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lunes, 18 de julio de 2016

El Puente de Hierro espera su oportunidad para ser salvado



Leía esta mañana el artículo sobre el Puente de Hierro que Manuel Ruesga firmaba en Diario de Sevilla y me preguntaba, una vez más, cómo es posible que tengamos un elemento patrimonial de este calibre abandonado en un descampado, cubierto de jaramagos y a merced de los amigos de lo ajeno, que ya han sustraído gran parte de su belleza metálica.


El Puente de Alfonso XIII fue construido con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929 con la idea de comunicar los nuevos desarrollos urbanísticos del sur de la ciudad con Tablada y sus muelles. El ingeniero José Delgado Brackenbury se encargó de su diseño y fue el propio rey Alfonso XIII quien lo inauguró el 6 de abril de 1926. Hace noventa años, tres meses y dos semanas.

Puente de Hierro. Imagen de Marta Santofimia. Fuente: Minas de Sierra Morena

Si un gran acontecimiento internacional motivó su construcción, otro se encargó de su declive. La Exposición Universal de 1992 supuso una revolución urbana en la ciudad, tan sólo superada por la que se había realizado en 1929. El nuevo Puente de las Delicias asumió el tráfico de la zona y el Puente de Alfonso XIII quedó arrinconado, 'molestando' al tráfico portuario. No será hasta 1998 cuando se decida su desmontaje y posterior almacenaje en el Muelle de las Delicias y en agosto de 2003 se trasladó nuevamente a unos terrenos de La Raza donde fue montado con el objetivo de formar parte de una zona verde. La zona verde nunca se construyó y el puente se abandonó a su suerte. El próximo mes de agosto se cumplirán trece años de su sentencia. Pero no acabarían ahí las desgracias para tan simbólica estructura, por medio se redujo su protección de la categoría A a la B, sin explicaciones ni razones. Luego vendrían los robos de metal.

Puente de Ntra. Sra. del Pilar. Zaragoza

Quizás nunca debimos permitir que el Puente de Hierro fuera desmontado de su lugar original. Tal vez deberíamos haberlo utilizado como pasarela en otro punto de la ciudad (San Jerónimo, Parque del Guadaíra, Parque Riberas del Guadaíra para comunicar con la Olavide...) cualquier cosa antes que ver cómo se degrada sin que nadie haga nada por remediarlo. Bueno, nadie no, varias asociaciones llevan años luchando para reconocer la importancia de este elemento histórico, aunque sin mucho éxito por parte de las administraciones públicas. En prensa cada cierto tiempo se hace un repaso de los daños y abandonos sufridos, pero poco más. A nadie le importa.

Puente de Vizcaya. Bilbao

Otras ciudades sí han sabido conservar sus puentes de hierro. Ahí está el ejemplo del Puente de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, culminado en 1895 y construido por la empresa La Maquinista Terrestre y Marítima, la misma compañía que años más tarde levantaría el de Sevilla. Hoy luce completamente restaurado y tiene un uso peatonal. De finales del siglo XIX es también el Puente de Vizcaya, que une las localidades vascas de Getxo y Portugalete y que desde 2006 es Patrimonio Mundial de la Unesco (esa candidatura que tanto ansían algunos, esos mismos que luego permiten que el patrimonio se degrade sin acordarse de él salvo para la foto).

Detalle de la estructura del Puente de Vizcaya. Bilbao

Pero no hay que irse muy lejos para ver otra obra de ingeniería en hierro. El puente que cruza el cauce vivo del Guadalquivir entre Sevilla y San Juan de Aznalfarache sí fue restaurado y se conserva en su primitivo emplazamiento como nexo de unión entre las dos márgenes del río. Construido en 1930, sobrevive como único testigo (con permiso del Puente de Triana) de los diferentes puentes de hierro que se levantaron en Sevilla para el tráfico de vehículos y de trenes.

Puente de Hierro de San Juan de Aznalfarache. Fuente Consejería de Fomento y Vivienda

Por justicia patrimonial e histórica la ciudad debería recuperar sin más dilación el Puente de Hierro. No sé si la mejor opción es usarlo como elemento decorativo en un parque y menos en uno ubicado en una zona industrial de difícil acceso. Ha llegado el momento de que nos pongamos manos a la obra para recuperarlo y devolverle su función como puente, ahora como pasarela peatonal. Tenemos diez años para que se cumpla un siglo de su construcción, tiempo más que suficiente para decidir su ubicación, realizar un proyecto y reunir el dinero necesario para su montaje. Hagámoslo posible, no permitamos que otro bien más caiga en el olvido y desaparezca para siempre. Como ciudadanos no deberíamos consentir este atropello patrimonial.

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