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sábado, 18 de enero de 2014

La librería Beta se enroca en la calle Sierpes

Librería Beta Imperial. Foto de Gregorio Barrera para El Correo de Andalucía

Dice el Presidente del Gobierno que la economía española está empezando a mejorar y que la crisis es cosa del pasado. Aunque los ciudadanos de a pie seamos incapaces de percibir esa mejoría en nuestros bolsillos, parece que sí que están cambiando las cosas. Sólo hay que fijarse en el número de obras que se han reiniciado en la ciudad. Durante años las grúas fueron poco más que soportes para nidos de cigüeñas pero en el último año las cubas y las hormigoneras han regresado a nuestras calles.

Otro ejemplo puede ser la mudanza de la Librería Beta Imperial. Cuando cerró el Teatro Imperial allá por 1999 muchos se preguntaron qué uso acogería el emblemático edificio construido a principios del siglo XX y si pasaría a engrosar la lista de teatros reconvertidos en tiendas de ropa low cost. Un soplo de aire fresco recorrió la calle Sierpes cuando Beta anunció que el antiguo teatro sería el buque insignia de la cadena de librerías. Llegaron las obras, se remodeló el espacio y reabrió sus puertas en 2004 como gran librería. La actuación nos puede parecer más o menos acertada (la eliminación de las pinturas murales fue un gran error) pero el edificio no perdía su uso cultural.


Cuando en 2012 el Ayuntamiento anunció su intención de modificar el PGOU para dejar sin protección todos los teatros históricos del centro de la ciudad, en Cultura de Sevilla ya advertimos que la medida dejaba en el aire la salvaguarda de estos espacios. De un plumazo el Consistorio dejó sin protección no sólo al Teatro Imperial, sino al Llorens, al Pathé, la Sala Apolo, el Lido, el Cervantes... en total una decena de espacios escénicos que quedaban al capricho de sus propietarios que podían hacer con ellos lo que quisieran sin tener por qué respetar su idiosincrasia ni su carácter cultural. Hubo quejas, de la oposición y de la ciudadanía, que presentamos alegaciones para evitar este desmadre, pero el rodillo de la mayoría absoluta pasó por encima y desestimó todas las cuestiones planteadas.

Ahora podemos estar ante la primera víctima de ese cambio en el Plan General. Llegado el momento de renovar el contrato de alquiler del Imperial, las condiciones ya no era favorables para el inquilino que ha decidido mudarse unos metros más allá, al edificio que durante algunos años ocupó la cadena Burberry. El hecho de que se muden en la misma calle nos da alguna pista sobre el motivo del cambio. No será una mala calle (aunque sea peatonal) y las ventas irán lo suficientemente bien como para alquilar otro edificio en una de las vías más caras de España. ¿Tendrá algo que ver con las pretensiones de los propietarios del edificio que ya no se ven obligados a mantener un uso cultural en el mismo? ¿Habrá alguna firma interesada en el antiguo teatro?

A la espera de ver qué ocurre con el Imperial, Beta se mudará en unos meses a la acera contraria con un nuevo concepto de librería que incluye cafetería y otro tipo de productos al margen de los libros, siguiendo el ejemplo de otros espacios como la Librería Central de Madrid. 

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