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jueves, 3 de julio de 2014

José Espiau y Muñoz brilla como nunca en la calle San Gregorio


El sector de la construcción parece reanimarse poco a poco en Sevilla y mientras algunos proyectos ponen en jaque el patrimonio de la ciudad, en otras ocasiones la rehabilitación y limpieza de fachadas están dejando un nuevo y brillante colorido en las calles del centro histórico.




Es el caso de este llamativo edificio de la calle San Gregorio, 4. Se trata de un edificio de 1910 diseñado por José Espiau y Muñoz (el mismo que realizará el Hotel Alfonso XIII) y que hasta ahora había estado pintado en un color amarillento. La limpieza de su fachada incluye un nuevo color crema, más cercano al blanco, que hace resaltar la cerámica vidriada en tonos verdes y bronce que decora muros y balcones. Los inicios de la década de 1910 serán un momento crítico en la arquitectura sevillana pues el Modernismo está dando sus últimos coletazos antes de la irrupción del Regionalismo, el estilo que triunfará gracias al Concurso de Casas Sevillanas y la Exposición Iberoamericana. Este edificio puede situarse en ese paso entre ambos estilos, con una tipología que anuncia algunas características del Regionalismo de Espiau pero que aún se asienta en los postulados del Modernismo.


Precisamente este nuevo colorido recuerda al empleado en el edificio de Seguros Santa Lucía en la paralela Avenida de la Constitución, un edificio con el que comparte muchas características decorativas. De hecho, el gran edificio de la avenida de la Constitución llegó en su día hasta la capilla de Santa María de Jesús, siendo mucho más monumental, pero el conocido desarrollismo de los años 60 y 70 derribó esta parte del edificio para ser sustituido por el actual bloque de viviendas con buhardillas y portada neobarroca. Curiosamente el edificio de la calle San Gregorio que encabeza esta entrada no era más que una de las fachadas traseras del gran edificio Santa Lucía que se salvó de la piqueta convirtiéndose en un edificio independiente tras el derribo. A día de hoy ambos edificios, construidos para Juan Bautista Calví, son independientes, pero al pintar ambas fachadas del mismo color se recupera simbólicamente su relación.


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