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jueves, 16 de julio de 2015

La capilla de San José, un eslabón más en la cadena del patrimonio en peligro

Presbiterio de la Capilla de San José de la calle Jovellanos

La reciente inclusión de la Capilla de San José en la Lista Roja de Patrimonio en Peligro elaborada por la Asociación Hispania Nostra ha vuelto a hacer saltar las alarmas en torno a este bello y delicado templo barroco. La noticia recuerda a la sombra que durante años planeó sobre la ciudad por la supuesta amenaza de la Unesco de introducir a Sevilla en la Lista Negra de la organización internacional por la construcción del rascacielos de la Isla de la Cartuja. A pesar de que la amenaza real de formar parte de dicha lista fue bastante relativa, no faltaron los titulares alarmistas en todos los medios locales, en las televisiones nacionales e incluso el entonces alcalde consideraba una gran ofensa la mera posibilidad de entrar en la Lista. En aquél momento, ni el Alcázar, ni la Catedral ni el Archivo de Indias corrían un peligro tangible y real, pero se alarmó a la ciudadanía para fomentar el rechazo hacia el rascacielos. Ahora el peligro es evidente para este Bien de Interés Cultural cuyo riesgo de desaparición es real al estar desapareciendo sus pinturas murales por efecto del hollín depositado tras el incendio que padeció en 1931. A pesar de haber entrado en esta Lista Roja, los medios han pasado bastante de puntillas por el asunto y por supuesto no ha habido declaraciones institucionales. Digamos que no es una noticia de interés.


El problema es que lo que está sucediendo en la capilla de San José no es un hecho aislado. Está ocurriendo lo mismo en la iglesia de San Lázaro, en la de Santa Catalina, en la Magdalena, en San Bartolomé, en el convento de San Leandro, en el de Santa Clara, en el Pabellón de Hungría de 1992, en la Casa Luca de Tena, en el Teatro Cervantes, la Casa de la Moneda, el Museo Arqueológico, la Casa del Pumarejo y tantos otros edificios sevillanos. Quizás la situación de San José sea de las más alarmantes, pero no es más que otro eslabón en la larga cadena de un patrimonio que desaparece día a día sin que hagamos lo suficiente por salvarlo.

Sin duda ha llegado el momento de actuar, de tomar cartas en el asunto y de plantear soluciones a un problema demasiado enquistado en Sevilla. No podemos seguir actuando a base de urgencias, de esperar a que algo esté prácticamente en ruinas para llevar a cabo una costosísima intervención de la que nadie quiere hacerse responsable. Esas cosas ocurren una vez en la vida, pasó con el Salvador, pero es complicado que vuelva a ocurrir debido a la situación económica que estamos atravesando. ¿Qué se puede hacer entonces? Lo primero es educar en la salvaguarda del Patrimonio, debemos ser conscientes de lo que tenemos para evitar que se sigan ejecutando desmanes histórico artísticos. Sin duda una herramienta fundamental podría ser la creación de una Fundación participada por Instituciones y entidades como el Arzobispado donde una serie de profesionales (importante este punto, profesionales, no políticos, no cargos puestos a dedo) elabore un inventario del Patrimonio en peligro, plantee medidas urgentes de actuación, se encargue de coordinar las intervenciones y sirva de interlocutor a la hora de conseguir fondos. Siempre será mucho más eficiente una única voz que tener que leer cada día en los periódicos que determinada parroquia no tiene dinero para restaurar un retablo o que 'x' convento tiene parte de su techumbre hundida. La participación de todas las administraciones, así como de las universidades es fundamental para avanzar en la recuperación de nuestro patrimonio al mismo tiempo que se agilizarían las licencias de obras o incluso se contaría con profesionales del sector universitario. Otra medida que se podría llevar a cabo sería la organización de visitas 'abierto por obras' para que la ciudadanía pudiera conocer, previo pago, lo que se está restaurando, de modo que viva una experiencia única mientras contribuye a sufragar la obra que está visitando.

La colaboración entre instituciones es primordial a la hora de proteger nuestro patrimonio. Su salvaguarda debería ser una prioridad para cualquier administración y los ciudadanos deberíamos ser bien conscientes de lo que podemos llegar a perder. La creación de una entidad encargada única y exclusivamente de este cometido es una herramienta que ha funcionado con éxito en otras ciudades, comunidades autónomas y países, tan sólo hace falta voluntad e interés. La apuesta por nuestro patrimonio traería grandes beneficios a la ciudad a nivel de formación de profesionales, aparición en revistas especializadas, participación en congresos, publicaciones e incluso, quién sabe, en el desarrollo de nuevas técnicas y tecnologías aplicadas a la restauración y conservación. No permitamos que lo que está ocurriendo en la capilla de San José sea un titular más, empecemos a tomar soluciones para evitar que se repitan este tipo de situaciones.


> Ficha de la Capilla de San José en la Lista Roja de Patrimonio en peligro de Hispania Nostra (enlace)

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