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sábado, 23 de agosto de 2014

Cultura de Sevilla en Barcelona: Delirio modernista


Que Antoni Gaudí fue un genio nadie lo duda, pero la nómina de arquitectos y artistas que trabajaron en la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX es tan amplia que centrarse únicamente en la figura del arquitecto de la Sagrada Familia es quedarse en la superficie del movimiento artístico catalán por antonomasia. Para dar a conocer el fabuloso legado de la pujante Barcelona industrial, el Ayuntamiento de la ciudad condal ha puesto en marcha durante este verano una interesante propuesta en la que cualquiera puede registrarse en una página web y obtener un total de diecinueve vales descuento para poder disfrutar a mitad de precio de otros tantos edificios y actividades relacionadas con el Modernismo.



Nuestra ruta modernista comenzó en el espectacular Palau de la Música Catalana, levantado por Lluís Domènech i Montaner entre 1905 y 1908 como sede del Orfeón Catalán. La sala de conciertos ha sido recientemente remodelada y ampliada añadiendo un nuevo edificio al complejo cultural diseñado por el arquitecto Óscar Tusquets. El edificio es una auténtica maravilla y una gozada para los sentidos. Visitándolo no dejaba de acordarme de nuestro Teatro Lope de Vega, ¿por qué el Ayuntamiento no pondrá en marcha visitas guiadas para dar a conocer el espectacular recinto escénico de la Exposición Iberoamericana?



Recorrer el Paseo de Gracia es una compleja carrera de obstáculos entre grupos de turistas que acuden en masa a los dos principales reclamos de la carísima avenida: la Casa Batlló y la Pedrera, ambas de Gaudí y con colas kilométricas en sus puertas. A escasos metros de la Batlló se encuentra la Casa Lleó Morera, obra también de Domènech i Montaner recientemente restaurada y abierta al público. En la misma manzana del Eixample se encuentra la preciosa Casa Amatller, del arquitecto Josep Puig i Cadafalch. La espectacularidad de estas tres casas, remodelaciones de edificaciones anteriores, hizo que la ciudadanía bautizara a este espacio como la manzana de la Discordia, en alusión al relato mitológico en el que Hera, Afrodita y Atenea compitieron por ser la más bella. En el caso barcelonés la competencia estaba entre tres de las grandes familias burguesas de principios del siglo XX que no repararon en gastos para que su residencia fuese la más espectacular de todas.


El interior de la Casa Lleó Morera ha sido recuperado con exquisito tacto pudiéndose visitar por medio de visitas guiadas o de manera libre los dormitorios, la cocina, sus amplios salones y su patio trasero. Mosaicos, vidrieras, paneles de madera, cerámicas, esculturas y todo un elenco de técnicas artesanales convierten la visita en una delicia para los sentidos. 




Una joya que se abre al consumo cultural y que todavía no está masificada por lo que la visita es de lo más amena y agradable. Contemplando sus bellos interiores no podemos dejar de pensar en la sistemática destrucción de edificios regionalistas en nuestra ciudad en los que únicamente se respeta la fachada, vaciándose por dentro con el beneplácito de las administraciones. ¿Cuándo vamos a aprender a valorar un edificio en su conjunto y no sólo por su fachada? Una vez más, el símil con Sevilla no puede ser otro que la desconocida Casa Lissen, un edificio que todo sevillano debería conocer y que estando en manos de la Junta de Andalucía es todavía más incomprensible que esté vetado a las visitas. Por fortuna existen en nuestra ciudad edificios en manos privadas abiertos al público como la Casa de la Condesa de Lebrija, la Casa Pilatos o la recientemente abierta al público Casa Salinas, pero falta un mayor dinamismo en la sociedad para que estos edificios no sean objeto únicamente de visitas extranjeras, los sevillanos deben conocer su ciudad porque es la única manera de valorarla.



La casualidad ha querido que los tres edificios que ilustran esta entrada pertenezcan al mismo arquitecto. El último que vamos a visitar es el Hospital de Sant Pau, levantado en la zona alta de la ciudad a principios del siglo XX y que tras un laborioso proceso de restauración está recuperando lentamente el esplendor que el paso del tiempo le había quitado. Una vez construido un moderno hospital, los antiguos pabellones se han quedado como espacios de oficinas y una parte del recinto está abierto a las visitas.


Si bien todo el complejo es una maravilla, con pequeños pabellones rodeados de jardines que en su día estaban destinados cada uno a una disciplina médica, la joya de la corona es el edificio principal, completamente restaurado tras varios años de obras. 



Cuando convives con un estilo artístico a diario puedes llegar a acabar saturado de contemplar formas similares, pero cuando es una arquitectura completamente ajena al lugar donde resides, el embrujo es inmediato.


La visita al recinto modernista de Sant Pau incluye un pequeño Pabellón cuya finalidad primitiva era atender a los pacientes en primera instancia para luego ser derivados a la zona específica según su dolencia. Se construyeron dos pabellones gemelos, el de Sant Jordi, para los hombres y el de Santa Apolonia para atender a las mujeres. En el primero de ellos se ha habilitado una didáctica exposición donde se habla del edificio, su autor y las labores de recuperación de cada uno de los edificios que componen el complejo. De manera sencilla el visitante conoce la obra de Domènech i Montaner, la Barcelona de principios del siglo XX y la finalidad para la que se construyó el edificio que está visitando. ¿Por qué no hacer algo similar con nuestro querido pero al mismo tiempo desconocido Aníbal González en Plaza de España? ¿Cuántas veces se ha hablado de crear un espacio dedicado a la figura del arquitecto sevillano en su edificio más emblemático? Nunca he sido partidario de dedicarle un museo específico en solitario ya que resultaría mucho más interesante abordar toda la Exposición Iberoamericana, la Sevilla de entre siglos y el auge del Regionalismo que dedicarlo únicamente a la figura de un arquitecto, pero de nuevo hay que insistir en que sólo se valora lo que se conoce y lamentablemente el Regionalismo es un estilo artístico tan desconocido como denostado. Incidiendo en la idea del anterior reportaje dedicado a la arqueología, Sevilla tiene un potencial increíble, pero no para los turistas low cost que tanto gustan a nuestro Ayuntamiento, sino como ciudad en sí misma, para los ciudadanos que vivimos en ella y que soñamos con una ciudad próspera, culta y orgullosa de su pasado.


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