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martes, 15 de noviembre de 2011

Patrimonio en peligro_Molino de San Juan de los Teatinos


Sus ruinas son visibles desde el Metro cuando nos aproximamos a la Universidad Pablo de Olavide, desde la carretera de acceso a Sevilla y sobre todo, desde el nuevo Parque Riberas del Guadaíra. Pero, ¿qué es?


Por el tipo de arquitectura bien podrían ser las ruinas de un edificio industrial, por su decoración, recuerda a una casa señorial, por su torre, podría haber sido una hacienda pero lo que nos da la clave es su cercanía al río Guadaíra y los restos del azud que en su día desviaron el agua del río hacia sus instalaciones. Se trata del Molino de San Juan de los Teatinos.


Su nombre lo recibe de los Teatinos, la orden religiosa de San Cayetano que tenía entre sus deberes, asistir en sus últimos momentos a los ajusticiados, procurándoles una muerte digna. La leyenda dice que en esta zona se levantaba un convento de esta orden, pero los restos que se conservan hoy en día nos hablan de los múltiples usos que ha tenido el conjunto de edificios a lo largo de los siglos.


La documentación más antigua conservada se refiere a él como molino de Tizón, por formar parte de las propiedades de María Alfonso Tisón, viuda de Ferrand Pérez Portocarreño, que lo heredó a mediados del siglo XIV. Ya entonces funcionaría como molino hidráulico, uno de los muchos que se levantaron en las orillas del río Guadaíra y que utilizaban la fuerza del agua para mover las piedras que molían el trigo.


En el siglo XVIII consta que pertenecía a los jesuitas, adscrito al Colegio de San Hermenegildo y utilizado también como residencia campestre. En 1767 pasará a manos de la Corona española tras la expulsión de la orden jesuita de España y la nacionalización de todos sus bienes. Comienza entonces una nueva etapa para el conjunto de edificios, llevándose a cabo una serie de reformas que lo dotarán de un uso industrial, primero como fábrica de pólvora y después como espacio para barrenar cañones por medio de la fuerza hidráulica, una técnica que implantará en Sevilla el conde de Aranda pero que gozará de poco éxito, abandonándose el edificio a finales del XVIII.


Durante el siglo XIX, el edificio volvió a acoger una fábrica de pólvora, una actividad que lo llevará a la ruina tras una explosión. A estos años pertenece una pintura de Alejandro Guichot que retrata el paisaje bucólico del río con las ruinas del edificio en su orilla. Nuevas obras llegan al edificio para reconstruirlo, dotándolo de una decoración neogótica que aún hoy se observa en los muros del edificio principal: ventanas ojivales, arcos ciegos, columnillas adosadas a los muros y rematadas con capiteles palmiformes de tradición egipcia... Un nuevo rostro para un edificio que se resistía a desaparecer.


Llegamos así al siglo XX cuando un nuevo propietario lo destina a aserradero de mármoles, actividad que dejará paso a una residencia particular hasta que es definitivamente abandonado. Y lo que los siglos no pudieron derribar, lo hizo la dejadez y el abandono.


Actualmente no vemos más que un conjunto de ruinas, reflejo del esplendor pasado. Los terrenos que circundan al edificio han sido recuperados gracias a fondos europeos que llegaron a través del convenio suscrito entre la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y el Ayuntamiento de Sevilla. Entonces surgió la idea de recuperar el edificio por su importancia histórica, como ejemplo de arquitectura industrial de primera magnitud, destinándolo a centro de interpretación del río Guadaíra. Pero de nuevo, las promesas del anterior gobierno municipal se quedaron en eso, promesas. Se hizo el parque y se abandonó el edificio a su suerte. Eso sí, durante las obras al parecer se derribaron algunos de los edificios que componían el complejo arquitectónico.


Desde el parque se puede acceder a la parte trasera del edificio gracias a unos caminos de madera que nos adentran en la parte más reconocible del molino. Aquí podemos ver parte del azud original, el nuevo que se ha construido, y lo más interesante, las galerías por donde circulaba y sigue circulando el agua que movía las grandes piedras que molían el grano para convertirlo en harina.


Lamentablemente, el estado de conservación de esta zona deja mucho que desear. Si bien el parque se "mantiene" (hay zonas que se abandonaron tras la inauguración), la parte que rodea al molino está completamente degradada, sirviendo de escondite a ese gran sector de la población que disfruta haciendo lo que no debe y dónde no debe: basura, botellonas, pintadas... Y maleza, mucha maleza.


Las galerías que desvían el agua desde el río hasta el molino y de vuelta al cauce. Zona muy interesante, pero también peligrosa.


El nuevo azud que crea juegos de corrientes.


Y una última imagen de una zona que podría ser un lugar de descanso y disfrute ciudadano. Un edificio que pide a gritos una intervención, aunque a estas alturas quizás su reconstrucción fuese un gran error. Quizás sería más interesante su consolidación y limpieza, manteniéndolo como ruina, una estampa del todo romántica que haría las delicias de los pintores decimonónicos. En el estado actual del edificio, su restauración conllevaría prácticamente una reconstrucción que significaría más la construcción de un nuevo edificio que la recuperación de lo existente. Se tome la decisión que se tome, lo ideal sería al menos su limpieza y puesta en valor. Creo que un edificio con más de 700 años de historia bien lo merece.


Enlace a la ficha del Plan General de Ordenación Urbana de Sevilla (aquí)

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante.
LLevo un tiempo queriendo pasarme a visitarlo, dado su atractivo visual y físico desde el metro y la ctra. de Utrera, pero ahora será con una mejor base histórica y arquitectónica, así que muchas gracias.
Un saludo

el pasado de sevilla dijo...

en un blog vi una reconstrucción hecha por ordenador y si hermoso es ahora, increíble es como era antes.

esto, tanto como el templete de san onofre o la torre blanca son patrimonios olvidados a su destino y pienso que sin remedio, al menos en estos tiempos.

Culturadesevilla dijo...

Si vuelves a dar con ese Blog, no dudes en poner el enlace, me encantaría poder ver esa recreación que comentas :)

Saludos!

el pasado de sevilla dijo...

pues me han mandado varios correos pidiéndome lo mismo y llevo todo el día buscándolo, pero no doy con el, esto que cuento lo vi por casualidad hace mas de un año. espero localizarlo pronto y pasarte la dirección.

un saludo.

Sergio Palma dijo...

Fantástico como siempre; si no recuerdo mal, leí que los franceses le dieron la puntilla cuando la invasión napoleónica, como pasó en tantos otros sitios.
Ya sabemos como se las gastaba el Mariscal....

Saludos.

Hispalense dijo...

Perdonad,tengo entendido que la Via Augusta que enlazaba Roma con Gades pasaba precisamente por esa zona en los alrededores de la actual Universidad Pablo de Olavide. ¿sabéis si quedan restos? Si quedasen, sería bueno un estudio arqueológico de la zona que sacase a la luz la calzada romana. Y por supuesto restaurar esta hacienda, también.

Carlos Alberto Cortés Barroso dijo...

Yo siempre había escuchado otras versiones sobre estas ruinas que no tienen nada que ver, me sorprende saber que es realmente y me alucina las pequeñas galerías que hay bajo tierra.

M Angeles Chaves dijo...

Hoy he pasado por alli en bici y me ha sorprendido todo el conjunto. Buscando en la red he dado con este enlace. Me ha gustado conocer la historia del edificio y el entorno. Es una pena que no se recupere como centro de interpretación.Gracias por la información.

Antonia Delgado Garrudo dijo...

Muy interesante, hoy he paseado con mi hijo y me ha dado mucha pena ver el estado de las ruinas y también el del parque.Es un lugar con mucha historia, conservarla no creo que cueste tanto.