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sábado, 4 de octubre de 2014

Sevilla oculta: Baños de la Reina Mora


La Noche en Blanco dio la oportunidad a sevillanos y visitantes de conocer algunos edificios y espacios que normalmente están cerrados al público o tienen un horario muy restringido de visita. Es el caso de los Baños de la Reina Mora, antiguos hamman musulmanes del siglo XII que tras varios años de burocracia acaban de pasar a formar parte del patrimonio municipal. Gracias a este cambio de titularidad el Ayuntamiento podrá no sólo poner en valor este magnífico espacio sino proseguir con las excavaciones arqueológicas para determinar la extensión real de los mismos y estudiar el solar contiguo que separa el edificio de la propia calle Baños donde se construirá el edificio de acceso al recinto.



Los Baños de la Reina Mora, uno de los más grandes conservados de la antigua Al Andalus, se remontan a la época almohade, cuando la ciudad experimentó una ampliación hacia el norte con la construcción de un nuevo cinturón de murallas que permitía el desarrollo urbanístico de estos terrenos. La función de los baños árabes no era únicamente social, como en tiempos de Roma, sino religiosa. El Islam exige que los fieles sigan una rutina muy estricta en cuanto a la purificación del cuerpo antes de entrar en la mezquita, por ello estos edificios se encontraban normalmente muy cerca de los templos. En los hamman los musulmanes seguían un ritual que consistía en pasar por diferentes estancias que, tipológicamente seguían las pautas de las termas romanas: zona de acceso con vestuarios y letrinas, sala de agua fría, sala de agua templada y por último la de agua caliente. Sin embargo, los hamman carecían de piscinas, había una serie de fuentes donde el usuario recogía el agua para poder asearse. En lo que sí se parecían termas y hamman era en los conductos subterráneos que caldeaban las salas.


En los Baños sevillanos se conserva la primitiva zona de acceso, una estancia rectangular paralela a la calle donde el usuario podía desvestirse y utilizar las letrinas. A día de hoy esta sala conserva dos columnas originales y parte de la bóveda que cubría la zona del vestuario. En su origen, la estancia estaría dividida en tres espacios separados por columnas y arquerías, al estilo de algunas estancias del Real Alcázar, con un espacio central más amplio y dos laterales. Tras la conversión del edificio en un convento de religiosas agustinas en el siglo XVII, los antiguos vestuarios se convirtieron en capilla, tapándose la magnífica bóveda de paños de sebka con yeserías típicamente barrocas con motivos de la exaltación de la Eucaristía. El paso de los años y el derrumbe de esta decoración ha permitido descubrir la tracería de ladrillo original.


La siguiente estancia, cubierta con una bóveda de cañón con lucernarios estrellados era la sala de agua fría. El esquema arquitectónico era mimético al de la sala anterior, un espacio central más amplio y dos laterales a los que se accedía atravesando sendas arquerías. En este caso columnas y arcos han desaparecido pero se conservan los cimientos donde apoyaban las columnas. El agua para la purificación corría por una serie de fuentes instaladas en las paredes laterales. Los lucernarios servían, además de para dar luz natural al espacio, para regular la temperatura ya que se podían abrir o cerrar en función de las necesidades térmicas.


El último espacio conservado es la gran sala de agua templada, rodeada por columnas y una galería perimetral que en el siglo XVII pasó a formar parte del claustro del convento. Las monjas derribaron la bóveda original para dejar el espacio a cielo abierto, ampliándolo en el extremo norte a costa de la sala de agua caliente. Con ello se consiguió un claustro de mayores dimensiones contiguo a la que sería la iglesia del cenobio, la actual capilla de la Hermandad de la Vera Cruz, propietaria de una parte de los Baños hasta hace pocos meses.


Tras la restauración llevada a cabo por la Gerencia de Urbanismo desde 2002 se han recuperado las galerías perimetrales reconstruyendo los lucernarios que se habían perdido siguiendo el modelo de los conservados. También se construyó una nueva bóveda para, en clave contemporánea, recuperar en parte el primitivo sentido de esta sala, aunque manteniendo la planta actual.



En el extremo norte del patio se conserva una pequeña galería con varias hornacinas donde se situaban fuentes. Este espacio estuvo cerrado en su día con un muro que daba a la sala templada y tenía la función de sala de agua caliente. En realidad se trataba de una especie de sauna donde los usuarios lanzaban al suelo el agua que manaba de las fuentes. El contacto del agua con el suelo caliente por las conducciones subterráneas que comunicaban con las calderas hacía que se evaporara generando una sensación similar a los baños turcos.


La intención del Ayuntamiento una vez asumida la gestión del edificio es crear un nuevo espacio cultural cuyo uso deberá definirse tras las elecciones del año que viene una vez concluyan las excavaciones arqueológicas previstas para los próximos meses. Desde hace años se ha barajado la idea de crear un centro de interpretación que además de explicar el propio edificio y su historia incida en la importancia del agua en las culturas mediterráneas. Al margen de este uso principal, los Baños de la Reina Mora podrían acoger actividades culturales que animaran este sector del centro histórico, desde conciertos a exposiciones. Tan sólo haría falta una mínima intervención para garantizar la seguridad de los usuarios ya que en la actualidad el edificio se encuentra "en bruto".


Más información sobre la historia de los Baños aquí

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