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martes, 29 de noviembre de 2016

Lavado de cara al Teatro Cervantes


Antes que nada me tengo que disculpar por la calidad de las fotografías, pero cuando hay poca luz y no se dispone de una buena cámara, el resultado nunca es el esperado. Hacía ya varios meses que no acudía al Cine Cervantes, edificio del que estoy especialmente enamorado desde la primera vez que entré y del que ya os he hablado en varias ocasiones en el Blog. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que sus propietarios le han dado un buen lavado de cara al interior de la sala de proyecciones. Con cuatro detalles el Teatro vuelve a mostrar su espectacular belleza decimonónica.


Aspecto que presenta el Tetro Cervantes tras pintar el palco principal

El Teatro Cervantes, proyectado por el arquitecto Juan Talavera de la Vega, fue abierto al público en octubre de 1873. Se trata por tanto del edificio de espectáculos más antiguo de la ciudad que conserve aún los usos para los que fue diseñado. Ese carácter histórico ha motivado que el Pleno del Ayuntamiento haya solicitado recientemente su declaración como Bien de Interés Cultural para salvaguardar sus características y memoria.

Tras muchísimas dudas sobre su futuro (se llegó a desproteger para luego volverlo a proteger), es de agradecer que sus propietarios al menos hayan llevado a cabo unas mínimas labores de conservación en su sala principal. La intervención ha consistido en un cambio de iluminación y en pintar la zona del patio de butacas y primer palco, unas mejoras que se suman al cambio del suelo y de los asientos que ya se hizo hace unos años. No logro recordar si los logotipos con la GTC (Gran Teatro Cervantes) ya estaban o se han añadido ahora, pero el resultado es bastante agradable. El Teatro Cervantes, con apenas una mano de pintura, gana muchos puntos.

Detalle del primer palco

Detalle del primer palco

Sueño con ver algún día el Teatro Cervantes completamente recuperado, con una entrada en condiciones, con sus palcos iluminados, sus cortinas y telones nuevos, su lámpara restaurada (recuerdo que la primera vez que entré aún tenía los cristales que hubo que retirar por desprendimientos) y una programación que bien podría alternar el teatro con el cine. Ojalá su protección como Bien de Interés Cultural sirva para poner en valor este magnífico edificio y ojalá el Ayuntamiento llegue de una vez por todas a un acuerdo con sus propietarios para que puedan usar el resto del edificio como viviendas quedando el teatro como espacio cultural para toda la ciudad. Son muchos 'ojalá', lo sé, pero creo que el edificio bien lo merece y la ciudad no puede permitir el deterioro de un elemento tan importante, sobre todo cuando es el último que queda tras los sucesivos derribos (San Fernando, Coliseo, Apolo), cierres (Imperial) y profundas transformaciones (Pathé, Llorens, Palacio Central).

Bóveda y lámpara del Teatro Cervantes

5 comentarios:

nini desempleado dijo...

Magnífico teatro, nunca entré pero estoy deseando verlo.

Para ser un poco puntilloso, solo deseaba comentar que en el colegio me dijeron una vez que la palabra óptimo no admite el adverbio más delante, pues ya de por sí es un superlativo, y los superlativos no admiten gradación.

Saludos y enhorabuena por este blog.

Gabriel Maestre dijo...

¿No parece obvio que en una ciudad con tanto patrimonio y no mucho dinero disponible sería mucho mejor restaurar y poner en valor que no construir nuevo, feo y caro? Sin ir más lejos, me pregunto si mereció la pena edificar nuevos auditorios para la Expo y lo que vino después, en vez de centrarse en conservar los teatros históricos... Un saludo

Giraldillo dijo...

Me encanta el Cervantes, si puedo, voy a este cine antes que a cualquier otro, merece la pena sea la peli que sea. Ahora tengo más ganas de volver para verlo restaurado :)

Sergio Harillo dijo...

Nini Desempleado, cuando escribí la frase también pensé en lo que comentas, pero no me sonaba mal, jeje. Ya lo he cambiado :)

¡Saludos y gracias por vuestros comentarios!

Giraldillo dijo...

Gabriel, no tienen nada que ver los auditorios de la Expo como el de Rocío Jurado, con los teatros históricos, no tienen nada que ver ni en formato ni en capacidad, cada uno tiene su utilidad.