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viernes, 6 de febrero de 2015

#ToquemosMadera: Plaza Cristo de Burgos, 17 y 29

Plaza del Cristo de Burgos, 17

La Plaza Cristo de Burgos conserva, en gran parte, ese sabor decimonónico que tanto abunda en la vecina Cádiz. De hecho, es posible observar, salvando las distancias, cierto aire a la plaza de Mina de la capital gaditana con el recinto ajardinado en su parte central y el caserío del siglo XIX alrededor. Si bien se han perdido algunos edificios más cercanos a la iglesia de San Pedro, el resto de la plaza es un remanso de paz en mitad del centro histórico que conserva en buena medida su esencia.



Plaza del Cristo de Burgos, 29

La plaza es el resultado de un proyecto urbanístico de mediados del siglo XIX, cuando se decide derribar la antigua fábrica de tabacos, que en esos momentos se utilizaba como cuartel. Al derribar el edificio se unieron físicamente dos plazas ya existentes, la de San Pedro y la del Cristo de Burgos. Se lleva a cabo entonces una reurbanización de toda la plaza construyéndose un nuevo frente de viviendas burguesas de tres plantas con sus característicos cierres metálicos en los balcones de la planta principal. Años más tarde se levantará algún edificio regionalista como el desaparecido de Juan Talavera y Heredia que construyó para Rafael Lamadrid en 1912 en el solar que hoy ocupa el Colegio de Arquitectos. 

Hoy nos queremos centrar en los dos edificios que presentan un peor estado de conservación en esta bella plaza. En el número 29 se están llevando a cabo labores de rehabilitación en la actualidad por lo que es probable que más pronto que tarde veamos el resultado de la intervención. El otro, el número 17, es el de la imagen que encabeza la entrada. Se trata de una bellísima casa construida por José Espiau como residencia particular, muy maltratada por el paso del tiempo, pero que, en su decadencia, guarda un atractivo singular. Este edificio, que rompe completamente la racionalidad de la plaza, destaca no sólo por su menor altura, sino por el retranqueo de su regionalista fachada y por la bella decoración que se resiste a desaparecer de sus cornisas y antepecho del balcón principal, hoy cegado.

1 comentario:

Gretka dijo...

El número 17 me tiene enamorada desde la primera vez que lo vi. ¡Ay, lo que haría yo si tuviera dinero con ese sitio!