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miércoles, 23 de enero de 2013

La condena de ser árbol en Sevilla


Hace unos años se llevó a cabo una importancia renovación urbana en la zona del Prado de San Sebastián, entre la Universidad y el Pabellón de Portugal. Toda esta zona se ajardinó, eliminando los aparcamientos que había en la medianera de la avenida, creando un agradable lugar de paseo. La zona junto a la Universidad fue un absoluto fracaso por el miedo del Ayuntamiento a acabar con el aparcamiento que hay en esa zona. Lo que podría ser un bello jardín que mejorara el acceso a esta parte de la Universidad es un solar de albero de lo más cutre donde los gorrillas campan a sus anchas y los coches se disputan hasta el último rincón. Los plataneros que se colocaron en este solar apenas han sobrevivido (normal, el albero es lo que tiene, que en él no crece ni el musgo), sin embargo, en el otro acerado se ha creado un interesante jardín.


Pero incluso cuando el objetivo es sumamente positivo, en Sevilla siempre nos quedamos a medias por culpa de la gran lacra de esta ciudad: el mantenimiento. Los plataneros han crecido rectos pero las bauhinias no han corrido la misma suerte. Parece que esta especie arbórea, de bello colorido en primavera, tiene tendencia a crecer torcida, son varias las zonas de la ciudad en las que podemos ver estos árboles ladeados. El Prado no es una excepción. Y aquí es donde falla Parques y Jardines. Estos árboles deberían haber sido cuidados y mantenidos para evitar que crezcan torcidos. ¿Por qué? Pues porque cuando alcanzan un determinado porte, el propio árbol no puede con su peso.


¿Y cuál es la solución que se está tomando estos días en este jardín? Pues la habitual en Sevilla, talar el árbol completo para evitar que se caiga por efecto de la gravedad (o con la ayuda de algún temporal como el que hemos sufrido este fin de semana, que ha hecho horrores en el patrimonio verde de la ciudad). 


El resultado de toda la operación es el siguiente, se invierte un dinero en unos ejemplares, se deja que crezcan a su libre albedrío, sin llevar a cabo un mantenimiento que evite que se tuerzan, y cuando han pasado varios años, se tala el árbol para evitar incidentes. ¿Qué se podría haber hecho? Evidentemente la opción más lógica es el mantenimiento del arbolado en buenas condiciones, pero como eso en Sevilla es pedirle peras al olmo, una opción menos traumática hubiera sido trasladar estos árboles a un parque donde puedan seguir creciendo torcidos. Al menos de este modo se garantizaría la supervivencia del ejemplar, aunque haya sido un fallo humano el que ha permitido llegar a esta situación.


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