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martes, 22 de noviembre de 2016

Turismo, ¿la solución a todos nuestros problemas?

Yeserías desmoronándose en la Casa de los Pinelo


Sevilla acogió durante toda la semana pasada la primera edición de la Tourism Week, un evento impulsado por el Ayuntamiento a través del Consorcio de Turismo para evaluar el sector en nuestra ciudad y debatir sus problemas y necesidades.

El Turismo se ha convertido, para bien o para mal, en el principal sustento económico de nuestra ciudad, representando en torno al 15% de nuestra riqueza. Un sector tan importante debe ser cuidado y mimado, sin duda, pero tampoco podemos instalarnos en el 'todo vale' ni sacrificar otros yacimientos de empleo y riqueza por el maná turístico.


El Casino de la Exposición lleva años esperando una rehabilitación


Desde hace unos años el Turismo se ha convertido, junto con los veladores, en el monotema en nuestra ciudad. Día sí, día también, el Ayuntamiento lanza alguna nota de prensa relacionada con el sector en la que se anuncia que se ha batido un nuevo récord. Da igual que sea Navidad, primavera o agosto con 45 grados, Sevilla siempre supera el número de turistas del mes anterior, del año anterior o de la década anterior. 

Sin embargo, a pesar de esos grandes números, algo parece fallar en la ecuación. Sevilla revienta los datos turísticos, pero seguimos siendo una de las ciudades con mayor tasa de paro, tampoco andamos excesivamente brillantes en renta per cápita y otra serie de indicadores indican que el Turismo que llega a Sevilla no es, ni mucho menos, la solución a todos nuestros problemas.

Una de las mesas redondas celebradas durante la Tourism Week giraba en torno a la oportunidad que supone el río Guadalquivir como generador de atractivo turístico. Curiosamente, los tres grandes atractivos más recientes establecidos en las orillas del Guadalquivir no se han visto beneficiados del aumento del turismo en la ciudad. Los responsables de la noria ya han pedido permiso para desmontarla, el Acuario está en preconcurso de acreedores y las cifras de visitantes del Pabellón de la Navegación son ínfimas para su capacidad y potencial.

También podríamos hablar de la influencia del turismo en nuestro patrimonio. Cabría esperar que a mayor número de turistas, la inversión en mantener nuestro patrimonio también fuera en aumento, pero nada más lejos de la realidad. A excepción del Alcázar y la Catedral, con colas kilométricas que incluso han obligado a replantear los accesos en el palacio real, otros monumentos no se ven beneficiados por la llegada del turismo (traducido en inversión, me refiero). La Plaza de España y su cada vez mayor deterioro, la imagen de dejadez en edificios como el Casino de la Exposición o la antigua iglesia de San Hermenegildo, la más que discutible conservación de edificios como el Pabellón Real, el Castillo de San Jorge o el Museo Arqueológico son problemas que heredamos de año en año sin que ese incremento de turistas repercuta en una solución. ¿Ha subido el número de visitantes en nuestros museos con la llegada de tantísimo turista? ¿Ha impulsado ese crecimiento turístico la mejora de nuestros espacios culturales? ¿Quién se beneficia del dinero que genera el turismo? El patrimonio y nuestros museos desde luego no.

Iglesia de San Hermenegildo, esperando una restauración desde hace diez años


La percepción que tengo del Turismo en Sevilla es que, aunque se quiera vender lo contrario, tendemos hacia el modelo de Barcelona y Venecia, un turismo que pone en jaque la propia supervivencia de las ciudades. Esta misma semana el delegado del ramo se quejaba de la proliferación de franquicias en la ciudad, ¿no es eso acaso lo que estamos favoreciendo convirtiendo nuestro centro histórico en un escaparate para el turismo en el que cada vez hay menos vecinos y más apartamentos turísticos? ¿No va en contra del comercio local la creación de grandes macrosuperficies como los centros comerciales que se han aprobado recientemente? No nos podemos sorprender cuando ocurren determinadas cosas que nosotros mismos estamos provocando.

Viajar es enriquecedor y desde luego conocer otras culturas, ciudades y paisajes naturales es uno de los mayores placeres a los que puede aspirar el hombre. Pero no podemos olvidar que todo tiene que mantener un equilibrio. Sevilla puede atraer turismo por muchos motivos, por su forma de vida, por sus fiestas, por su patrimonio o incluso, por qué no, por una aún utópica apuesta por un urbanismo sostenible. Pero en el momento en el que todo se juega a una misma carta podemos correr el riesgo de desequilibrar la balanza y que aquello que resulta genuino se convierta en una auténtica pesadilla tanto para el que nos visita como para el autóctono. Afortunadamente estamos a tiempo de reconducir el modelo, sin duda se habrán sacado muchas conclusiones de la Tourism Week, esperemos que no se reduzca a imponer una tasa turística y seguir haciéndolo todo de la misma manera.



>> Imagen de cabecera: desprendimiento de yeserías en la Casa de los Pinelo, síntoma de que el Patrimonio no goza de una salud óptima en nuestra ciudad.

2 comentarios:

Isaac Chalmain dijo...

Y después de leer esto, hay que darte a ti el 10. No sé puede decir con más rigor, agudeza y calidad linguística. Coincido en la mayoría, de modo que me sumo a este análisis tan veraz que nos has planteado. ¡Sigue así! Voces como tú son las que hacen falta en este medio y en instituciones oficiales. ¡Chapó!

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias Isaac :)

¡Un saludo!