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lunes, 14 de marzo de 2016

Proyectos eternos

Recreación del Mercado Puerta de la Carne. Imagen de la UTE encargada del proyecto


Este fin de semana saltaba la noticia de que los promotores del centro comercial y mercado gourmet del antiguo Mercado de la Puerta de la Carne se podrían plantear abandonar el proyecto ante la cantidad de problemas que se están encontrando para llevarlo adelante. Uno de los portavoces del proyecto aseguraba que en Sevilla se dilatan demasiado los proyectos por las tramas burocráticas a las que son sometidos y que eso puede hacer que las inversiones se marchen a otras ciudades.


Que los proyectos en Sevilla se eternizan es una verdad a la que llevamos asistiendo desde hace décadas. Quizás el ejemplo más significativo sea el Metro, iniciado en los años setenta, abandonado por extrañas circunstancias tras una inversión millonaria y recuperado treinta años después para construir únicamente una línea que es la que está en funcionamiento en la actualidad. Incluso la construcción de esta línea se dilató en el tiempo, se inauguró por fases y aún a día de hoy, casi siete años después de su inauguración, falta una estación por construir, la de Guadaíra. Del resto de líneas nada se sabe a pesar de la importancia de la existencia de una red que enlace con la línea actual. 

Pero no sólo estamos hablando del Metro. En septiembre de 2015 estaba prevista la inauguración de un gran auditorio en los terrenos del Puerto cuyas obras ni siquiera han empezado. Podríamos hablar también del Acuario, que se inauguró prácticamente con una década de retraso o de otros proyectos como la ampliación del Museo de Bellas Artes y la remodelación del Arqueológico. ¿Cuánto se lleva hablando del Museo Bellver? ¿Y de la Gavidia? ¿Y del Primark? Pasan los años y seguimos hablando de los mismos proyectos una y otra vez sin que la mayoría vean nunca la luz. Tirar de hemeroteca en Sevilla es bastante desolador en este tema.

Recreación del vestíbulo del Museo Arqueológico. Proyecto de Guillermo Vázquez Consuegra


¿Por qué pasa esto? Habría que matizar, y mucho, las circunstancias particulares de cada proyecto. El gran auditorio que se quiere construir en terrenos del Puerto es en realidad un macro centro comercial con un serio problema, tiene justo al lado unos depósitos de combustible que, por seguridad, cuestionan la idoneidad del propio proyecto. En el caso del Mercado de la Puerta de la Carne, estamos hablando de un edificio protegido que está en peores condiciones de lo que se pensaba, lo que ha obligado a presentar un modificado al proyecto original para invertir más dinero y asegurar la estructura. Evidentemente, todos estos cambios deben pasar por la Comisión de Patrimonio. Luego hay otros proyectos que se desinflan por sí solos como el de la antigua estación de Cádiz. También está el problema de las raquíticas arcas públicas y los cambios de gobiernos, que dejan un proyecto estrella para una Corporación en el cajón cuando llega la siguiente. ¿Alguien se acuerda del proyecto que pretendía construir una gran plaza pública sobre las vías de Santa Justa?

Al margen de los problemas burocráticos, financieros y de ideologías, hay dos problemas fundamentales que hacen que los proyectos se eternicen. En primer lugar está la propia fórmula que utilizan las administraciones a la hora de adjudicar proyectos favoreciendo siempre la oferta más barata. Básicamente esto se resume en que una administración licita un proyecto en una cantidad que se estipula es la necesaria y luego las empresas ofertan a la baja para conseguir el contrato. ¿Qué suele ocurrir? Pues que la cantidad por la que se licita es la cantidad necesaria para desarrollar el proyecto y al final, la oferta se transforma en modificados al alza que prolongan los trámites durante años. El último ejemplo es el Centro Turístico de Marqués de Contadero, que al final va a costar más de lo previsto. Llevamos años con este problema, ¿de verdad merece la pena seguir apostando por lo barato que al final sale siempre caro?

Recreación del Paseo Colón y Marqués de Contadero con el nuevo centro turístico


Y por último uno de los grandes escollos, en mi opinión, es el hartazgo de la propia ciudadanía. Cuando llevas toda tu vida escuchando hablar de un proyecto llega un momento en que si se lleva a cabo o no te da exactamente igual, porque sabes perfectamente que lo más seguro es que no se haga. Esto hace que los ciudadanos no exijan que se cumplan los plazos o se realicen los proyectos ya que están más que acostumbrados a que todo se haga tarde, mal o directamente no se haga. Si la ciudadanía participara de los proyectos y las administraciones velaran por su cumplimiento, tal vez las cosas se harían de otro modo. Por no hablar de que los proyectos siempre se venden como algo fundamental para el desarrollo de la ciudad pero luego no se hacen. Así no hay quién se ilusione con algo.

Está bien que un promotor de un proyecto se queje del tiempo que se tarda en dar luz verde a algo, pero también hay que tener en cuenta que muchas veces los proyectos no salen adelante precisamente por la forma en que se plantean, con presupuestos irrisorios o sin pensar en las necesidades de la ciudad. Quizás el ejemplo más reciente lo tengamos en el anuncio de la construcción de un gran centro comercial en Palmas Altas, el mayor de toda la provincia, que se sumará al que se quiere construir en los terrenos del Puerto y al que ya se está comercializando en la Torre Pelli. Tres centros comerciales más para una ciudad a la cabeza en las estadísticas de desempleo, con una renta per cápita de las más bajas del país y con un sector empresarial que lo apuesta todo al turismo y al sector servicios. ¿Son necesarios estos tres centros comerciales? Tal vez si se dilatan en el tiempo es porque la propia ciudad no puede asumirlos o no los necesita.