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jueves, 19 de abril de 2012

Un aparcamiento en la Alameda de Hércules

El actual Plan General de Ordenación Urbana, aprobado en 2006, establece las líneas de actuación para que Sevilla pueda gestionarse de la mejor forma posible en los próximos años. El PGOU fue planteado para hacer de Sevilla una ciudad más sostenible, más cosmopolita y más humana. Los pasos están ahí, sólo hay que seguirlos.

Sin embargo, el actual gobierno municipal parece no estar muy de acuerdo con un Plan que ellos mismos ratificaron en Pleno. Desde su llegada al poder se han llevado a cabo una serie de actuaciones que chocan frontalmente con los ideales del Plan y cuando ha habido demasiada fricción, se ha optado por modificarlo para adaptarlo al gusto actual. Se hizo con la derogación del Plan Centro, se pretende hacer con IKEA y ahora se rescata un proyecto imposible de ejecutar con el actual Plan en vigor, un aparcamiento subterráneo en la Alameda de Hércules.

¿Por qué este aparcamiento choca frontalmente con el Plan? En primer lugar porque el PGOU busca una ciudad donde el transporte público tenga preponderancia sobre el privado, es por ello que se intenta alejar al coche particular del centro con la intención de que el transporte público gane en agilidad al tiempo que se salvaguarda el Patrimonio y se mejora la calidad de vida del centro histórico. Se apuesta por una serie de aparcamientos rotatorios en la corona del centro, para dejar el interior únicamente para aparcamientos de residentes. Se eliminan así coches de las calles y se garantiza que el que quiera acudir al centro pueda dejar el coche lo más cerca posible. Sencillamente se intenta evitar el caos de tráfico de la calle Baños, convertida en un continuo fluir de polución camino del aparcamiento de la Plaza de la Gavidia.

El actual gobierno municipal entiende que para mejorar la economía de la ciudad es imprescindible construir aparcamientos rotatorios en el centro, para que los coches puedan llegar cómodamente hasta el corazón de la ciudad, hacer sus compras e irse. Craso error. Los tiros ya no van por ahí y actualmente se apuesta por peatonalizar los centros históricos para favorecer que todos puedan disfrutar de sus espacios, sin coches ni humos. Evidentemente hay que garantizar el acceso, pero la solución no es construir aparcamientos rotatorios, sino fomentar el transporte público y sobre todo, la construcción del Metro. Esa es la única revolución necesaria, que el Metro llegue hasta el centro de la ciudad.

Construir un aparcamiento subterráneo en la Alameda de Hércules no sólo supondrá levantar un espacio inaugurado hace apenas cuatro años, sino que convertirá la calle Calatrava en otra calle Baños, por no hablar de la salida de ese aparcamiento hacia el exterior. ¿Por dónde saldrán los coches? ¿Hacia la Plaza del Duque? El centro de Sevilla, por su morfología, no está planteado para el tráfico privado porque sus calles no dan más de sí. Esto es así y no se le pueden buscar los tres pies al gato. 

Por último, resulta paradójico que se insista en la construcción de aparcamientos rotatorios cuando la gente no hace uso de ellos. Tenemos el caso de los aparcamientos del Cristina o del Paseo Colón, siempre con plazas disponibles porque la gente no quiere pagar por estacionar. Entonces, ¿para qué construir otro aparcamiento más? ¿Es realmente necesario?

El gobierno municipal ha presentado el cambio en el Plan General sin un proyecto, sin financiación y sin tiempos para la realización del mismo. El gobierno sabe perfectamente que no puede cambiar el Plan sin el visto bueno de la Junta de Andalucía al igual que sabe que es muy, pero que muy complicado, que la Junta acepte este cambio que atenta con los criterios de sostenibilidad por los que se aboga en la actualidad. ¿Para qué rescata entonces este proyecto el Ayuntamiento? Pues seguramente para buscar la confrontación política. No hay ni dinero ni proyecto para este aparcamiento, pero cuando la Junta de Andalucía no admita el cambio en el Plan, el Ayuntamiento arremeterá contra ella acusándola de ir en contra de los intereses de la ciudad, de desprecio hacia Sevilla... Una forma como otra cualquiera de vender una derrota como si de una victoria de tratara. 


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