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sábado, 8 de enero de 2011

Reales Almonas de Triana


Cada vez que pasaba por el Paseo de la O me llamaban la atención los monumentales restos de ladrillo que hay a la altura de una de las calles peatonales que comunican esta vía con la paralela calle Castilla. Por cercanía, siempre había pensado ilusamente que podrían haber pertenecido a alguna construcción dependiente del castillo de San Jorge. Cuál fue mi sorpresa cuando hace relativamente poco tiempo descubrí casi por casualidad que en realidad esos restos pertenecieron a una fábrica de jabones que tuvo su sede en la calle Castilla, las Reales Almonas de Triana.



Empezó entonces la búsqueda de información sobre este edificio que fue destruido a finales de los años ochenta del pasado siglo para dar paso a una promoción de viviendas que conserva, en su sótano, parte de la estructura abovedada de ladrillo que conformaban las naves de la fábrica. En la fachada de este edificio nos encontramos esta placa que marca el lugar donde aún hoy se conservan "los restos de las que fueran Almonas Reales, fábrica donde se elaboraba el famoso jabón sevillano que se embarcaba para América, Inglaterra y Flandes (...)".

El apodo "Real" no es cuestión baladí ya que, desde su construcción a principios del siglo XVI pertenecían a la corona que las tenía cedidas, por privilegio real a la familia Enríquez de Ribera, que a su vez, las alquilaba a terceros para que las explotaran a cambio de unas rentas anuales. Los datos más antiguos que se conservan de las Reales Almonas citan apenas un par de hombres y cinco esclavos como únicos trabajadores en 1520; veinte años después, en 1540, ya son 40 los obreros contratados, lo que da una idea de la rapidez con que se asentó la manufactura del jabón en la ciudad y del éxito de su comercio más allá de nuestras fronteras. Será la familia Welser la que lleve a su máximo esplendor a la fábrica, ampliando sus instalaciones desde 1529 y creando un monopolio del jabón. El nombre comercial oficial del producto elaborado en Triana era "Castilla" y sería exportado a Flandes, Reino Unido y América hasta bien entrado el siglo XVIII cuando las almonas de Triana entrarán en decadencia. Aún así, la fábrica seguirá en activo hasta el siglo XX siendo remodelada y reconstruida en 1906. Este edificio de principios del XX se conservaba a duras penas a finales de siglo y finalmente, pese a las protestas ciudadanas fue prácticamente destruido, salvándose el arco que vemos hoy junto a la Parroquia de la O y los restos que se pueden ver en el Paseo de la O y que sirven de "zócalo" al nuevo edificio de viviendas.

Durante sus años en activo, Sevilla contó además con otra fábrica en la collación de San Salvador, para no dejar a la ciudad sin suministros de jabón cuando las crecidas del Guadalquivir impedían la comunicación con Triana. Durante el siglo XVI, la fábrica trianera contó con la competencia desleal de los frailes de Santiponce, que lo vendían más barato, lo que provocó varias dispuestas entre éstos y los propietarios de las Almonas.

La ubicación de la fábrica, junto al Guadalquivir, le aseguraba la rápida comercialización de los productos, además del suministro de la materia prima necesaria para su elaboración. Desde el Aljarafe llegaba la grasa sobrante del aceite de oliva y de las marismas del río, más al sur, se traía la barrilla, una hierba que crece en zonas pantanosas y de cuyas cenizas se obtenía la sosa o potasa que se mezclaba con la grasa para darle consistencia al jabón. El perfume se conseguía con otros productos como el almizcle, el ámbar, la menta o la algalia. Para facilitar el trasiego de mercancías, junto a la orilla del río se situaba un muelle de uso exclusivo de la fábrica.

Como se comentaba al principio de la entrada, a día de hoy sigue existiendo parte de la fábrica, embutida en el edificio actual. Cuando fue destruida, surgió la idea de que estas salas subterráneas tuvieran un uso cultural y social, sin embargo, el paso de los años ha hecho olvidar esa idea y de hecho, pocos conocen su existencia. Es una pena que un elemento patrimonial de tanto valor permanezca oculto y vedado a la ciudadanía. La actuación turística que se está llevando a cabo en Triana, con la apertura del castillo de San Jorge y el futuro Museo de Cerámica podría completarse con dotar de un uso a estas bóvedas, bien como sala de exposiciones, bien como apéndice del centro de interpretación de Triana que se ubicará en la fábrica de cerámica Santa Ana.

Fuentes:

- "Historia de Sevilla. La ciudad del Quinientos". Francisco Morales Padrón (enlace)
- Blog Triana en la Red (enlace)

4 comentarios:

Nacho dijo...

Felicidades por el artículo y su documentación, es interesante conocer un pedacito más de la historia del barrio.

Juan Fco. dijo...

Muchas gracias por las "molestias" de buscar documentación. La de veces que he pasado por ahí y decía: ¡qué feo estos ladrillos aquí enmedio, que desentonan! jaja.

Culturadesevilla dijo...

Me alegro de que os haya gustado el artículo :)

Saludos!

Unknown dijo...

Gracias por su artículo. Es muy completo e interesante