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miércoles, 7 de enero de 2015

¿La última Navidad?



Acaba de terminar la Navidad y mientras se apagan las luces y se retiran los adornos empieza la cuenta atrás para el próximo acontecimiento local. ¿La Semana Santa? ¿La Feria? No, las elecciones municipales. Como cada año electoral, durante los próximos meses los ciudadanos seremos bombardeados con todo un abanico de promesas y proyectos utópicos que jamás verán la luz (¿os acordáis de la pista de esquí en Los Bermejales?) pero lo más interesante será ver cómo queda configurado el nuevo Ayuntamiento a partir del mes de junio. Juan Ignacio Zoido se enfrenta, por primera vez, al veredicto de la ciudadanía, que tendrá en su poder decidir si este mandato ha merecido una segunda oportunidad o si por el contrario, hace falta airear los salones de las Casas Consistoriales y abrir las puertas a otros modos de entender la ciudad y su gestión.

Sin duda, la Navidad ha sido la gran apuesta del  actual equipo de Gobierno, desde el primer año se apostó por renovar la iluminación de las calles, crear una serie de mercadillos en diferentes puntos del centro histórico y lo más llamativo, el mapping, un proyecto que ha conseguido reconocimiento internacional y que ha logrado un buen número de adeptos. A día de hoy parece que Sevilla no pueda vivir sin su mapping navideño. ¿Qué pasará si Zoido no vuelve a ser alcalde dentro de unos meses? ¿Nos robarán la Navidad?


Dice el refrán que es de bien nacidos, ser agradecidos. Si algo funciona, no parece muy inteligente borrarlo de un plumazo y la verdad es que el Mapping y el producto creado en torno a las Navidades en Sevilla ha funcionado muy bien, por lo que sea quién sea el que gobierne a partir de junio, es una apuesta que debería mantenerse. Pero quizás con algunos cambios. El mapping es todo un éxito, pero la ubicación no puede ser más inadecuada, no sólo por los problemas de aglomeraciones que provoca con la consiguiente interrupción del tranvía, sino porque la Plaza de San Francisco, por muy bella que sea, no da para más. El mapping se ve regular y no hay perspectiva suficiente ni espacio para disfrutarlo en condiciones. Ya se apunta a una alternativa, la Plaza de España, como futuro emplazamiento para el mapping. Desde luego es un espacio muy a tener en cuenta, con mejores accesos y mayor amplitud, incluso se podría alternar la proyección de imágenes en su fachada con otro tipo de elementos que le den originalidad a un producto que poco más puede aportar por su propia configuración. Hay que innovar para crear productos atractivos.

En segundo lugar, nadie puede negar que la iluminación navideña ha ganado puntos en estos últimos años. Habría que echar cuentas para ver su rentabilidad y si el gasto es mayor o menor, pero desde el Ayuntamiento se ha apostado por mejorar la estética de las calles (sobre todo en el Centro, quizás el gran fallo de unas Navidades excesivamente centradas en el Casco Histórico) y el resultado ha convencido a los sevillanos. Lamentablemente esa estética no se ha guardado en los mercadillos que ocupan la Encarnación o la Alameda, con tenderetes de dudoso gusto, animales por doquier, trenes que pasan por donde no deberían de pasar, carpas de plástico y churrerías, muchas churrerías. El que haya visitado otras ciudades europeas durante las Navidades sabrá que los mercadillos navideños son algo muy común (no hemos inventado la pólvora), pero normalmente se apuesta por un diseño cuidado y una estética agradable, precisamente dos aspectos que brillan por su ausencia en Sevilla.

Como toda idea, la celebración de la Navidad en Sevilla tiene sus cosas buenas y sus cosas mejorables. Sería interesante, por ejemplo, crear un paquete cultural que incluyera la programación cultural de estos días (ballet y conciertos en Fibes o el Maestranza, por ejemplo) para hacer de esta temporada un verdadero paquete de interés más allá de nuestra ciudad. Madrid y Barcelona tienen su cuota de pantalla en las noticias asegurada, a las demás ciudades nos cuesta más por lo que hay que cuidar hasta el más mínimo detalle. Sevilla olvida rápido este tipo de eventos y no sería la primera vez que se intenta crear un producto navideño (¿recordáis el Festival EntreCulturas) por lo que la perseverancia y la apuesta firme por la calidad debería ser un compromiso de nuestro Ayuntamiento, gobierne quien gobierne.

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