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domingo, 4 de enero de 2015

Santa Catalina tendrá un nuevo aspecto en sus fachadas

Pruebas de revoques en la fachada de Santa Catalina

Las obras en la iglesia de Santa Catalina tomaron un nuevo impulso a finales de año con la firma del convenido de colaboración entre el Arzobispado y el Ayuntamiento, que se ha comprometido a aportar 1,5 millones de euros, la mitad del presupuesto necesario para volver a abrir una de las joyas de la arquitectura hispalense. Las obras se centran en la actualidad en el estudio arqueológico del edificio, unos trabajos que han dado con los restos de un templo anterior, de menores proporciones, que fue derribado tras el terremoto de mediados del XIV para construir el actual. También han aparecido otros detalles interesantes, como el arranque de la fachada primitiva de la iglesia (la actual perteneció a la iglesia de Santa Lucía y fue trasladada en los años veinte del siglo pasado por Juan Talavera y Heredia) o restos del revoque original que cubrió los muros exteriores del templo. Gracias a estos estudios de paramentos se pretende recuperar, allí donde sea posible, el aspecto original del edificio, es decir, que las fachadas no se quedarán en ladrillo visto.


Iglesia de San Esteban

En Cultura de Sevilla ya hemos analizado en alguna ocasión la problemática que supone dejar los paramentos de algunos edificios históricos en ladrillo, un material que nunca estuvo a la vista y que se cubría con revoques, morteros y vivos colores que aportaban lujo y opulencia a templos y palacios. Precisamente entre las pruebas que se están realizando para la fachada de Santa Catalina destaca una muy similar a la que podemos ver en algunas partes de la cabecera de la iglesia de San Esteban, del mismo período histórico. En la cabecera del templo de la calle Águilas-San Esteban nos encontramos restos de esa policromía original que imitaba el despiece de sillares en los contrafuertes y que simulaba bandas horizontales en los paramentos, dos formas de cubrir los muros de épocas distintas. San Esteban es un buen ejemplo de conservación de la estética primitiva de los templos mudéjares sevillanos, quedando sus fachadas cubiertas con mortero tras la restauración, al contrario que otros edificios como San Marcos, Santa Marina o el Palacio de los Marqueses de La Algaba.

Restos de policromía en la cabecera de San Esteban


En el monasterio de Santa María de las Cuevas, en la Cartuja, tenemos otro ejemplo de cómo el color y los morteros contribuían a realzar la arquitectura de edificios religiosos y civiles. En la fachada principal de la iglesia del monasterio, ya del siglo XV, se conserva parte de esa decoración que cubría los muros, incluso cuando éstos eran de piedra. El material empleado para la construcción de edificios, ya fuese piedra o ladrillo, era únicamente la base sobre la que se aplicaba el color, auténtico protagonista del arte medieval al igual que lo había sido en épocas anteriores. No podemos olvidar que los templos griegos, al igual que sus esculturas, estaban rícamente policromados con llamativos colores a pesar de estar hechos con el mejor mármol. Hoy en día nadie concibe el Partenón de Atenas pintado de azul, rojo o amarillo, pero si se conservaran esos colores ¿tendría sentido eliminarlos para dejar el mármol blanco? ¿No supondría una alteración de su valor histórico y artístico? Lo mismo ocurre con nuestras iglesias mudéjares. Sin duda la actuación en Santa Catalina podría marcar un antes y un después en el tratamiento de los muros de las iglesias sevillanas.

Fachada principal de la iglesia del Monasterio de Santa María de las Cuevas

2 comentarios:

Victor González dijo...

Veremos a ver el resultado puesto que, como dices, puede marcar un punto de inflexión tanto para bien como para mal. He de reconocer que a mi el.resultado del Museo Mudéjar me ha encantado..

Isaac Chalmain dijo...

Interesante el post. Los esgrafiados en mortero han sido elementos decorativos muy comunes en las edificaciones civiles y religiosas durante siglos. La ciudad de Málaga, donde he vivido temporalmente, conserva un buen muestrario de fachadas con ricos esgrafiados -barrocos y neoclasicistas fundamentalmente- que dan buena prueba de lo expuesto. Desde el punto de vista de la conservación, dejar los paramentos de ladrillo a la vista no me parece lo más idóneo pero, en cualquier caso, para gustos...