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lunes, 10 de octubre de 2016

La Casa del Pumarejo, un paso más cerca de su recuperación



Cuando te acercas al antiguo Palacio del Pumarejo y conoces la labor social que durante años ha realizado el vecindario luchando por otro modo de vida en el que lo normal no es la especulación, sino la unión y la colaboración, es difícil no dejarte atrapar por este edificio y todos los que en él habitan. 


La historia del edificio se remonta a 1773 cuando Pedro Pumarejo, indiano enriquecido con el comercio americano, llega a Sevilla y compra unos terrenos pertenecientes al Monasterio de San Jerónimo para construir su residencia familiar. Para dejar constancia de su poderío económico, no sólo levanta el enorme palacio, sino que derriba una serie de casas creando una plaza delante del mismo.



Con el tiempo, la casa irá cambiando de propietarios siendo ocupado por una institución que acogía a niños de la calle, una cárcel durante la invasión francesa y finalmente casa de vecinos ya en el siglo XIX, uso que sigue teniendo hoy en día. Las reformas irán añadiendo ciertos elementos artísticos que adaptarán el edificio a los gustos de cada época. Se añade así en el XIX una ventana neomudéjar a eje con el zaguán para que se viera desde la calle y se instalan solerías hidráulicas y nuevos paramentos de azulejos en el patio, manteniendo las columnas de madera de caoba originales así como la balaustrada de mármol.

Patio principal de la Casa del Pumarejo


En el año 2000 una parte del edificio fue vendido, con inquilinos incluidos, a una cadena hotelera con el objetivo de hacer un establecimiento de lujo. Fue entonces cuando la ciudadanía, unida en torno a la Asociación Casa Pumarejo, inicia una serie de movilizaciones para evitar que los vecinos sean expulsados de sus casas y el edificio se convierta en un hotel. En el 2003 el edificio se declara Bien de Interés Cultural, haciéndose hincapié en la pervivencia de un modo de habitar el caserío histórico que cada vez está más en declive. Finalmente en 2009 el Ayuntamiento se hizo con la totalidad de la propiedad.

Ventana con decoración mudéjar. Siglo XIX


El Ayuntamiento planteó en ese momento un proyecto de recuperación del edificio que contemplaba su rehabilitación permitiendo que siguiera teniendo el mismo uso que hasta ese momento, con una serie de viviendas en régimen de protección oficial. Además, las asociaciones y colectivos del barrio tendrían también un espacio para seguir manteniendo el volumen de actividades que se desarrollan prácticamente a diario en la casa. El proyecto se redactó y cuando todo estaba listo para empezar hubo un cambio de Gobierno que paralizó todos los planes.


Paramento de azulejos retirado para evitar su deterioro


La desesperación de los vecinos es más que comprensible tras tantos años luchando por conservar un pedacito de nuestra historia, de nuestro patrimonio. Las promesas se han sucedido una tras otra y lo más curioso de todo es que siguen acogiendo a todo el que llega como si fuera uno más, que están abiertos a propuestas e ideas y sobre todo, que no pierden la esperanza en que otra forma de gestionar la ciudad es posible. Es digno de elogio y todo un referente.

Escalera principal de la Casa


La noticia más reciente es que el Ayuntamiento ha encargado un estudio de patologías para conocer el estado real de la casa antes de iniciar la rehabilitación. Por primera vez un alcalde se ha reunido con la Asociación y les ha asegurado que se va a hacer todo lo posible para recuperar el edificio. Julián Sobrino, profesor de la Escuela de Arquitectura e incansable luchador en defensa del patrimonio, es uno de los miembros de la Comisión municipal que se va a encargar de redactar el programa de actuaciones en la Casa, lo cual es tranquilizador.



Desde la Asociación, cuya última asamblea se celebró el sábado pasado, sólo piden ser tenidos en cuenta, no quieren que el Ayuntamiento llegue y disponga del edificio como si allí no viviera nadie. Ofrecen un modelo de cogestión en el que Consistorio, vecinos y ciudadanos vayan de la mano para que la Casa del Pumarejo no pierda su esencia y siga tan viva como lo ha estado hasta ahora. Además, han propuesto que en el transcurso de las obras se lleve a cabo una intervención arqueológica que permita conocer más y mejor la Casa, un ejemplo más del cariño que tienen hacia el patrimonio y que quedó bien patente con la propuesta 'Lo hacemos nosotras', que consistió en restaurar el patio con fondos propios.

Las solerías hidráulicas decoran toda la Casa

Revitalizar además de rehabilitar, ése es el objetivo de una Asociación que lucha incansablemente por el patrimonio, entendido como algo más que piedras, ladrillos y azulejos. Llevo años siguiendo el proceso que se mueve en torno a esta casa y no puedo más que mostrar mi admiración por un colectivo que no se rinde ante las adversidades. La Sevilla real se construye así, desde abajo, apostando por un modelo más justo, lejos de las aglomeraciones turísticas y de los cruceros de lujo. Como decía una de las vecinas, que llegó a emocionarme con sus palabras durante la Asamblea, la Casa del Pumarejo es una lección de democracia. Ojalá siga siendo así.