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lunes, 20 de abril de 2015

El Monasterio de San Jerónimo reabre como Centro Cívico

Nuevo volumen del centro cívico adosado al claustro del Monasterio

Diez años han pasado desde que se iniciara el proyecto de construcción de un nuevo centro cívico que recuperase los restos del Monasterio de San Jerónimo para la ciudad de Sevilla. Una década que se ha hecho eterna para los habitantes del barrio pero que apenas supone un brevísimo intervalo de tiempo para un edificio con seiscientos años de historia. Coincidiendo con la inauguración del Centro Cívico Monasterio de San Jerónimo 'José Luis Pereira' se ha organizado una fantástica semana cultural en la que además de celebrarse diferentes conciertos se ha podido conocer la historia del edificio a través de las personas que más han trabajado en él como el arquitecto José Garcia Tapial, autor junto con Fernando Sánchez Navarrete del proyecto de rehabilitación y construcción del centro cívico o el arqueólogo Florentino Pozo y el historiador Andrés Luque que habló hace unos días sobre Pietro Torrigiano.


Vestíbulo de acceso al centro cívico

Fue un 11 de febrero de 1414 cuando se producía la Consagración canónica del edificio, una de las grandes casas monásticas con las que contó la ciudad de Sevilla durante la Edad Moderna. El primitivo monasterio gótico y mudéjar sería completamente remodelado durante el siglo XVI dándole una nueva apariencia renacentista que es la que conserva en gran parte a día de hoy. La relación de este monasterio con la Monarquía española viene desde sus orígenes cuando fue fundado por un grupo de monjes oriundos del monasterio de Guadalupe. Serán múltiples los monarcas que pernocten en San Jerónimo antes de realizar su entrada triunfal en la ciudad de Sevilla. Los Reyes Católicos estuvieron en San Jerónimo, pero también Carlos V y Felipe II. De hecho, según García Tapial, los primeros bocetos de la reforma renacentista podrían haberse debido al maestro mayor del emperador, Diego de Riaño, que realizaría unos planos para el monasterio del mismo modo que luego colaboró en las Casas Consistoriales y en la Catedral siguiendo la idea de Carlos V de que la arquitectura mudéjar no era digna de una ciudad cosmopolita como Sevilla donde se celebraron sus bodas con la emperatriz Isabel de Portugal.

Sala anexa al claustro


La intervención llevada a cabo por García Tapial y Sánchez Navarrete ha consistido en la reconstrucción de parte de los volúmenes que rodeaban el claustro, devolviéndole su función como elemento distribuidor. Así, las puertas cegadas que existían en el claustro vuelven a servir de acceso a las diferentes estancias del centro cívico, incluso estas salas ocupan el mismo espacio que tuvieron las desaparecidas como la Sala Capitular, la escalera o el refectorio. De este modo se cumple un doble objetivo, se pone en valor el claustro como elemento principal del edificio y se abraza la arquitectura renacentista para evitar que se siga deteriorando ya que al desaparecer todo el edificio las bóvedas del claustro no tenían donde apoyarse.

Zona oeste del Claustro, apuntalada y cubierta con lonas

Claustro del Monasterio 
San Jerónimo cuenta ya con un gran centro cívico pero las obras no han terminado ni mucho menos. Queda por recuperar el elemento más importante, el claustro, cuyos muros y bóvedas han padecido la ruina del resto del conjunto y tienen graves problemas estructurales debido a su cimentación. La consolidación, limpieza y restauración del claustro es la gran asignatura pendiente de los próximos años, una tarea que no debe abandonarse para evitar que el deterioro vaya a más y posibilitar, al fin, que el Monasterio de San Jerónimo goce de un óptimo estado de salud. Otro trabajo pendiente es la recuperación de los jardines aledaños al monasterio, unos espacios que un su día estuvieron ocupados por edificaciones de gran importancia como la iglesia y que ahora pueden cumplir una nueva función como espacio de recreo para el barrio.

Solar que ocupaba la iglesia del Monasterio

La iglesia es sin duda uno de los elementos más interesantes del conjunto a pesar de que no se ha conservado prácticamente nada de ella. Por sus ruinas llama poderosamente la atención su gran altura en comparación con el escaso desarrollo de su nave. En la actualidad podemos ver parte de la nave lateral derecha, la conocida como de la Epístola, donde se conservan los cinco tramos con que contó el templo, los dos de los pies donde se aprecia el arranque de la bóveda que sostuvo el coro, el cuerpo central donde estaría el crucero y los dos tramos más próximos a la cabecera, cuyos cimientos han podido ser excavados documentándose un desarrollo poligonal similar al de otros templos góticos sevillanos (San Isidoro del Campo, San Andrés, Santa Marina).

Detalle del arranque del coro alto de la iglesia, hoy desaparecido

Nave de la Epístola de la iglesia del Monasterio, hoy desaparecida

Si bien el resto del monasterio, o al menos lo que conservamos de él, se fue derribando conforme avanzaban las obras renacentistas, en la iglesia se llevó a cabo un proceso de enmascarado de la estructura gótica con una nueva piel renacentista. La ruina del edificio (en el siglo XIX esta zona fue ocupada por una fábrica de vidrio que padeció un gran incendio y destruyó la iglesia) nos permite ver esa doble piel, sobre todo en el arranque de los arcos del crucero donde es perfectamente visible la arquitectura gótica anterior y la remodelación renacentista, que según García Tapial se podría haber parecido a la iglesia de la Anunciación. Este paralelismo, unido a la similitud entre la torre y la propia Giralda ha llevado a los expertos a plantear que fuera Hernán Ruiz II el que llevara a cabo parte de las obras de remodelación del edificio siendo la torre de San Jerónimo un ensayo que posteriormente se plasmaría en su obra principal, el campanario de la Giralda. Otros espacios del monasterio como la bóveda de la escalera que llevaba al coro alto de la iglesia también han sido atribuidos a este mismo arquitecto.

Detalle del crucero de la iglesia

Torre de San Jerónimo, atribuida a Hernán Ruiz II

El Monasterio de San Jerónimo fue uno de los más poderosos de Sevilla. El apoyo expreso de la Monarquía atrajo a multitud de familias adineradas que permitieron el desarrollo artístico y monumental de un edificio que tras la Desamortización de 1835 se vio sumido en una lenta agonía que durará hasta los años ochenta del pasado siglo XX. Fábrica de vidrio, cebadero de cerdos, casa de vecinos y por último domicilio particular fueron algunos de los usos que tuvo San Jerónimo durante los siglos XIX y XX. El último episodio perjudicial para el edificio fue el terremoto de 1969 en el que parte del claustro se vino abajo siendo reconstruido de manera superficial tal y como se puede comprobar en determinados arcos y bóvedas anejas a la torre.

Restos del refectorio principal del Monasterio

San Jerónimo llegó a contar con dos claustros (el de Legos ha desaparecido y ocupaba el solar que sirve hoy de acceso) y dos refectorios, ambos arruinados. El primer refectorio, el de Legos ha sido reconstruido en volumen y acoge diferentes aulas del centro cívico, el otro se abre al jardín y conserva decoración de yeserías que ahora están al aire libre pero que en su día formaron parte de la ornamentación del lugar donde comían los monjes. Viendo este refectorio nos podemos hacer una idea de cómo estaba el monasterio antes de la construcción del centro cívico, no era más que la caja del claustro, con todos los muros al aire libre.

Yeserías y púlpito de uno de los refectorios, hoy desaparecido

Puerta de acceso a la escalera principal

El proyecto de García Tapial y Sánchez Navarrete planteaba una actuación de mayor envergadura. El acceso tendría lugar por la calle Cataluña, que se alargaría hacia el río para permitir que los vecinos entraran al centro cívico por la zona de la iglesia cuyos muros y pilares se reconstruirían por medio de vegetación para que el visitante pudiera hacerse una idea de cómo era el templo. Posteriormente se accedería al claustro desde el que se iría distribuyendo al público a las diferentes estancias y espacios. Finalmente la entrada se ha habilitado por la calle Riopiedras a través del edificio contemporáneo donde se ha ubicado el núcleo principal de comunicación entre las diferentes plantas. En la zona suroeste del edificio se ha reconstruido la caja de escaleras original de la que se conservaban apenas unos escalones. Para cubrir este espacio se ha optado por una bóveda de crucería atendiendo a las huellas conservadas en los muros de la escalera.

Escalones originales recuperados en la escalera principal del Monasterio

Puerta de acceso a la antigua Sala Capitular

La Sala Capitular era uno de los espacios más importantes de cualquier monasterio ya que desde ella se dirigía todo el conjunto, que incluía posesiones más allá del territorio físico del monasterio. El papel de este monasterio fue tan importante que desde aquí se dirigió el Monasterio de San Isidoro del Campo tras el foco reformista vivido a finales del siglo XVI. Esta sala también ha sido reconstruida en su volumen original y además ha sido cubierta de nuevo con bóvedas de crucería siguiendo el mismo criterio que en la contigua escalera monumental. El resultado es una sala contemporánea que incorpora elementos característicos del uso que tuvo hace quinientos años.

Antigua Sala Capitular reconstruida

Fresquera subterránea reconstruida

Antes de subir al piso superior donde es más evidente la intervención contemporánea, no podemos dejar de visitar una de las bodegas subterráneas aparecidas durante la fase de excavaciones arqueológicas. Este espacio se utilizaría como lugar de almacenamiento de alimentos y su bóveda de cañón rebajada también ha sido reconstruida aprovechando los arcos conservados.

Corredor de acceso a aulas en planta alta

La planta superior es quizás la que más choque al visitante por su carácter contemporáneo. Personalmente, mi primera impresión hace unos años cuando visité el edificio aún en obras no fue nada positiva, pero tras conocer el proyecto de boca de su autor, García Tapial y entender el por qué se ha hecho lo que se ha hecho, mi visión del proyecto ha mejorado bastante, aunque sigo sin comprender determinadas actuaciones como que las vigas de hormigón se encastren en los muros de ladrillo. Se han conseguido unos espacios diáfanos magníficos, pero ese choque entre lo contemporáneo y lo conservado me parece demasiado abrupto. Al igual que en planta baja el proyecto busca recuperar los volúmenes originales y permitir la visión del elemento principal, el claustro, en todo momento. Dos galerías comunicadas por la escalera moderna albergan los espacios del centro cívico: aulas a un lado y una gran sala polivalente en el otro.

Sala de Lectura, ahora utilizada como sala de conferencias

Sin duda esta sala polivalente es uno de los grandes logros del nuevo edificio. En planta ocupa el espacio de varias celdas (de ahí las puertas que dan al claustro) y lo que podría haber sido el Archivo del monasterio. La intervención planteaba que esta sala fuese ocupada por la Biblioteca y sala de Lectura, de ahí que el techo tenga un gran lucernario que recorre toda la sala y permite que la luz penetre a raudales. El día que se tomaron estas fotografías estaba nublado, eran las ocho de la tarde y seguía entrando luz sin necesidad de que se encendieran los focos de la sala.

Lucernario de la Sala de Lectura

Zona donde se ubicaban las celdas de los monjes

Al fondo de la sala se observan las puertas de acceso a las celdas de los monjes así cómo pequeñas hornacinas donde podían poner sus pertenencias a modo de armarios. Para ganar espacio estas pequeñas celdas no han sido reconstruidas, sino que se ha dejado un gran espacio diáfano que finalmente no ha sido ocupado por una sala de lectura, sino que se ha destinado a espacio de conferencias. Habrá que ver si en un futuro alberga el destino para el que fue diseñado.

Hornacina de una de las celdas de los monjes

Galería alta del claustro con los arcos reforzados

Culminamos el recorrido con un vistazo a las galerías altas del claustro, que no son visitables por el riesgo de ruina. Tal y como se observa en las fotografías los arcos han sido reforzados con abrazaderas metálicas para evitar el desplome de las dovelas. En estas imágenes se puede comprender perfectamente el daño que ha supuesto para el edificio la desaparición de los volúmenes anejos al claustro. Estos arcos transportan las cargas hacia el muro exterior, que a su vez se apoyaba en las bóvedas y cubiertas de los espacios del monasterio. Al desaparecer estos espacios, el arco está ejerciendo una presión hacia un muro que no tiene apoyo en ningún sitio, lo que provoca que el arco se vaya abriendo y termine cayéndose. La construcción del nuevo edificio abraza el claustro y evita el desplome, pero a su vez ha hecho que los asientos del claustro se vuelvan a modificar por lo que la restauración del mismo es una tarea fundamental y urgente.

Claustro desde la galería superior con la zona que sigue en obras cubierta por reproducciones de los cuadros de Valdés Leal

El Monasterio de San Jerónimo reabre al público para beneficio de los vecinos del barrio (auténticos protagonistas de esta recuperación) y de Sevilla en general. Con la apertura de este centro cívico Sevilla gana un centro cultural de gran relevancia, pero también recupera parte de su historia y uno de sus edificios más importantes.

Galería superior del claustro

Horarios e información del Centro Cívico aquí
Más imágenes del Claustro en nuestro reportaje de hace dos años (enlace)

4 comentarios:

Lourdes dijo...

Me ha gustado mucho la historia del edificio y tu clara explicacion Sergio. Un edificio recuperado para Sevilla con muchos años a sus espaldas. Gracias

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias, Lourdes. Ahora toca disfrutarlo y reivindicar que se restaure el claustro :)

Un saludo!

Isaac Chalmain dijo...

Magnífica entrada, con una documentación rigurosa y un punto crítico que siempre se agradece. ¡Enhorabuena! Deseando visitarlo.

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias, Isaac. Espero que puedas visitarlo pronto y te guste el resultado de la intervención.

Un saludo!