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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Sevilla oculta: Pabellón de México de 1929


La 'X' como símbolo nacional es la base de los dos pabellones con los que México presentó su cultura en las dos grandes exposiciones internacionales que se han celebrado en Sevilla. El motivo es más que evidente en el pabellón de la Exposición Universal de 1992, pero en el caso de la Iberoamericana de 1929 el arquitecto jugó con la planta del edificio para plasmar sobre el terreno dicho símbolo.




Cuando en 1925 México decide participar en la Exposición Iberoamericana se convoca un concurso de ideas para construir un edificio que, en principio, debía ser efímero, pero que posteriormente se planteó como permanente. Manuel María Amábilis Domínguez fue el arquitecto que ganó el concurso, contando con la colaboración de Leopoldo Tommasi López y Víctor Manuel Reyes, que se encargarían de la decoración escultórica y pictórica del edificio respectivamente.


Serpientes que representan al dios Quetzalcoatl

Como no podía ser de otro modo, en pleno auge de las corrientes nacionalistas, el Pabellón de México fue el resultado de la suma de diferentes elementos característicos de las culturas prehispánicas, copiándose elementos decorativos de mayas, toltecas y aztecas como las dos serpientes que representan al dios Quetzalcoatl en la entrada, los relieves que decoran los muros haciendo referencia a los templos y edificios mayas o las dos figuras de Chac Mol recostadas sobre la fachada principal y que están tomadas de Chichén Itzá, la mítica capital maya.


Si bien el exterior del edificio se ha conservado en gran medida, incluyendo la bella fuente que decora los jardines posteriores, el interior ha sufrido profundas remodelaciones que han distorsionado el riquísimo sentido iconográfico con que fue diseñado el Pabellón. En parte debido a la inestabilidad del suelo donde se asienta y a los cambios de uso que ha tenido el edificio durante las últimas décadas, gran parte de la decoración arquitectónica, escultórica y pictórica se ha perdido. Sí se conservan los vitrales de vivos colores, el escudo central que corona el patio cubierto (que en su día fue la sala principal del Pabellón) y elementos aislados como las esculturas de las escaleras o la forja de las bellas barandillas del piso superior y de la puerta principal. La explosión colorista de exaltación patriótica que en su día debió superar a la del Pabellón de Argentina, ha sido sustituida por blancos muros, despachos y aulas de la Universidad de Sevilla.


Como en el resto de pabellones de la Muestra, México utilizó su edificio en clave propagandística para enseñar en Europa lo mejor de su cultura y su arte, pero también para presentarse ante el mundo como una nación moderna que afrontaba una nueva etapa tras su independencia.

Guerrero indígena en la escalera principal
Tras la clausura de la Exposición Iberoamericana de 1929, el edificio fue cedido al Estado que a su vez se lo entregó al Ayuntamiento. El destino elegido para el pabellón fue un centro maternal, inaugurado en los años cuarenta. El paso del tiempo, el abandono que había sufrido y las obras llevadas a cabo para acoger el hospital se llevaron por delante parte de la decoración del edificio, que nuevamente fue abandonado unos años más tarde hasta encontrarse en un estado lamentable en los años ochenta, cuando pertenecía a la Policía Local. Finalmente fue cedido a la Universidad de Sevilla que llevó a cabo una profunda labor de rehabilitación del edificio respetando algunos de los elementos que aún se conservaban y devolviéndole parte de su esplendor perdido.

Vidriera con el escudo nacional de México

Fuente y más información e imágenes en Blog de la Exposición Iberoamericana de 1929 (enlace)

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