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lunes, 29 de febrero de 2016

Cultura de Sevilla en Madrid (I): Museo Cerralbo

Salón de baile del Museo Cerralbo

Los que me sigáis por Twitter sabréis que he estado unos días de viaje en Madrid. Hacía varios años que no iba a la capital y tenía muchas ganas de ver, visitar y conocer varios espacios. La experiencia ha sido única, con tantísimo que asimilar que llegaba momentos en los que el arte me sobrepasaba y no tenía más remedio que sentarme en un banco a pasar la borrachera artística. Como siempre que viajo, no puedo evitar establecer paralelismos entre aquello que visito y la ciudad donde resido. Por supuesto, es en el día a día donde se ven los problemas reales de una ciudad y cuando viajamos tendemos a quedarnos con lo más positivo, pero aún así, creo que de este viaje puedo sacar varias conclusiones que os iré contando en sucesivas entradas.


Galería perimetral del patio del Museo Cerralbo

La última parada del viaje fue, precisamente, la que más ganas tenía de realizar. Desde hace tiempo sigo en redes sociales al Museo Cerralbo, un espacio absolutamente maravilloso que a pesar de estar alejado de las masificaciones propias del Museo del Prado o el Reina Sofía, ha logrado crear una buena comunidad de cerralbianos gracias a su papel en redes sociales y a las actividades que organiza. El Museo se ubica en el palacete que mandó construir el marqués de Cerralbo, Enrique de Aguilera y Gamboa, en el siglo XIX como residencia familiar y espacio donde almacenar la amplísima colección atesorada por sus antepasados. El Museo se estructura en dos plantas y una sucesión de estancias a cada cual más espectacular, recreando cómo era la vida de la aristocracia y la burguesía madrileña de finales del siglo XIX y principios del XX. Si sorprendente es el palacio, más lo es la calidad de la visita: control de acceso para evitar aglomeraciones, personal amabilísimo que en todo momento atiende con una educación exquisita al visitante, paragüero y taquillas donde dejar prendas y bolsos, recorrido perfectamente indicado, una mínima cartelería que explica la función de cada una de las estancias sin interferir en su contemplación... Lo normal en un museo de estas características pero que en numerosas ocasiones brilla por su ausencia cuando visitamos algunos espacios.

Escalera del Museo Cerralbo

Salón comedor del Palacio Cerralbo

Al ser un museo atípico que recrea un estilo de vida, la información que se ofrece al visitante varía con respecto al concepto 'normal' que todos tenemos de museo. En el Cerralbo no hay una cartela por cada pieza o cuadro, incluso la disposición de las pinturas, esculturas y mobiliario puede resultar agobiante para el visitante acostumbrado a otro tipo de centros, pero estamos ante un museo diferente donde lo que se recrea es un ambiente concreto y cuyas obras de arte lo que hacen es reflejar la pasión coleccionista del dueño de la casa, que a su muerte legó edificio y contenido al Estado para que las colecciones "perduren siempre reunidas y sirvan para el estudio de los aficionados a la ciencia y el arte".

A lo largo del recorrido vamos descubriendo el lujo del que se rodeó el marqués de Cerralbo y cómo su residencia fue ideada para deslumbrar a sus invitados. El salón de baile es quizás la sala más espectacular de cuantas se construyeron, pero la armería, el vestidor del marqués, su despacho, la biblioteca o simplemente las galerías que rodean el patio principal del edificio, todas fueron construidas con una pompa y aparato cuyo único fin era mostrar el poder del anfitrión.

Techo de uno de los salones del Palacio Cerralbo

Visitando el museo, que me pareció absolutamente maravilloso, no pude evitar pensar en algunos espacios similares sevillanos. Por lo que se ha ido filtrando a la prensa, parece que la visita a la Casa de las Dueñas va a seguir un concepto similar al del Museo Cerralbo, con un recorrido libre por las estancias de la casa en las que se va a mostrar todo tal cual lo dejó la duquesa de Alba antes de morir. Personalmente pienso que este tipo de espacios se disfrutan mucho mejor de esta manera que por medio de visitas guiadas como ocurre en la planta superior de Casa de Pilatos, donde la aglomeración del propio grupo impide que el visitante pueda recorrer cómodamente las estancias y fijarse en aquello que más le interese sin necesidad de detenerse únicamente donde el guía se lo permite. Es una manera de agilizar la visita y mejorar la calidad de la misma, aunque evidentemente esto requiere un personal en cada sala que supone un mayor coste para el Museo.

Tampoco pude evitar comparar el Cerralbo con el Palacio de Lebrija de la calle Cuna, construido con unos fines similares de exposición de una colección. Sin embargo, lo que en Cerralbo es una muestra de buen gusto, con piezas exquisitamente expuestas, en Lebrija se torna en desorden y acumulación, por no hablar de la mala conservación de piezas y estancias. Como he dicho en muchas ocasiones, no basta con abrir un espacio al público y cobrar una entrada, hay que ofrecer una serie de servicios y, sobre todo, contar con un plan de gestión del propio espacio que incluya la conservación de las colecciones y del propio edificio, así como la relación con el público. La actualización y renovación es fundamental para ofrecer un producto de calidad, sólo hay que ver el movimiento que el Museo Cerralbo tiene en twitter, con más de 20.000 seguidores, o su completa página web, para ver cómo un museo relativamente pequeño puede abrirse a las nuevas tecnologías y generar una comunidad de seguidores fieles.

Cuadro de Alonso Cano expuesto en las salas del Museo Cerralbo

Termino el post recomendando encarecidamente la visita al Museo Cerralbo, una joya que nos habla de un momento determinado de nuestra historia y de una forma de entender la vida en un período convulso de la historia de España en la que la aristocracia se  resistía a perder el poder que durante siglos había tenido. La visita al Museo Cerralbo es toda una experiencia y un ejemplo de buen gusto y saber hacer en cuanto a la gestión de un espacio museístico.