Páginas

domingo, 25 de febrero de 2018

El Cristo de la Agonía recupera su monumentalidad en el IAPH

Cristo de la Agonía, de Juan de Mesa (1622), obra cumbre del Barroco andaluz


Con casi treinta años de experiencia, el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico se ha convertido en uno de los baluartes de la cultura andaluza y en una entidad de gran prestigio a nivel internacional por su trabajo en la defensa y conservación del patrimonio andaluz. La última gran intervención realizado por el IAPH en sus instalaciones de la Cartuja ha sido la restauración del Crucificado de la Agonía, obra de Juan de Mesa de 1622. La pieza, un encargo del contador real Juan Pérez de Irazábal, se encuentra desde su creación en la misma iglesia de San Pedro de Ariznoa, en la localidad guipuzcoana de Vergara, lo que ha permitido que se conserve sin apenas alteraciones durante cuatrocientos años.



El Cristo de la Agonía fue expuesto durante unos días en el Monasterio de la Cartuja tras su restauración


Fruto de la intervención, los técnicos del IAPH han podido hacer un completo estudio sobre la talla que ha aportado valiosa información no sólo sobre la historia de la escultura desde 1622 hasta ahora (repintes, traslados, intervenciones) sino sobre de la forma de trabajar de Juan de Mesa (1583 - 1627). Entre las particularidades que se han podido analizar se encuentra la restauración a la que fue sometida la pieza en 1895 para subsanar los estragos del incendio que padeció a finales del siglo XVII cuando se quemó el dosel del retablo donde se ubicaba la imagen. 

La restauración se ha centrado tanto en la imagen como en la cruz que la sostiene, que es la original. A la acumulación de suciedad se sumaba la acción del calor sobre algunas zonas de la escultura, en especial en la zona del rostro, la parte superior de la pierna derecha y en la parte derecha del pecho. En estas zonas la superficie de la escultura presentaba ampollas y craquelados que afectaban tanto a la policromía como al estrato de preparación, con la posible pérdida de la capa pictórica si no se actuaba con urgencia. Tras la fijación de estas zonas se ha procedido a la limpieza de toda la superficie, recuperándose en gran medida el aspecto que tuvo la imagen en el siglo XVII. Particularmente interesante ha sido encontrar el tono original de la policromía en zonas poco expuestas a los agentes atmosféricos como el dorso de las manos, que al estar en contacto con la cruz han conservado el color rosado original.




El Cristo de la Agonía está considerado como una de las obras cumbre del Barroco español, no sólo por su monumentalidad, sino por la calidad conseguida por Juan de Mesa en el cénit de su producción. Juan Pérez de Irazábal fue un alto cargo de la corte española que trabajó tanto para Felipe III como para Felipe IV. Entre los cargos que ostentó destacan el de Superintendente de la Armada y Contador Mayor, cargos que le permitieron amasar una gran fortuna. Gran parte de su vida la pasó en Sevilla y fue precisamente en esta ciudad donde encargó a Juan de Mesa el que iba a ser su testamento artístico, el Cristo de la Agonía, que desde 1626 se encuentra en su localidad natal. Gracias a esta restauración, una de las obras más importantes de Mesa ha regresado a Sevilla para una puesta a punto que le permitará seguir asombrando a fieles y amantes del arte.


Estado previo de la escultura antes de la intervención


>> Más información sobre la intervención aquí

4 comentarios:

Guillermo Daza dijo...

Tuve la oportunidad de visitar el Cristo y contemplar de cerca la restauración. Me gusto bastante y, en mi opinión, los criterios y la ejecución de dicha restauración han sido bastante acertados. Como restaurador he visto a veces auténticas barbaridades y en este caso, afortunadamente, creo que en el IAPH han hecho un gran trabajo.

mataiotes dijo...

Magnífica información. Por eso mismo chirría lo de Bergara con be. Vergara en español con uve. Por favor, no se deje usted llevar por la corrección política.

Sergio Harillo dijo...

Yo también conocía esta localidad con el nombre en castellano, pero al ver que en la información del IAPH aparecía con B lo busqué y vi que el nombre oficial del pueblo es con B, de ahí que lo haya escrito en euskera. A mí personalmente me da igual un nombre que otro, si es un pueblo de Euskadi y el nombre oficial es con B, no me supone ningún problema escribirlo así.

¡Saludos!

mataiotes dijo...

Pero es que si se escribe en español, los topónimos se ponen en español. Nadie dice que va de viaje a London ( nombre oficial en Inglés) sino a Londres. Del mismo modo ningún italiano escribe en lengua italiana que va a Sevilla sino a Siviglia. Muy mal por el IAPH si pone Bergara en lugar de Vergara.