viernes, 27 de septiembre de 2019

La piqueta vuelve a actuar en Sevilla

Villa Ozama en la Avenida de la Borbolla

Sevilla se ha ganado a pulso añadir un nuevo título a su histórico 'muy noble y muy leal' que bien podríamos denominar como 'muy irrespetuosa ciudad de Sevilla'. En las últimas semanas (meses, años) estamos asistiendo a una sistemática destrucción patrimonial que bien recuerda a los fatídicos años 50, 60 y 70 cuando gran parte del patrimonio histórico de la ciudad fue arrasado y sacrificado en el altar del progreso



Las obras de reforma de Villa Ozama han sido paralizadas por el Ayuntamiento por excederse en la licencia concedida


Ahora, con leyes de patrimonio que velan (o deberían velar) por su integridad, esta destrucción es todavía más absurda e indignante. La razón es la misma, el "progreso", o al menos lo que algunos entienden por él. La recuperación económica que vive nuestro país ha vuelto a poner su foco en el mismo sector que nos llevó a la última gran crisis: el ladrillo. Miles de metros cuadrados han sido bendecidos por el Ayuntamiento en toda la ciudad para una expansión que dotará a Sevilla de miles de nuevas viviendas en Palmas Altas, Cruzcampo, Buen Aire, Cisneo Alto, Hacienda el Rosario... Pero toda esa actividad constructiva parece resultar insuficiente y la piqueta sigue amenazando a nuestro patrimonio más desprotegido, ya sean antiguas casas señoriales que son arrasadas hasta sus cimientos para construir un nuevo hotel (calle Monsalves), barrios enteros que pierden su identidad para ganar unos metros cuadrados que rentabilicen la inversión (Nervión, Cerro del Águila), casas unifamilares que son derribas para levantar nuevos y anodinos bloques (Triana) o incluso edificios protegidos como Villa Ozama, en la Borbolla, cuyas obras de demolición acaban de ser paralizadas por el Ayuntamiento al carecer de licencia.


Fachada de Villa Gracia, en Triana, cuya fachada tenía azulejos de Manuel Rodríguez Pérez de Tudela, totalmente destruida. Fuente imagen


Todas estas situaciones dejan en evidencia a una ciudad, a una sociedad, que únicamente considera patrimonio cuatro edificios concretos y que asiste impasible ante la destrucción sistemática del grueso del patrimonio. No resulta extraño leer en los periódicos que la Gerencia de Urbanismo ha paralizado tal o cual obra por excederse en la licencia concedida. Se solicita una reforma menor y se acaba dejando nada más que la fachada. Para cuando actúan los técnicos el daño ya está hecho y tan solo queda lamentarse y poner una multa que, a todas luces, resulta ridícula cuando día tras día se siguen cometiendo los mismos atropellos. Destruir patrimonio, hoy por hoy, resulta rentable. ¿Qué más da una multa cuando he ganado un ático que puedo alquilar a precio de oro? Recientemente me comentaba un lector que daba la impresión de que el importe de la posible multa iba incluido en el presupuesto, de modo que ya se cuenta con ese "daño colateral" que hay que solventar para obtener una mayor rentabilidad.


Edificio en el Cerro del Águila que va a ser destruido para construir un nuevo bloque de viviendas. Petición en change.org para evitar su derribo aquí


No nos engañemos, cuando se destruye un edificio histórico el 99'9 por ciento de la sociedad no ganamos absolutamente nada. Todo lo contrario, perdemos parte de nuestra identidad y normalmente para sustituirla por algo que carece del más mínimo valor arquitectónico. Es habitual oírle al alcalde que gracias a la inversión turística se están recuperando edificios que de otro modo se habrían venido abajo. Lo del burro grande ande o no ande no es algo que podamos aplicar al patrimonio. Que un inversor esté dispuesto a construir un hotel de lujo en un edificio histórico no significa que ese edificio se salve, lo más seguro es que se conserven cuatro detalles (fachada, zagúan, patio) para darle caché a un establecimiento que por todo lo demás, podría estar en Sevilla, Estocolmo o Boston. La pérdida de la identidad patrimonial es un daño que le están haciendo a la ciudad de Sevilla con el beneplácito de casi todos y que culminará en un desarraigo cultural. El desarrollismo más destructor ha vuelto para quedarse y nadie le va a parar los pies. Solo nos queda ir tomando imágenes para que dentro de unos años se pueda publicar un nuevo volumen de "La Sevilla que perdimos".


Bloque de viviendas construido en Nervión donde antes había una casa unifamiliar idéntica a la superviviente


1 comentario:

Lola dijo...

Pues estuve el viernes almorzando dl el Amanecer de Felipe II y pasé por allí y estaban trabajando y tirando cascotes. De modo que de paralización, nada de nada. Este palacio lo rehabilitó Cultura hace unos años con dinero de todos nosotros para que fuera sede de la Agencia del Flamenco de Bibiana Aido apenas unos meses, después lo pusoa la venta a través de la agencia Look & Find y lo vendió con otros tantos inmuebles que eran propiedad de todos los andaluces. Y ahora esto...es indignante