domingo, 28 de julio de 2019

Escapada veraniega a Madrid



Madrid es una ciudad a la que me ha costado años cogerle el pulso. Tras varias visitas la he ido apreciando cada vez más hasta convertirse en una opción recurrente en los últimos años gracias a su riquísima y amplísima oferta cultural. La última visita tuvo lugar hace apenas dos semanas de la mano de Sandra Galindo, responsable del Blog Expressan (si no lo conocéis, os recomiendo que le echéis un vistazo).

El viaje surgió de manera espontánea y sin una finalidad concreta. El objetivo era pasar el día en Madrid viendo exposiciones aunque sin llevar un plan preconcebido. Para una persona que necesita llevarlo todo bien atado cuando viaja, el ir a la aventura supone todo un reto y una experiencia que en este caso salió a la perfección.


Pieza de Eduardo Chillida


La primera parada fue el Museo de Escultura al aire libre de la Castellana, bajo el viaducto que comunica la calle Juan Bravo con la Glorieta Rubén Darío. El proyecto, presentado en 1971, nace gracias al empeño de los ingenieros que construyeron el viaducto y al artista Eusebio Sempere que logró la involucración de diecisiete artistas de la época que donaron (ellos o sus familias) una serie de esculturas para convertir este espacio en un verdadero museo al aire libre. Sempere se encargó de la organización del proyecto y de varios elementos que dan personalidad al espacio como la barandilla del puente, los bancos y la fuente-cascada que sirve de fondo a la pieza de Martín Chirino.


Pieza de Martín Chirino


Entre la nómina de artistas podemos destacar a Julio González, Pablo Serrano, Joan Miró, Josep Maria Subirachs, Eduardo Chillida, Marcel Martí o Amadeo Gabino, entre otros. El espacio es una maravilla y visita obligada para los amantes de la escultura. Si queréis conocer más sobre este proyecto podéis consultar el fantástico post que le dedicó Fernando Plaza en su blog.




Lo cierto es que nuestro día en Madrid estuvo marcado por la continua presencia de esculturas en nuestro recorrido y la imponente Julia de Jaume Plensa de la Plaza de Colón nos recibe con sus ojos cerrados de camino a la siguiente propuesta expositiva, la exposición de Piranesi en la Biblioteca Nacional.





Giovanni Battista Piranesi (1720-1778) es uno de esos autores a los que es complicado no amar locamente si eres un amante de las ruinas. Piranesi cayó absolutamente rendido al esplendor de la Roma imperial cuando llegó a la ciudad y es esa magnificencia la que refleja en sus monumentales grabados. Durante años se dedicó a grabar las ruinas romanas y esa obsesión influyó de tal manera en su personalidad que llegó a renegar del arte griego y helenístico en favor de la monumentalidad romana. Su pasión por la arquitectura en ruinas le llevó a crear sus famosas carceri, espacios a mitad de camino entre la grandiosidad de la arquitectura romana y la desesperación de la ruina. La exposición también recoge algunas de sus fantasías arquitectónicas en las que da rienda suelta a la imaginación creando espacios imposibles y desmesurados en los que el ser humano queda completamente anulado ante la fastuosidad de la arquitectura.





El siguiente hito en el recorrido fue la única visita que llevábamos reservada con antelación, el Espacio SOLO. Se trata de un pequeño museo privado de arte contemporáneo ubicado en la Puerta de Alcalá y que solo es posible visitar por medio de reserva. Tras ver unas imágenes de este espacio tenía claro que en mi siguiente viaje a Madrid tenía que conocerlo y no me costó mucho convencer a Sandra para que fuéramos.




Espacio SOLO nace como colección privada hace unos años gracias al empeño de Ana Gervás y David Cantolla. La creación de un espacio donde almacenar de manera ordenada la colección corrió a cargo del arquitecto Juan Herreros, que diseñó un interesante recorrido en el que es fácil perder la noción del tiempo y del espacio. La apertura de este no tan pequeño centro al público permitió dar a conocer la colección y al mismo tiempo plantear la oportunidad de organizar exposiciones temporales que dialogan con las obras permanentes. 





Después de ver imágenes en Internet tenía las expectativas muy altas y la visita las superó. Recorrer las diferentes salas del Espacio SOLO es ir conociendo un poco la personalidad y los gustos de dos coleccionistas particulares amantes del arte emergente. La colección cuenta con piezas espectaculares y la presentación no puede estar más estudiada. Nada falta y nada sobra en Espacio SOLO, todo está perfectamente calculado para crear una atmósfera en la que te dejas atrapar sin resistencia alguna.

Una vez culminada la visita apenas nos quedaba tiempo antes de volver a Atocha por lo que optamos por tomar tranquilamente un café y luego ir paseando hasta el Retiro para ver las dos exposiciones del Reina Sofía en los palacios de Velázquez y de Cristal.


Tetsuya Ishida en el Palacio de Velázquez


Tetsuya Ishida es un artista japonés fallecido prematuramente en el año 2005 cuando contaba apenas con 32 años. La exposición organizada por el Reina Sofía es la primera retrospectiva organizada fuera de Japón y llega a España con una importante selección de obras que nos permite conocer la corta trayectoria del artista. Mientras miraba por encima qué se podía visitar ahora en Madrid antes del viaje apenas reparé en esta exposición pero sin duda me alegro de haber tomado la decisión de ir a verla. Apenas había recorrido una de las salas cuando empecé a notar algo en el estómago. Ishida es un artista 'fácil' en el sentido de que es relativamente sencillo captar lo que quiere mostrar en su obra. Se trata de pintura figurativa y no es complicado entender la crítica hacia el sistema capitalista en el que vivimos. 





Por supuesto esto no quiere decir que no haya un mensaje mucho más profundo y habrá quien no vea nada especial en sus cuadros, pero si te paras a examinar cada obra, si le dedicas unos minutos, enseguida empezarás a sentir la angustia y el desasosiego que transmite la mirada de todos y cada uno de los protagonistas de sus obras, personajes estereotipados y comunes que permiten la identificación con sus vidas. Los personajes que aparecen en los cuadros no son nadie en concreto y somos todos en general.


Charles Ray en el Palacio de Cristal


La última exposición que visitamos fue la de Charles Ray en el Palacio de Cristal. El artista estadounidense es conocido por sus esculturas blancas, generalmente desnudos, que causan sensación y polémica allá por donde van (su escultura del 'Niño con rana' en la veneciana Punta della Dogana fue duramente criticada). La exposición del Reina Sofía se compone únicamente de cuatro piezas distribuidas por el pabellón que interpelan al espectador desde una reinterpretación de la estatuaria clásica.




¿Y cómo responde el espectador? Pues como no podía ser de otro modo en la era de Instagram. El acceso al Palacio de Cristal es gratuito y parece ser que se ha convertido en el lugar ideal para hacer la preceptiva foto que luego cuelgas en redes sociales. Y da igual que para ello tengas que subirte a las esculturas, tocarlas, colgarles el bolso o incluso darles un beso dejando la huella del pintalabios, todo vale para conseguir una fotografía idéntica a la que tienen miles de personas en sus redes sociales. He de reconocer que sufro mucho en estas situaciones porque no alcanzo a comprender determinadas actitudes frente al arte. Entiendo que cuando te subes a una escultura en una exposición o dejas que los niños se líen a golpes con la escultura (literal) es porque no le das valor alguno ni a la pieza, ni al autor ni a la institución que organiza la exposición. Tratas a la escultura como tratarías a una piedra del parque, pero te haces la foto con ella sin apreciar la contradicción.




Al margen del momento hater, la exposición me gustó mucho y fue un buen broche a un itinerario que, como dije antes, estuvo marcado por la escultura. Este tipo de exposiciones de pequeño formato es lo que siempre me he imaginado para el Pabellón Real de Plaza de América una vez restaurado, proyectos contemporáneos específicos que aporten un plus de actualidad a los museos del Parque de María Luisa. 

El viaje termina donde empezó, en Atocha, rumbo a Sevilla comentando los pormenores de la jornada con mi compañera de rutas artísticas. Como decía en twitter desde el AVE, Madrid nunca se acaba y siempre hay propuestas culturales que disfrutar y conocer en una ciudad en la que cada vez me siento más cómodo. 

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