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viernes, 12 de septiembre de 2014

Sevilla oculta: Pureza decimonónica


En Sevilla son muchos los edificios que han ido perdiendo su identidad a lo largo de los años debido a las remodelaciones a las que son sometidos, por no hablar de la destrucción sistemática de tantísimo patrimonio. Por ello resulta de lo más ilusionante encontrarte de vez en cuando pequeños tesoros que subsisten como pueden, ajenos al paso del tiempo, conservando parte de su historia aunque sea bajo una capa de polvo.


Imagen de Reyes Católico en 1890 con el edificio a la derecha antes de que se le añadiera una tercera planta

Es el caso de este edificio que hace esquina entre el Paseo Colón y la calle Reyes Católicos, un edificio de viviendas construido en la segunda mitad del siglo XIX en este elegante paseo (ay, ¡cómo ganaría esta calle si se reurbanizara en condiciones!) al que se le añadió un tercer piso ya en el siglo XX siguiendo la misma estética de la centuria anterior.

Zaguán de acceso con yeserías en las paredes

El elegante y sobrio zaguán nos habla de una época previa al estallido colorista y cerámico de la Exposición Iberoamericana. Zócalos y paredes se decoran con yeserías realizadas con molde que cubren todo el espacio entre el suelo y los altos techos, adornados únicamente con una sencilla moldura. Nada que ver con las ricas entradas de los edificios que empezarán a construirse apenas unos años más tarde.


El centro del edificio lo ocupa un amplio patio de planta octogonal con arcos de medio punto que recaen sobre columnas de orden toscano. De nuevo encontramos en este espacio una sencilla decoración, en tonos grises, que recuerda en su bicromía a la famosa intervención de Miguel Ángel en la iglesia florentina de San Lorenzo. 


Las diferentes plantas del edificio se abren a este patio por medio de un corredor que comunica las viviendas y las dos escaleras, la principal y la de servicio. El hecho de que la decoración sea la misma en todas las plantas invita a pensar en una remodelación realizada ya en el siglo XX cuando se construye el tercer piso, si bien también podría tratarse ésta de una copia de lo ya existente.


Al margen de cada una de las viviendas, en las que sus propietarios habrán ido añadiendo y quitando detalles, lo realmente interesante es que se conserve gran parte de la estructura y de la decoración original del edificio, sin muros cortina, aplacados de mármol, estucos ni vigas de acero corten. La esencia del edificio se ha mantenido con el paso de las décadas y eso es precisamente lo que le otorga valor al mismo.

Decoración palladiana en la escalera principal

Quizás el edificio necesite alguna que otra restauración, pero es un magnífico ejemplo de esa Sevilla que vamos perdiendo día a día sin que nos demos cuenta. Su decoración no eclipsará a la de la Casa de Pilatos o a la de otros edificios por todos conocidos, pero es testigo de una época y permanece prácticamente inalterado desde hace más de ciento veinte años. Este es el patrimonio desconocido que merece nuestra atención y respeto porque cada vez queda menos. Siempre defenderemos que el patrimonio, para seguir existiendo, tiene que estar vivo y adaptarse a los nuevos tiempos, pero no es menos cierto que nosotros también tenemos mucho que decir en cuanto a la conservación de esos elementos que hacen de un edificio algo especial.


4 comentarios:

Lola Rubio dijo...

Sin palabras, paso a diario y no tenía ni idea. Gracias, maravilla de blog y de artículo!

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias, Lola.

¡Un saludo!

Isaac Chalmain dijo...

Bellísimo patio, de una pureza de líneas sorprendente. Gracias por darnos a conocer estos bellos y sugestivos rincones de nuestra ciudad.

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias, Isaac.

¡Saludos!