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martes, 22 de julio de 2014

El nuevo jardín neoregionalista del Prado


Sus puertas siguen cerradas, pero las obras en la zona de los Jardines del Prado que debían acoger la nueva biblioteca de la Universidad de Sevilla terminaron hace semanas. Tras el varapalo judicial a la construcción del edificio de Zaha Hadid, la Universidad no tuvo más remedio que reconstruir esta parcela del parque.



La estética clásica es la predominante en la nueva urbanización, con farolas fernandinas, bancos de forja y tres fuentes de ladrillo que imitan, sin conseguirlo, cierto aire regionalista.


De los árboles que se transplantaron en su día para construir la Biblioteca, apenas han regresado cuatro grandes laureles de Indias, el resto son ejemplares nuevos de diferentes especies, siendo el naranjo el que más predomina. Se rompe así con la alineación de tipuanas que hay en el resto del parque, creando un espacio semidesértico nada agradable con tres plazoletas centradas por las fuentes y rodeadas de bancos en los que jamás dará la sombra.


El resultado no puede ser más anodino, no sólo no se ha recuperado la frondosidad que había antes de las obras, sino que parece que se ha buscado hacer de esta zona de los jardines un espacio diáfano que tenga poco uso ciudadano (sin sombra, sin juegos infantiles, bancos al sol).


La urgencia por derribar la Biblioteca que iba a dar servicio a toda la ciudad parece haberse desvanecido a la hora de pedir que se abra al público esta parte del parque. Sevilla ha perdido una gran oportunidad de dotar de vida a este parque tan infrautilizado (salvo por ferias y verbenas) y a cambio ha obtenido un gran solar de albero al que cuesta llamar jardín.


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