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jueves, 11 de julio de 2013

Competencia desleal


La apertura del nuevo y flamante auditorio del Palacio de Congresos empieza a tener sus primeras "víctimas". Su uso como escenario de conciertos, musicales e incluso ópera, más que suponer una nueva oferta para la ciudad se ha convertido en una seria competencia para otros espacios locales. 

El teatro que la SGAE construyó en la Isla de la Cartuja carece ya de sentido puesto que los mismos espectáculos que se iban a programar en él han aterrizado en Sevilla Este. Al margen de los problemas internos de la Sociedad de Autores, ¿quién querría comprar un teatro de 90 millones de euros que debería competir con las 3.500 butacas de FIBES?

Algo similar le ha ocurrido al Auditorio de la Cartuja, que ha visto reducidas las actuaciones durante el período estival en favor del nuevo complejo diseñado por Vázquez Consuegra como ampliación del Palacio de Congresos, tal y como apunta hoy El Correo de Andalucía. De los 17 conciertos que hubo el año pasado en la Cartuja se ha pasado a los dos programados para esta temporada. Algo similar se podría estudiar en el caso del Estadio Olímpico.

¿Es una competencia el nuevo plenario de Fibes para otros espacios de la ciudad? Sí... y no. Evidentemente, toda nueva oferta que inicie su actividad en la ciudad supondrá una competencia para la ya existente, más cuando se trata de una institución pública que puede ofrecer unos precios más competitivos. Seamos claros, los teatros públicos siempre van a tener una entrada más barata porque están subvencionados, los privados no pueden tirar los precios porque serían inviables. Este dato debería ser muy tenido en cuenta tanto por las propias administraciones como por el público que acude a ellos. Lo gratuito, no nos engañemos, no existe. El coste es el mismo en el Lope de Vega que en el Teatro Quintero, la diferencia es que en uno se subvenciona parte de la entrada para que salga más barata y el otro necesita cubrir unos gastos corrientes.

Por otro lado, el nuevo plenario de Fibes ha venido a cubrir una carencia que existía en la ciudad. Al margen del Teatro de la Maestranza, no existía en Sevilla un espacio escénico con la tecnología y características necesarias para acoger grandes eventos. El auditorio de la Cartuja no tiene cubierta, por lo que está a merced de la meteorología (por no hablar de sus anticuadas instalaciones, que tienen más de veinte años y poco se ha invertido en ellas desde entonces). El teatro de la SGAE tiene la losa financiera que todos conocemos. Por lo tanto, más que competencia, Fibes ha cubierto un vacío. Otra cosa es la idiosincrasia del propio espacio; si estamos en un palacio de Congresos, lo lógico es que acoja eventos congresuales. En otras ciudades donde no existen grandes teatros, los auditorios asumen una mayor versatilidad para dotar a la ciudad de todo tipo de oferta cultural, pero en Sevilla ya tenemos espacios culturales que podrían haber servido para actualizar y modernizar la oferta escénica de la ciudad.

En resumen, si Fibes está funcionando como sede de musicales y conciertos es porque había una demanda de este tipo de eventos. Es una oportunidad de negocio y empresarial que no se supo ver a tiempo (o quizás no había financiación suficiente como para afrontar semejante inversión). A nadie se le escapa, a estas alturas, que si el auditorio de la Cartuja hubiera tenido una cubierta y unas instalaciones adecuadas, resultaría mucho más atractivo como sede de grandes musicales y conciertos que el nuevo Fibes, pero es una oportunidad que se dejó escapar. Sólo el tiempo dirá si Fibes actúa como lo que debería ser, un motor económico del sector congresual o se convierte en un cajón de sastre donde lo mismo se programe un espectáculo de Los Morancos que La Traviata.

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