domingo, 14 de enero de 2018

Palacio de Villapanés, el último de los grandes palacios del Barroco sevillano




Suelo ser bastante escéptico cuando un edificio histórico cambia de uso para convertirse en hotel (ya de apartamentos turísticos o viviendas mejor no hablamos) puesto que adaptar un inmueble para que acoja múltiples estancias conlleva la parcelación del mismo y en gran medida la desaparición de diferentes zonas. He tenido la oportunidad de visitar el Hotel Palacio de Villapanés y la impresión ha sido francamente positiva. La adaptación está hecha, pero se ha intentado conservar el máximo posible del edificio original, por lo que techos, puertas, suelos e incluso algunos elementos como zócalos o chimeneas sirven para dar mayor lustre (y lujo) a un hotel de ensueño.



Zaguán del palacio


El Palacio de Villapanés fue construido en torno a 1730 (según la documentación conservada, en 1729 aún estaba en obras) por encargo de Manuel López-Almonacid Pintado y Rodríguez de los Carreros, un rico comerciante de origen toledano que amasó una gran fortuna gracias a sus negocios con América. La fecha de construcción es un detalle a tener muy en cuenta. Tras el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz en 1717, Sevilla empezó a perder peso en el comercio con América y su dinamismo económico se vio muy afectado. Que López Pintado decidiese no sólo asentar su residencia en Sevilla, sino que construyera este magnífico edificio, seguramente está muy relacionado con su cercanía al rey Felipe V, del que obtuvo varios títulos nobiliarios y que, precisamente, estuvo residiendo en Sevilla durante esos años (el conocido como Lustro Real de 1729 a 1733).


Patio principal de la casa con una fuente del siglo XIX en el centro


López Pintado construyó un fastuoso palacio, único en Sevilla por la fecha en que se realiza y que conjuga la tradición arquitectónica sevillana con las novedades propias de la época. El edificio sigue estando presidido por un patio porticado de doble altura con columnas de mármol blanco de acarreo que recogen arcos de medio punto. La escalera se ubica en uno de los extremos del patio, como tradicionalmente se había venido haciendo en las grandes mansiones sevillanas. Sin embargo hay una pequeña innovación y es que el patio es visible desde la fachada principal del edificio a través de un amplio zaguán. Desaparece por tanto el acceso en recodo tan típico de las grandes casas sevillanas como Pilatos, Dueñas o Pinelo donde la intimidad de la familia se protege colocando el patio más resguardado.


Uno de los pocos zócalos de azulejos conservados en el edificio

Chimenea integrada en una de las habitaciones del hotel


El zaguán de acceso al palacio es uno de los elementos más bellos, con su cancela de forja muy similar a la del Palacio de Casa Galindo de la Plaza del Museo. De hecho, ambos accesos al patio son muy parecidos, con tres arcos de medio punto sobre columnas de jaspe negro. Quizás la arquería de Casa Galindo se inspirase en la de Villapanés o tal vez ambas son de la misma época, tratándose la de Villapanés de una reforma decimonónica. Sea como sea, ambas arquerías son hermanas y de las más bellas de cuantas se conservan en los zaguanes sevillanos.







La escalera principal del palacio es otro de los espacios que, tras la restauración llevada a cabo, ha recuperado gran parte de su esplendor. Dividida en tres tramos, se abre al patio por medio de un juego de columnas que permiten dar diafanidad al espacio. La caja de escalera se cubre con una bóveda de carroza decorada con yeserías y unos simpáticos atlantes infantiles ubicados en cada uno de los vértices de la bóveda. Para dar luz al espacio, tres de los lunetos se abren al exterior por medio de vidrieras. El elemento más llamativo de la escalera es sin duda el monumental escudo familiar del matrimonio López Pintado - Solano, símbolo del poder económico familiar y del estatus alcanzado


Fuente de grutescos en el patio secundario del edificio

Armadura de madera del torreón del palacio


Si bien el jardín trasero del edificio se ha perdido para dar paso a un nuevo volumen con más habitaciones, sí se ha conservado un pequeño patio en el que todo el protagonismo lo adquiere la fuente decorada con grutescos que cierra el espacio, creando un interesante eje de perspectiva. Se trataría de uno de los elementos más antiguos de la casa y probablemente podría haber pertenecido a un humilladero o hito devocional desde el que partiría la peregrinación hacia Santiago de Compostela en la Sevilla del siglo XVII. No en balde, el edificio se encuentra en la calle Santiago, nombre que comparte con la iglesia que hay justo frente a la fachada principal y además López Pintado pertenecía a la Orden de Santiago. Tal vez el hecho de que el almirante eligiera este espacio para construir su palacio y que respetara un elemento anterior esté relacionado con la devoción hacia el apóstol Santiago.


En las habitaciones del hotel-boutique se ha tenido en cuenta hasta el último detalle en la decoración

Artesonado de madera de una de las habitaciones del hotel


Sobre la autoría del edificio poco se sabe, pero Teodoro Falcón, en el libro 'Casas Sevillanas' plantea que las trazas pudieron deberse al arquitecto Diego Antonio Díaz (1667-1748), maestro mayor de la Catedral y el Arzobispado. Falcón basa su teoría en la fantástica portada del palacio, labrada en piedra, y que guarda relación con otras obras de este arquitecto. La portada, rematada con el blasón familiar, se aleja de las formas barrocas de otros edificios de la ciudad pero logra gracias a su perfil mixtilíneo darle una gran elegancia y monumentalidad.


Puerta de madera labrada que abre hacia la escalera 
Puerta de madera labrada de una de las habitaciones



Suelo de madera en una de las estancias comunes del hotel


La adaptación para uso hotelero ha respetado varios elementos que merece la pena destacar. Lamentablemente son escasos los zócalos cerámicos que se encontraron en el edificio durante la restauración. En la recepción del hotel y en el comedor se conservan varios paños muy interesantes. También hay varios suelos, tanto cerámicos como de madera, originales, pero sin duda uno de los elementos más llamativos son las puertas de madera que van apareciendo durante el recorrido. De madera son también algunos zócalos conservados en la galería superior del patio y en alguna habitación. Por último destacar la presencia de varias chimeneas en las estancias superiores, precisamente la zona habitada durante el invierno por las familias nobiliarias.


Galería superior del patio


Una visita fantástica a un edificio simplemente maravilloso que durante años vi completamente abandonado. Es de agradecer que, a pesar de la reforma, los responsables de la misma hayan tenido tanto mimo y cuidado a la hora de conservar la esencia del edificio. Sin duda, un ejemplo a seguir.


>> Gracias a la Dirección del hotel por el permiso para realizar este reportaje y a José Manuel Angulo (Twitter) por la fantástica visita por las estancias del palacio.
>> Documentación: Libro 'Casas Sevillanas. Desde la Edad Media al Barroco' de Teodoro Falcón. Editorial Maratania (enlace)

2 comentarios:

Gabriel Maestre dijo...

Magníficos el edificio y la adaptación. Gran reportaje. Sólo un apunte personal: los querubines que adornan la cornisa de la zona de la escalera ya me parecieron, en las fotos del libro de Maratania, algo antiestéticos por su anatomía. Me pasa con este tipo de adornos, no siempre pero sí en varias ocasiones (querubines de ciertos cuadros barrocos, de decoraciones de edificios...). En fin, gustos de cada uno quizás. Un saludo

Sergio Harillo dijo...

En directo pasan bastante desapercibidos porque guardan una armonía con el conjunto, no quedan excesivamente grandes. Les pasa como a los de la escalera del Hospital de los Venerables, que aportan un toque simpático pero sin destacar mucho.

¡Saludos!