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jueves, 18 de diciembre de 2014

El mayor retablo de la Cristiandad

Panorámica del retablo mayor de la Catedral

La Catedral de Sevilla posee varios títulos que la hacen única en el mundo. Su planta carente de girola sirvió de modelo a otras catedrales como la de Jaén, por tamaño está considerada la tercera mayor iglesia del mundo cristiano tras San Pedro de Roma y San Pablo de Londres, es la iglesia gótica más grande del mundo y su retablo mayor también es el más grande, no en vano mide casi treinta metros de altura. Después de dos años de obras y 1,62 millones de euros de inversión, las escenas que representan la vida de la Virgen y de Jesucristo brillan más que nunca. 


Detalle de Santa María de la Sede y escenas de la Anunciación, el Nacimiento de Cristo y la matanza de los Inocentes

Las obras del retablo mayor de la Catedral comenzaron en 1482 y fueron necesarios ochenta años para que se culminaran, un período relativamente corto teniendo en cuenta la dilatada historia del principal templo metropolitano. Varios fueron los maestros que trabajaron en el retablo, iniciando las primeras labores el flamenco Pyeter Dancart, al que sucederían, entre otros, el maestro Marco, Pedro Millán, Jorge Fernández Alemán, que contó con la colaboración de su hermano, el pintor Alejo Fernández, Roque Balduque o Juan Bautista Vázquez el Viejo. Tras la ampliación llevada a cabo en los años cincuenta del siglo XVI, la obra se da por concluida en 1564. Entre los detalles más característicos del retablo destaca el soberbio Calvario del siglo XIV que corona el ático, con el conocido como Cristo del Millón, la imagen de Santa María de la Sede, talla gótica del siglo XIII totalmente recubierta de láminas de plata que da nombre a la Catedral o las maquetas de la ciudad de Sevilla que pueden verse en la parte inferior del retablo. Las más de doscientas figuras y cuarenta y cuatro relieves que componen el retablo gozan ahora de un estado de salud envidiable, habiendo recuperado un colorido que permanecía oculto tras varios centímetros de polvo y mostrando al visitante una de las obras cumbre de la retablística española, punto de inflexión entre el Gótico tardío y el primer Renacimiento.

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