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domingo, 2 de julio de 2017

Cuarto y mitad de exposiciones temporales

Sala de exposiciones del CICUS



Creo que no sorprendo a nadie si digo que me encantan los museos y que disfruto visitando exposiciones temporales. Cuando no tienes dinero o tiempo para viajar, las exposiciones temporales que se organizan en tu ciudad son siempre una oportunidad para conocer esa vastísima riqueza cultural que supone el patrimonio en todas sus vertientes. Leía el otro día el listado de exposiciones que se están organizando con motivo del Año Murillo y no podía dejar de frotarme las manos ante el año largo de grandes muestras que se avecinan en Sevilla. Todas en torno a un mismo tema, sí, pero menos da una piedra.


Viendo las sedes donde se van a celebrar estas exposiciones empecé a reflexionar sobre una hecho curioso que se da en Sevilla. Las salas de exposiciones temporales no abundan precisamente y las que tenemos se han quedado completamente anticuadas. En el Museo de Bellas Artes por ejemplo, cuando se organiza una gran exposición hay que desmontar las salas dedicadas al Siglo XIX porque la sala de temporales es muy pequeña. Algo similar ocurre en el Arqueológico, que hasta hace relativamente poco tiempo no ha tenido una sala de temporales y aunque se ha habilitado una nueva, dista mucho de reunir los requisitos necesarios para acoger grandes exposiciones (veremos a ver cómo queda la de Adriano). La Catedral también ha planteado una exposición sobre Murillo que, imagino, se colocará en el trascoro, al igual que las que se han organizado en los últimos dos años, rompiendo la diafanidad del templo metropolitano. La sala mejor equipada en estos momentos podría ser Santa Clara, aunque de reducidas dimensiones.

Resulta curioso que Sevilla se haya quedado descolgada en este tema con respecto a otras ciudades. Quizá porque no le damos mucha importancia a nuestros museos o porque preferimos la cultura en la calle antes que entre cuatro paredes lo cierto es que a día de hoy los espacios donde organizar grandes exposiciones en la ciudad se cuentan con los dedos de una mano. Los nuevos equipamientos culturales tampoco han contribuido a mejorar este aspecto. En el Museo de la Cerámica la sala de temporales es diminuta y en el futuro Museo Bellver (ése que se iba a inaugurar en 2017) dudo mucho que se hayan planteado contar con salas de temporales, más que nada porque la Casa Fabiola tampoco da para tanto.

Caixaforum ha venido a paliar este déficit de espacios, pero también es verdad que el centro cultural de CaixaBank trae sus propias exposiciones por lo que no se puede contar con él para otros eventos. El Pabellón de la Navegación y su amplia sala polivalente podría haber cumplido esta función pero desde la Junta de Andalucía parecen no estar muy por la labor de dotarlo de más atractivos. Nos queda la esperanza de la Fábrica de Artillería donde hay metros cuadrados suficientes como para habilitar una gran sala polivalente para exposiciones temporales.

En estos últimos días hemos pasado de anunciar nuestra intención de aspirar a ser Capital Cultural Europea a desestimar la idea al darnos cuenta, así de repente, de que Granada ya lleva más de un año trabajando en esa idea. El horizonte de 2031 está lo suficientemente lejano como para dilatar en el tiempo los problemas de la cultura sevillana. Lo verdaderamente interesante sería empezar a dar solución a unos problemas que se enquistan cada vez más sin que nadie les ponga remedio. Pasan los concejales de cultura, cambian los ministros y aparecen nuevos consejeros pero los problemas siguen ahí, año tras año, para desesperación de aquellos a los que nos gusta disfrutar de la cultura en espacios culturales bien acondicionados. Lo de organizar un festival cada fin de semana y llenar las calles de eventos está muy bien, pero no olvidemos que el gratis total hace un flaco favor a la cultura y que ese público al que se acostumbra a tener eventos en la calle difícilmente va a dar el salto a los centros culturales. Si algún día el Ayuntamiento da cifras de visitantes a sus espacios culturales nos daremos cuenta de que ese trasvase no se produce.


¿Qué opináis vosotros? ¿Preferís la cultura al aire libre o en espacios culturales acondicionados? ¿Creéis que tenemos una oferta suficiente de salas para acoger exposiciones temporales?

2 comentarios:

Isaac Chalmain dijo...

Muy interesante entrada, Sergio. Lo ideal, quizá, sería combinar ambas opciones: cultura en la calle y cultura en espacios equipados para ello. Pero el problema es que la gran mayoría de recintos clásicos sevillanos se han quedado completamente obsoletos para el ciudadano de a pie. El Museo Arqueológico, con esos fondos magníficos, no cuenta ni con un sistema centralizado de aire acondicionado, por lo que los turistas que a él acuden en estas fechas son, cuanto menos, audaces.

En cuanto al Bellas Artes, también presenta problemas en las macroexposiciones temporales. La solución que has propuesto -Pabellón de la Navegación- sería una buena candidata a acoger grandes muestras expositivas, al tiempo que permitiría amplificar el recinto Cartuja como núcleo expositivo de primer nivel, modificando los flujos turísticos y descongestionando el ya saturado centro histórico de nuestra ciudad.

En cuanto a la gratuidad de la cultura, es un tema que da mucho de sí. Obviamente, no ha de instaurarse entre la gente la idea de que la cultura es sinónimo de gratuidad porque, en ese caso, tenemos muchos festivales o lo que queramos, sí, pero a costa de reducir los parámetros de calidad del producto que ofrecemos. Lo ideal, desde mi punto de vista, es ofrecer un punto intermedio entre calidad y precio, manteniendo siempre la calidad y pensando en la satisfacción del usuario anónimo.

Gabriel Maestre dijo...

Hola, Sergio. Yo también adoro los museos, y no viajo mucho así que las grandes exposiciones temporales deberían atraerme. Sin embargo, ya conoces esa curiosa opinión personal mía de que Sevilla o Andalucía no tienen recursos para y no deben destinar dinero público a grandes exposiciones temporales. Sinceramente,creo que eso es cosa de fundaciones y otras instituciones privadas. Somos una tierra de mucho patrimonio, más que de exposiciones (Málaga sería la excepción). Yo, como Administración, me centraría en conservar y exponer el patrimonio público local. La salvedad serían pequeñas exposiciones didácticas itinerantes, como las que hace el Museo del Prado por provincias, para dar a conocer nuestro patrimonio común en diferentes localidades. Un saludo.