viernes, 5 de abril de 2019

La frágil relación entre patrimonio y turismo



Llevamos ya varios días en los que en Sevilla no se habla de otra cosa gracias a la Cumbre Internacional del Turismo que se ha celebrado en nuestra ciudad: el Turismo es la base de la economía sevillana. Hoy no quiero entrar a valorar, otra vez, el sistema turístico que se ha instalado en Sevilla, quiero centrarme en dos pequeños edificios que han pasado muy desapercibidos pero que han sucumbido a la vorágine turística que impregna todas y cada una de las facetas de esta ciudad.

Se trata de dos edificios que forman parte del caserío histórico de la ciudad más reciente, dos inmuebles construidos a principios del siglo XX como viviendas unifamiliares que, por avatares del destino, acabarán siendo transformados en apartamentos turísticos en los próximos meses. Lamentablemente muchas veces ni nos enteramos de lo que perdemos cuando se lleva a cabo la reforma de un edificio histórico porque apenas hay imágenes de sus interiores. Pero estos dos en concreto da la casualidad que he podido visitarlos y por lo tanto puedo mostraros qué hay en su interior. Desconozco los proyectos que se van a ejecutar en ellos y no sería justo prejuzgar a los promotores que van a actuar en ellos pero me gustaría dejar constancia de lo que hay para que en un futuro podamos comparar. Y si este post sirve para que se tome conciencia del patrimonio, bienvenido sea.





Empecemos por la casa que Aníbal González construyó para Laureano Montoto en la calle Alfonso XII, una de las escasas joyas modernistas que se conservan en la ciudad y quizás el primer edificio conservado del arquitecto de la Plaza de España. Este edificio, levantado en 1905, forma conjunto con otras dos casas exactamente iguales levantadas por Aníbal González para el citado Laureano Montoto. En ellas, un jovencísimo Aníbal, experimenta con el lenguaje que por ese momento estaba en boga en España, el Modernismo, concibiendo un edificio muy cercano al modernismo catalán. La casa se conserva en muy buenas condiciones y resulta particularmente interesante por la mezcla de estilos que lleva a cabo el arquitecto. La piel es modernista, pero ya se anuncia en algunos detalles lo que será su estilo más personal, el Regionalismo. Entre los detalles que conserva el edificio destacan la barandilla de la escalera, la carpintería de puertas y ventanas de tipo floral e incluso un interesante pavimento en una de las salas que da a la fachada donde nos encontramos un mosaico tipo Nolla (está por ver si es cerámico o hidráulico pero sea lo que sea es una bellísima aportación a la decoración modernista de la casa). En una de las estancias superiores aparece una ventana geminada que nada tiene que ver con el modernismo y que anuncia plenamente los nuevos intereses historicistas de Aníbal. Esta ventana podría ser el primer ensayo del futuro regionalismo de Aníbal González. El edificio cuenta con una protección bastante alta, un grado B, lo que lo debería garantizar su conservación absoluta permitiéndose únicamente tareas de conservación y rehabilitación. Os dejo las imágenes para que juzguéis por vosotros mismos:








Suelo 'tipo Nolla' que podría ser el primero de este tipo conservado en la ciudad

Ventana que anuncia el nuevo estilo que hará famoso a Aníbal González, el Regionalismo


La otra casa está ubicada en Triana, en plena calle San Jacinto y es una de esas 'rara avis' que se conservan prácticamente intactas al haber sido vivienda unifamiliar hasta hace unos años. Se trata de un edificio construido en 1927 por José Espiau y Muñoz para la familia Mensaque, conocida por su fábrica de cerámica. Siendo la residencia de uno de los miembros de la familia es lógico que su interior nos lo encontremos repleto de azulejos que servían de muestrario a posibles clientes. En esta ocasión la casa cuenta con un grado de protección muy bajo, el C, el cual permite una profunda reforma que podría suponer la desaparición, para siempre, de lo que vais a ver a continuación:











Soy plenamente consciente de que conservar el patrimonio es tremendamente caro y que las necesidades de hoy en día no tienen nada que ver con las de hace un siglo. Heredar una casa de estas debe ser un problema para muchas familias y entiendo que no les quede más remedio que deshacerse de ellas. Pero al mismo tiempo no puedo más que lamentar que el destino de todos estos inmuebles, que no dejan de ser parte de la historia de Sevilla, sea el de acabar convertidos en apartamentos turísticos. No hace falta ser arquitecto para darse cuenta de que para poder rentabilizar una inversión como esta es necesario hacer cuantos más apartamentos mejor y eso, desgraciadamente, va en contra de la conservación del patrimonio. Por muy respetuosos que quieran ser los promotores o los arquitectos, hay que tabicar, compartimentar y dividir el espacio. Por ello lo normal en estas intervenciones es que se conserven los cuatro elementos más característicos (en algunos casos directamente se vacia el edificio al completo) y el resto termine en la cuba. Resulta bastante irónico que se esté hablando de hacer un museo dedicado a la figura de Aníbal González en el Pabellón Real mientras una de sus joyas mejor conservadas está en la cuerda floja.

No solemos enterarnos del patrimonio que perdemos pero en estos dos casos sí queda un testimonio gráfico, ojalá no se queden en meras imágenes de archivo y dentro de unos meses ambos edificios luzcan espléndidamente rehabilitados. 

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