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miércoles, 26 de julio de 2017

El Cenador del León del Alcázar sorprende con sus pinturas del XVII




Saber leer e interpretar un edificio, capa a capa, es una ardua tarea que ofrece maravillosas recompensas a aquellos que aman y respetan el patrimonio. Por ello, cuando te encuentras con un profesional que disfruta realizando su trabajo, que te cuenta cada detalle como si del descubrimiento de un tesoro se tratase, te contagias de tal manera que necesitas saber más y más. Esta mañana se ha dado a conocer el proyecto de intervención en el Cenador del León del Alcázar, un trabajo dirigido por la arquitecta Lola Robador. Robador además de ser una de las mayores conocedoras del patrimonio sevillano logra transmitir una pasión por el patrimonio que hace de una simple conversación toda una experiencia.





El Real Alcázar puso en marcha hace dos años un programa de mantenimiento preventivo de las fuentes del recinto. Gracias a este seguimiento se pueden solucionar aquellos pequeños problemas que pueden derivar en un daño irreversible. Sin embargo, en ocasiones no hay más remedio que ejecutar un proyecto de urgencia, como es el caso de la recuperación del Cenador del León en la conocida como Huerta de la Alcoba, junto al Pabellón de Carlos V. La historia de este espacio se inicia en época islámica, cuando la Mary al-Fidda (Pradera de la Plata) se incorpora al recinto del Alcázar como zona de huertas. Para garantizar el regadío se construyeron una serie de albercas y aljibes que a su vez se nutrían del principal acueducto de la ciudad, los Caños de Carmona. El agua llegaba hasta la Puerta de Carmona y a través del Callejón del Agua enlazaba con el Alcázar.




Con el paso de los años esta zona pasó de ser utilizada como huerta a adquirir un diseño ajardinado acorde con las diferentes reformas que se estaban llevando a cabo en el Alcázar. En el siglo XVI las albercas pasan a ser estanques que siguen manteniendo su función de regadío, pero con una estética más acorde al jardín renacentista. Será durante el mandato del Conde Duque de Olivares como alcaide del Alcázar, ya en el siglo XVII, cuando se construya el 'Jardín Nuevo o del León' según proyecto de Juan Bernardo de Velasco, compuesto por dos pabellones y el antiguo estanque. De los dos pabellones, el conocido como Cenador Ochavado fue decorado con pinturas que representaban el Universo. Su función era la de abastecer de agua el estanque y para ello contaba con una noria. Lamentablemente este edificio fue derruido y a día de hoy sólo se puede ver la planta del mismo en el suelo. El otro es el que podemos contemplar actualmente con varias reformas que han ido adaptando su apariencia al gusto estético de cada época.


Los azulejos del banco corrido, del siglo XVII, han sido retirados para su restauración


Es en este Cenador del León donde se centra la actual intervención, dirigida por la arquitecta conservadora Lola Robador y ejecutada por la empresa Marve Conservación y Restauración. En el equipo que está trabajando para recuperar el Pabellón y su entorno también están trabajando expertos en botánica como Benito Valdés o José Elías, además del profesor de Historia del Arte Antonio Albardonedo. El objetivo es realizar una actuación integral que además de recuperar los elementos patrimoniales, termine con las causas que han degradado el edificio, como las filtraciones de la cúpula o la humedad del jardín aledaño. Para evitar el deterioro por capilaridad en los muros se va a realizar una zanja en torno al edificio para crear un sistema de drenaje que proteja al edificio.


Doble capa pictórica en la cúpula, la más colorida es del XVII y la gris del XVIII

Rostro de un querubín que ha aparecido en una de las catas de la cúpula


La obra que acaba de empezar ya ha deparado algunas sorpresas como la aparición de una capa cromática anterior a la que se podía ver en la cúpula del Pabellón. El pequeño edificio, considerado como uno de los mejores ejemplos de arquitectura manierista a nivel nacional, se levantó en torno a 1644 según proyecto atribuido al maestro mayor Diego Martín Orejuela con la colaboración de Benito Valladares, que ideó un rico conjunto de azulejos. De la decoración pictórica, realizada al fresco, se encargó Juan de Medina, que interviene en el edificio entre 1644 y 1646. De esta misma fecha es la fuente con el león. Apenas unos años después, en 1675, ya está documentada una intervención de restauración realizada por Francisco Valladares. Esta reforma tan cercana a la fecha de construcción del pabellón evidencia que los problemas que afectan al edificio hoy en día son los mismos que lo degradaron ya en el XVII: filatraciones y humedad. La continua presencia de agua motivó que la decoración pictórica se fuese reponiendo, dejando patente un cambio de calidad entre la exquisita mano de Juan de Medina y los repintes posteriores, de peor calidad. 


Grutescos y querubines pintados por Juan de Medina en 1644


El aspecto con el que hemos conocido el Cenador del León muestra una cúpula grisácea que imitaba, por medio de un trampantojo, los diferentes plementos y nervios de la misma. Al instalarse los andamios y realizar una serie de catas en estas pinturas ha aparecido una segunda capa cromática, anterior, de un colorido y riqueza espectacular. Al emerger estas pinturas, los responsables de la intervención han acudido a los textos en los que el pintor Juan de Medina explica su obra y se ha encontrado un programa iconográfico que giraría en torno al amor en el que se citan querubines, temas mitológicos, grutescos y trampantojos imitando mármoles. Este descubrimiento ha llevado a los especialistas a fijar dos etapas pictóricas, la original del XVII y una posterior del XVIII, que se podría haber realizado debido al mal estado de las pinturas originales. La restauración del pabellón determinará el grado de conservación de cada capa cromática y cómo se pueden integrar para que una vez acabada la obra el visitante reconozca la evolución histórica del pequeño edificio. Además se actuará en la parte inferior de los muros para devolverle un cromatismo similar al original que permita, desde la distancia, percibir una imagen general de cómo pudo ser el Pabellón. La recuperación de los azulejos, la fuente interior, la escultura del león y los jardines aledaños devolverá a esta zona del Alcázar una apariencia bastante fiel a la que pudo tener en el XVII pero sin recrear aquello que se ha perdido y primando en todo momento la conservación y el paso del tiempo.



>> Con esta entrada cierro esta temporada del Blog para darme (y daros) un descanso. Disfrutad de las vacaciones y nos vemos a la vuelta.

3 comentarios:

Gabriel Maestre dijo...

Que disfrutes, Sergio. Y gracias por tu estupendo artículo.

Nono Romero dijo...

Que disfrutes tanto de tus vacaciones como nosotros de tus artículos.

Muchísimas gracias.

Sergio Harillo dijo...

¡Gracias!

¡Un saludo y que paseéis buen verano!