lunes, 3 de diciembre de 2018

Lo que esconde Santa Catalina



La reapertura de la iglesia de Santa Catalina tras catorce años cerrada ha sido todo un acontecimiento en la ciudad. Entre los diferentes actos que se han celebrado con motivo de la inauguración, tuvo una especial relevancia la conferencia impartida el día 26 de noviembre por los arqueólogos que han participado en las excavaciones realizadas en el templo durante estos años, Domingo Martín Mochales, Urbano López Ruiz y Jesús Martín Caraballo. Y digo lo de "especial relevancia" porque no podemos quedarnos en lo superficial, en la estética de cómo ha quedado el edificio tras su restauración sino que en todo proceso de intervención en un bien patrimonial de la categoría de Santa Catalina tan importante es la recuperación del mismo como los estudios que se llevan a cabo en el transcurso de las obras.


Puerta primitiva de la iglesia de Santa Catalina


La conferencia empezó con un dato clave, tener la posibilidad de excavar todo el perímetro de un edificio histórico es un lujo que pocas veces se encuentran los arqueólogos. En Santa Catalina ha sido posible gracias a la profunda rehabilitación a la que ha sido sometida. Uno de los aspectos fundamentales de la rehabilitación era la subsanación de los problemas de humedad con que cuenta el edificio, lo que motivó que hubiera que vaciarlo para ir al origen del problema y solucionarlo. Lo que se han encontrado los arqueólogos y los responsables técnicos del proyecto, con el arquitecto Francisco Jurado a la cabeza, es que la inestabilidad del terreno y la humedad han sido un problema crónico de este edificio prácticamente desde que se construyó. La creación de una cámara bufa alrededor del templo y la propia cripta arqueológica habilitada bajo las naves del templo pretenden aislar el edificio de forma que la incidencia de la humedad se reduzca lo máximo posible.

Todos estos años de trabajo y excavaciones han dado lugar a un inmensa documentación que habrá que seguir estudiando y difundiendo en los próximos años, pero los arqueólogos responsables del proyecto quisieron apuntar varios aspectos que desmontan por completo la historia que conocíamos de Santa Catalina hasta la fecha.

El primer dato que se ha podido constatar en estos trabajos es que el actual templo no es el original del siglo XIV, sino que es una reconstrucción llevada a cabo tras el terrible terremoto que asoló la ciudad en 1356. El hecho de que muchos templos mudéjares de la ciudad tuvieran que ser reconstruidos tras el terremoto era algo ya conocido, pero ahora se ha podido constatar cómo era el templo de Santa Catalina anterior al actual. Si bien la planta se corresponde más o menos con el actual edificio mudéjar, el anterior contaba con un mayor número de pilares en cada lado que no se corresponden con los que podemos ver a día de hoy, ya que la nave central era algo más estrecha y de un tamaño similar a las dos laterales. Junto a los cimientos de estos pilares ha aparecido otro elemento que fue una constante en los templos cristianos pero que se ha ido perdiendo con el tiempo, el coro. En las excavaciones ha salido a la luz la cimentación de un coro que está documentado en torno al año 1.700 y que contaría con órgano. El propio peso de esta construcción haría que se terminase hundiendo en el terreno, por lo que en algún momento de la historia se decidió eliminarlo. Lo que sí sabemos es que cuando interviene Juan Talavera y Heredia en los años veinte del siglo XX no hay constancia de ningún coro. De la misma época de este coro, siglos XVII - XVIII sería el presbiterio anterior al actual que también ha aparecido, con una escalinata decorada con pinturas murales en sus laterales que ascendería hacia el espacio más sagrado del templo.


La nueva fachada que Talavera adosa al edificio original procede de Santa Lucía


La actuación de Talavera es otro aspecto que se ha podido documentar. Hasta la fecha lo que más se conocía de esta arriesgada intervención era el traslado de la puerta de Santa Lucía, que se adosó a la fachada principal dejando la original de Santa Catalina en el interior de un pequeño nártex de acceso. Podríamos decir que Talavera se la jugó y el tiempo ha demostrado que su intervención permitió que el templo siguiera en pie. Al disponer la nueva fachada, lo que consigue Talavera es crear una especie de inmenso andamio que estabiliza la fábrica original. Para no dejar la iglesia demasiado oscura abre un gran vano central hacia la nave que actúa como nuevo coro alto.

Pero no acaban aquí las sorpresas arqueológicas. Se ha podido seguir estudiando el terreno en busca de dos elementos que durante años han generado mucha literatura en la ciudad. La torre de Santa Catalina es una de las principales dudas que se han tenido siempre sobre este templo. ¿Era un alminar reconvertido en campanario? ¿Siempre fue campanario? ¿Una parte es alminar y la otra campanario? Aún queda mucho pos estudiar, pero por lo que se ha podido constatar hasta ahora, todo apunta a que la torre siempre fue campanario. Se ha llegado hasta la base y han aparecido escombros de un vertedero del siglo XIV, lo cual no aclara mucho ya que eso sólo indica que la torre ya estaba en el siglo XIV. Pero en un nivel inferior ha aparecido una mezquita, un edificio de pequeñas dimensiones que tendría un uso privado, lo cual invita a pensar que no contaría con alminar al no necesitar llamar a la oración a los fieles. Esta pequeña mezquita tuvo una planta cuadrángular con pilares en el centro al estilo de la mezquita del Cristo de la Luz de Toledo. De este edificio han aparecido los arranques de los pilares así como el muro de la quibla donde estaría el mihrab, orientando el sentido de la oración.


La torre de la iglesia de Santa Catalina siempre fue campanario cristiano


El pequeño oratorio musulmán habría sido reconvertido en primitiva iglesia tras la llegada de los cristianos a la ciudad, algo muy común en la época cuando había necesidad de dotar de templos a la nueva población. Simplemente se cambiaba la orientación del edificio para no utilizar el mihrab previo. El uso cristiano de este edificio se ha podido constatar por la aparición de un enterramiento, algo impensable en un oratorio musulmán de la época. La costumbre de enterrarse dentro de los templos es algo que se extendió con el cristianismo y de hecho, en Santa Catalina han aparecido un buen número de enterramientos, algunos más improvisados y otros bien ubicados en una serie de criptas que recorrían las naves del edificio e incluso bajo las actuales capillas laterales o la Sacramental.

La otra gran incógnita que siempre ha escondido Santa Catalina es la muralla romana. Históricamente se ha considerado la calle Alhóndiga como el cardo maximus de la Hispalis imperial por lo que bajo Santa Catalina se ubicaría una posible puerta de acceso a la ciudad romana. Lamentablemente este punto no ha podido ser documentado ya que no se ha podido llegar al nivel romano durante las excavaciones. Tan sólo se ha hecho un sondeo en una zona determinada en la que ha aparecido una canalización de ladrillo fechable en el siglo I d.C. Roma estaba ahí en ese momento, pero de momento no ha aparecido muralla, ni puerta. Lo que sí emergió en el transcurso de las obras es un edificio previo a la mezquita que se ha identificado con un posible templo de época tardoantigua, en uso a mediados del siglo VI d.C. La aparición de este edificio, que aún se está estudiando, corroboraría que si bien el espacio donde se encuentra Santa Catalina ha estado habitado desde el siglo I d.C., el uso religioso se extendería desde mediados del siglo VI d.C. hasta la actualidad. 


Ábsides de estética mudéjar a los pies de la iglesia


Son muchas las incógnitas que se han ido desvelando gracias a estos trabajos arqueológicos, pero todavía quedan otras por resolver como de qué época son los pequeños ábsides de estética mudéjar adosados a los pies de la iglesia, en el lado del Evangelio (izquierda). Se ha podido llegar a sus cimientos y todo apunta a que no son mudéjares (siglo XIV) pero no se ha podido saber de qué época son. Quizás son más nuevos de lo que pensamos... 

Todo esta historia se podrá conocer en la cripta arqueológica construida bajo la iglesia. De momento no hay fecha para su apertura pero después de conocer el trabajo de los arqueólogos, esperemos que sea lo antes posible.

2 comentarios:

Luis Hernández dijo...

Como sabes, estuve en la conferencia. Para mi es una oportunidad perdida. Cuatro años de excavaciones, en las que según el párroco su consigna era "más abajo", quedarse en -3,5 m y no haber llegado a niveles romanos ... Era la oportunidad de saber sobre la estructura de sillares que según Collantes encontró Leonardo de Figueroa al cimentar la Sacramental, asociada a la famosa puerta. O al menos de saber si la iglesia estaba extramuros, intramuros o atravesada por la cerca romana. De todo esto nada, y me temo que no se volverá a excavar. Una lástima.

Sofía Serra Giraldez dijo...

Pues aunque contenta por su restauración, constituía ya algo sangrante, muy decepcionada con que no se haya profundizado más (en todos los sentidos) en la investigación arqueológica e histórica. No sé si es que han querido seguir alimentando el misterio sobre este edificio o simplemente no había más presupuesto y sí mucha prisa ya por terminarla y abrirla al culto. Lamentable.