo no terminó de derribar todas las barreras que podría haber derribado. Una de ellas se encuentra en el terreno artístico donde los fastos del 92 pasaron sin dejar apenas huella. Los monumentos públicos erigidos para la Exposición Universal forman parte de nuestro patrimonio, pero los sevillanos apenas se sienten identificados con ellos y por eso no han creado escuela. Una vez acabada la Expo, la ciudad volvió a levantar los mismos monumentos que se estaban haciendo en los años setenta y ochenta, sin atender a las corrientes artísticas actuales. Y en eso estamos, veinte años después.

2 comentarios:

nini desempleado dijo...

Grandes posts estos de los monumentos públicos, sí señor, enhorabuena. Deberían de salir a modo de entregas en la sección de cultura de los periódicos sevillanos.

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias por tu comentario, nini.

En cuanto a lo de salir publicados en algún periódico, no sería la primera vez que en algún periódico local me copian artículos. Desde luego yo estaría encantado de poder publicarlos, pero firmados por mí, claro.

¡Un saludo!