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miércoles, 9 de diciembre de 2015

De visita a Medina Azahara

Acceso al Museo de Medina Azahara

Los yacimientos arqueológicos casi siempre necesitan de un apoyo en forma de centro de interpretación para ayudar al gran público a comprender lo que están viendo. Sólo así lo que sobre el terreno no dejan de ser unas cuantas piedras, se convierte en un potente vestigio que nos habla de la historia de un lugar y de las personas que lo habitaron. Medina Azahara (Córdoba) es uno de esos yacimientos mágicos que por sí solo ya es capaz de transmitir todo un cúmulo de sensaciones, pero gracias al museo que se inauguró hace unos años, la visita se ha completado y mejorado.


El Museo de Medina Azahara se inauguró en 2009 y desde entonces la visita al yacimiento ha dado un giro de 180º. Sin duda una de las grandes mejoras conseguidas con la construcción del Museo ha sido el razonamiento de los accesos. Ahora puedes llegar cómodamente en coche o autobús hasta el aparcamiento del museo, visitarlo y tomar la lanzadera que comunica cada diez minutos museo y yacimiento por un módico precio de 2,10 euros. Con esta sencilla medida se evitan atascos kilométricos en la estrecha carretera que sube hasta la puerta principal de Medina Azahara. La construcción de un centro de interpretación para la ciudad palatina diseñada por Abderramán III era una necesidad postergada durante años que por fin vio la luz en el proyecto del estudio de arquitectura Nieto Sobejano. El museo, que ha ganado diferentes premios como el Aga Khan de Arquitectura, el Piranesi de Roma o el de Mejor Museo Europeo en el año 2012, se esconde en el terreno para no restar protagonismo al entorno en el que se ubica. La luz llega hasta el interior de sus salas y espacios por medio de una serie de patios recubiertos de piedra blanca que, a su vez, actúan como zonas de descanso para que el visitante no tenga la sensación de hallarse bajo tierra en ningún momento. La zona expositiva se divide en dos plantas en las que se exhiben piezas pertenecientes al conjunto arqueológico, como los espléndidos relieves de mármol que en su día decoraron los paramentos de la ciudad o el famoso cervatillo de bronce utilizado como surtidor en uno de los múltiples jardines que decoraron Medina Azahara.




La visita, quizás excesivamente centrada en paneles que ralentizan el discurrir del visitante, se acompaña de un interesante documental en el que se reconstruye en tres dimensiones cómo fue la ciudad mientras se narra el día a día de sus principales moradores. Con esta información es mucho más fácil y ameno visitar después los restos arqueológicos, reconociendo sobre el terreno cómo fueron las estancias palatinas y quiénes fueron sus habitantes.

Panorámica de Medina Azahara

Medina Azahara fue un capricho personal del califa Abderramán III (891 - 961 d.C), que quiso construir para su corte un recinto a las afueras de la capital del califato, Córdoba, donde residir y recibir a sus invitados. Entre los espacios más característicos de la ciudad destacan el Salón Rico, reconstruido en gran parte y actualmente cerrado por labores de restauración, la Casa de Ya'far, alto mandatario de la corte o la Mezquita aljama, el principal templo de los cuatro con que llegó a contar la ciudad. Su ubicación, en una colina que se abre a la vega del Guadalquivir, impuso la construcción de los diferentes recintos que componen la ciudad en terrazas, reservándose la zona superior para la residencia del califa y en estratos inferiores toda una serie de edificios y dependencias imprescindibles para el funcionamiento de una ciudad imperial, desde hornos y almacenes donde preparar la comida hasta una extensa plaza de armas para pasar revista a la tropas. La vida de esta deslumbrante ciudad fue muy corta, apenas fue utilizada durante ochenta años, al quedar eclipsada por la construcción de Madinat Al Zahira, empeño personal de Almanzor. Así, Medina Azahara, cuyas primeras obras se remontan al año 936 d.C., fue abandonada a finales del siglo X y utilizada como cantera y depósito de materiales, encontrándose hoy en día capiteles y otros elementos omeyas en ciudades como Sevilla o Girona.


En el siglo XIX comenzarán las primeras excavaciones arqueológicas y tras la cesión de las competencias en material cultural a la Junta de Andalucía en los años 80 del pasado siglo, la ciudad se irá convirtiendo en uno de los yacimientos más mimados por la administración autonómica. La construcción del centro de interpretación no sólo ha servido para mejorar la experiencia de la visita, sino que ha permitido centralizar los estudios y la conservación de piezas en un espacio moderno y adaptado a las necesidades del siglo XXI. El próximo objetivo es lograr el reconocimiento de la Unesco, algo en lo que ya trabaja la Consejería de Cultura.

Plaza de armas de Medina Azahara



Si algo me llamó la atención de la visita a Medina Azahara, además del espectacular museo, fue la cantidad de gente que había visitando el yacimiento. No era la primera vez que visitaba la ciudad, y recuerdo como antes de la inauguración del Museo, era fácil pasear por las ruinas en completa soledad. Medina Azahara es el perfecto ejemplo de cómo una inversión en infraestructuras y una mejora en la gestión pueden hacer de un espacio monumental un lugar mucho más conocido y visitado. Durante la visita no pude evitar acordarme de Itálica y su particular limbo. Si bien es cierto que en los últimos años se están haciendo más actividades para promocionar la ciudad romana de Santiponce, la realidad es que la mayoría de los días los que más visitan el yacimiento son los colegios. Itálica necesita un centro de interpretación en condiciones, mejorar la experiencia de la visita, facilitar los accesos (¿lanzaderas directas desde Sevilla?) y contar con un presupuesto mayor que permita estudiar y poner en valor los restos. Sin llegar a extremos como Pompeya, la divulgación del patrimonio y ofrecer una visita de calidad siempre es positivo tanto para el propio yacimiento como para el visitante.

Web del Conjunto Arqueológico Medina Azahara aquí

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