Páginas

miércoles, 13 de junio de 2018

Dos cuadros de la escuela madrileña en la iglesia del Corpus Christi



La iglesia del Corpus Christi forma parte de ese tiempo en el que Sevilla se reinventó a sí misma para dar una nueva imagen de la ciudad ante el mundo. Si Nervión levantó, entre 1925 y 1930 la iglesia de la Concepción Inmaculada, obra de Antonio Arévalo, la otra gran zona de expansión de la ciudad nacida al calor de la Exposición Iberoamericana de 1929 no iba a ser menos. Así, el cardenal Ilundain patrocinó la construcción del que iba ser el gran templo de la zona sur de la ciudad. El encargado de diseñar el edificio fue el arquitecto Vicente Traver, que planteó un gran templo a medio camino entre el Renacimiento y el Barroco. Construida entre 1929 y 1933, los problemas económicos impidieron que el proyecto se ejecutase tal y como estaba planteado, quedándose sin hacer la fachada.



La primera vez que entré en la iglesia del Corpus Christi hubo dos cuadros que me llamaron poderosamente la atención. Se encuentran en las capillas laterales previas al crucero y representan una Coronación de la Virgen (lado de la Epístola) y una Asunción de la Virgen (lado del Evangelio). Éste último se encuentra firmado, 'Francisco Ignacio Ruiz'. Ambos son claramente barrocos por lo que me extrañó su ubicación en una iglesia construida a principios del siglo XX. Además, estéticamente apuntaban más hacia la escuela madrileña que hacia la sevillana por lo que la intriga fue aún mayor. ¿Cómo llegaron estos dos cuadros aquí?


'La Coronación de la Virgen', hacia 1690-1700


Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia fue un pintor y grabador de origen madrileño (1649 - 1704), nombrado pintor del rey en 1689 y posteriormente pintor de cámara en 1701 tras la llegada al trono de Felipe V. Además de sus grandes lienzos de altar, participó en construcciones efímeras y en pinturas al temple y al fresco. Si hubiera vivido unos años más quizás hubiera sido posible que, como pintor de cámara, acompañara al rey durante su estancia en Sevilla entre 1729 y 1733 pero no fue así como estos dos cuadros llegaron a la ciudad.

La 'Coronación de la Virgen' y la 'Asunción de la Virgen' formaron parte de la decoración de la capilla de Nuestra Señora de las Nieves del Real Colegio de Santo Tomás de Madrid, institución perteneciente a la todopoderosa orden dominica. El edificio, que tuvo fachada a la actual calle de Atocha, fue desamortizado en 1836, pasando posteriormente a ser ocupado por distintos usos. En 1872 sufre un terrible incendio que obliga, tres años después, a su derribo, desapareciendo todo rastro del que estaba considerado como uno de los mejores edificios del siglo XVII madrileño.


Detalle de 'La Coronación de la Virgen'


Los dos cuadros formaban parte del programa iconográfico realizado por Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia en los últimos años del siglo XVII. Además de los lienzos, que ocupaban las paredes laterales, Ruiz de la Iglesia pintó el cuadro del remate del retablo principal y las pinturas al fresco de la bóveda y la entrada de la capilla. Ambos cuadros se salvaron del incendio de 1872, pasando a la iglesia de las Calatravas de Madrid, y finalmente recalaron en la colección del duque del Infantado. Ya en los años cincuenta del pasado siglo los cuadros fueron regalados a la Parroquia del Corpus Christi, muy frecuentada por los duques.


'La Asunción de la Virgen', hacia 1690-1700


Particularmente bello es la 'Coronación de la Virgen', compuesto por dos diagonales que se cruzan en la figura mariana, de una espectacular serenidad. Su temple contrasta con el rompimiento de Gloria donde varios ángeles músicos celebran el momento en el que el Padre Eterno y Jesucristo coronan a la Virgen. El escorzo del ángel central que toca la trompeta es magnífico y contribuye a introducir al fiel (o al espectador) en el lienzo.

La 'Asunción de la Virgen' también esconde un gran ejercicio de composición en el que se consigue equilibrar el ámbito de lo terrenal y el de lo espiritual con los juegos de luces. Al haber muchos más personajes en la parte inferior del cuadro se corría el riesgo de que "pesara" demasiado, quedando desequilibrada la parte superior donde la Virgen asciende a los cielos sostenida por varios ángeles. El equilibrio se consigue por medio del potente foco de luz que atraviesa la escena de izquierda a derecha y donde la principal protagonista es María Magdalena. Añadiendo la columnata en la parte derecha se consigue, además, encuadrar la escena y unir, gracias a su verticalidad, ambas partes del cuadro. Por último, Ruiz de la Iglesia crea una serie de líneas en zig zag que ascienden por el cuadro siguiendo las manos y brazos de varios personajes hasta culminar en la mirada radiante de la Virgen que se eleva hacia los cielos. Un ejercicio compositivo complejo pero de lo más efectivo.


Firma del pintor en la 'Asunción de la Virgen'


Pasear por la avenida de la Palmera es siempre agradable gracias al amplio catálogo de edificios de diferentes estilos que la jalonan. La iglesia del Corpus Christi no forma parte precisamente del recorrido habitual de los itinerarios culturales o turísticos pero sin duda la contemplación de estos dos cuadros bien merece una visita a uno de los grandes proyectos levantados en Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929.



Documentación:

- Página web del Museo del Prado (enlace)
- 'Nuevas aportaciones a la obra de Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia'. Teresa Zapata Fernández de la Hoz y Juan Carlos Gómez Aragüete. Archivo Español de Arte 337. Enero - marzo 2012 (enlace)

2 comentarios:

Guillermo Daza dijo...

Interesante entrada Sergio, desconocía por completo ambas obras, así que en cuanto tenga ocasión visitaré el templo para disfrutar de las mismas.Respecto a la arquitectura solo conozco el exterior, así que otro motivo más para la visita. Un saludo.

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias, Guillermo. La iglesia por dentro es bastante sencilla, pero tiene detalles interesantes. El tambor de la cúpula es muy bello y también resulta curioso la pintura que cubre el fondo del Presbiterio en lugar del típico retablo que solemos ver en cualquier iglesia.

¡Saludos!