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miércoles, 5 de junio de 2013

Centro de la Cerámica: la belleza del Patrimonio Industrial


El Aula de Patrimonio de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla clausuró ayer su II Ciclo de visitas 'Recién Restaurado'. La guinda del pastel fue el Centro de la Cerámica de Triana, un espacio que recupera la memoria histórica de todo un barrio y que pudimos visitar de la mano de Miguel Hernández, uno de los arquitectos del estudio AF6 Arquitectos, responsables de la intervención.


En 'Cultura de Sevilla' hemos seguido muy de cerca la evolución de este espacio desde que se anunciara su construcción en 2008. La actuación recupera la histórica fábrica de cerámica Santa Ana e incluye tres edificios distintos, todos con fachada a la calle Antillano Campos: la fábrica, un edificio de menor altura que albergará la tienda de la marca Santa Ana y un edificio de viviendas de tres alturas que concentrará los servicios administrativos del conjunto. El recorrido empieza en un pequeño patio desde el que podemos ver la simbiosis entre los hornos industriales y el nuevo volumen del museo, en la planta superior. El gran atractivo de la intervención es que se respeta escrupulosamente el legado histórico y arqueológico, situando el nuevo edificio en un nivel diferente que abraza a la histórica fábrica, dejándole todo el protagonismo.


El Centro de Cerámica de Triana englobará entre sus paredes diferentes usos. Además del espacio comercial al que ya hemos hecho referencia, en el interior tendremos tres espacios museísticos, el dedicado a la fabricación de la cerámica, en planta baja, y el propio museo en planta alta. En la zona superior también se encuentra un centro turístico del barrio que dará a conocer la idiosincrasia del mismo.


Durante el recorrido, Miguel Hernández, uno de los arquitectos responsables del proyecto, nos fue relatando cómo desde un principio el respeto al legado industrial fue absoluto. Y sin duda este matiz es el que más me ha atrapado de la visita, poder ver esos hornos tal cual estaban cuando funcionaban, con sus restos de hollín, las marcas de pigmentos y los estragos del tiempo es algo impagable. Arquitectura industrial en estado puro, la belleza del patrimonio en todo su esplendor. El proyecto ha respetado incluso elementos que los técnicos aconsejaban derribar, como el volumen de la imagen inferior, donde los pintores daban color y vida a la cerámica tras ser cocida. Este espacio, de una sencillez extrema, se ha salvado gracias al empeño de los arquitectos, que incluso han tenido que colocarle una estructura metálica interior para evitar su desplome. La sala superior se utilizará como espacio para exposiciones temporales. Se conserva hasta el soporte del tendido eléctrico con las típicas campanitas de cristal, una delicia para los amantes del patrimonio industrial.


Hasta siete hornos diferentes han aparecido en las obras de rehabilitación. La mayoría de ellos han estado en uso hasta hace apenas diez años, otros habían sido enterrados cuando dejaron de usarse. Es el caso de los restos de un horno que se remonta al siglo XVI y cuya recuperación ha supuesto replantear los cimientos del nuevo edificio para poder salvarlo y ponerlo en valor.



En la planta inferior, además de poder visitar varios hornos, se han habilitado distintas salas donde se contará el proceso de fabricación de la cerámica, desde su diseño hasta su comercialización pasando por el cocido, la decoración...


El conjunto contiene dos patios desde los que podemos observar el contraste entre la arquitectura industrial conservada y el nuevo volumen añadido en la planta superior. En ningún punto el edificio supera las medianeras perimetrales, no se ha buscado destacar por encima del caserío histórico sino pasar desapercibido desde el exterior para sorprender al visitante conforme recorre sus espacios una vez dentro.



Sin duda uno de los elementos más llamativos son las piezas cerámicas que sirven de fachada a la planta superior, diez mil piezas de distintos tamaños que confieren a esta fachada una protección contra el sol de una forma sumamente atractiva.



Accedemos a la planta alta por una escalera de madera que nos lleva al vestíbulo superior. Desde aquí podemos escoger el camino, o bien visitar el museo de cerámica, con piezas desde el siglo XII hasta la actualidad que narran la evolución de esta técnica o conocer turísticamente el barrio de Triana en el centro habilitado para ello. Comencemos por el museo.



En el suelo, restaurados y listos para ser colocadas, piezas de una gran belleza que muestran el esplendor de una tradición que hemos dejado que se pierda por no saber adaptarla a nuestras necesidades actuales. Os dejo esta imagen como muestra aunque había paños realmente espectaculares.


Al último espacio expositivo llegamos a través de este corredor que nos adentra en el centro dedicado al barrio de Triana. La museografía de este espacio hablará sobre aspectos tópicos del barrio como sus fiestas, el flamenco... Aquí está la huella del que paga las obras, el Consorcio de Turismo. Personalmente, creo que un Museo de la Cerámica como tal tiene el suficiente atractivo turístico y cultural como para dedicarle un edificio en exclusiva, pero nuestros responsables políticos se mueven siempre entre dos aguas y finalmente lo que podría haber sido el gran museo de la cerámica de Sevilla tendrá que compartir espacio con el folclore. Está por ver qué nombre recibirá el que debería haber sido Museo de Cerámica (imagino que los tiros irán por 'Centro de las Tradiciones de Triana' o algo por estilo, un nombre ambiguo que poco dice y que más que sumar visitantes, puede restarlos).


La visita culminó en las azoteas del edificio desde donde se puede divisar a la perfección la Torre Pelli que, curiosamente, irá recubierta de cerámica de un tono parecido al utilizado en las fachadas del Centro de la Cerámica.


Desde Cultura de Sevilla quiero agradecer a Manuel Benítez y al Aula de Patrimonio de la ETSA de Sevilla la oportunidad que me han dado para conocer este maravilloso espacio al que llevaba años queriendo entrar, se han superado todas mis expectativas. También quiero agradecer a Miguel Hernández y al estudio AF6 Arquitectos no sólo la magnífica visita, sino el haber aportado a nuestra ciudad un edificio que, sin duda, formará parte del Patrimonio del siglo XXI que leguemos a generaciones futuras.

7 comentarios:

Carlos dijo...

¿Se sabe cuándo será la inauguración al público? ¿Precios? (Siempre teóricamente, que luego ya se sabe que se retrasa y se retrasa...)

Un saludo!

Sergio dijo...

A finales de este mes empiezan con el montaje museográfico, de momento no hay fecha prevista de apertura. Que yo sepa, sobre precios no se ha comunicado todavía nada.

Saludos!

fudet dijo...

Tengo unas ganas tremendas de que se innaugure el museo, esperemos que para el verano lo podamos estar disfrutando el resto de los mortales. Eso si, no has dejado posibilidad alguna a la sorpresa ¡Menudo reportaje fotográfico!
Pero gracias a esas fotos se han confirmado mis temores sobre la restauración del edificio. Desconozco si ocurre también en otras ciudades o solo en Sevilla, pero observo con mucha preocupación una tendencia (que en los últimos tiempos parece bastante generalizada) a ocuparse solamente de la restauración a nivel estructural (con suerte) olvidando cualquier tipo de restauración a otros niveles, como el químico.
Rara es la fotografía en la que no se observen problemas de filtraciones, humedad, sales, alteraciones biológicas, exfoliaciones, desconchados... Y todo esto en un edificio que se acaba de restaurar y aun no se ha abierto al público.
Sinceramente, me parece lamentable.
Lo peor de todo es que, a largo plazo, los problemas que comentaba antes terminarán afectando en mayor o menor medida en la estructura del edificio

Sergio dijo...

Y eso que "sólo" he escogido 17 de las 72 fotografías que hice...

En cuanto a los problemas de filtraciones, humedad y demás a los que te refieres, si estás hablando de los hornos, precisamente se ha buscado dejar esa huella, no se han "limpiado" los paramentos, sino que se ha dejado la huella arqueológica e industrial en los paramentos y espacios que tuvieron un uso industrial. Así, en los hornos aún se pueden ver los colores que indican qué tipo de productos se cocieron allí ya que en función del color que se observa en los ladrillos (blancos, azules, verdes...) el horno tuvo un uso u otro. Lo mismo con el hollín, que se ha respetado, o las paredes donde el mortero estaba caído, se ha consolidado lo que quedaba y se ha dejado tal cual, sin reconstruir nada.

En mi opinión es una actuación exquisita mucho más respetuosa con el Patrimonio que las que se llevan a cabo, por ejemplo, en los edificios cuyos muros se pican para dejarlos en ladrillo eliminando morteros y dejando el muro en el esqueleto (Santa Ana, San Andrés o la fachada de la Catedral hacia Alemanes, por poner algunos ejemplos).

No sé si te referías a eso, si hablabas de otra cosa, dime en qué fotografía lo has visto para comprobarlo.

Saludos!!

fudet dijo...

¡Jajaja!
Si y no. Me explico.
Que mantengan las manchas y restos de hollín o pigmentos en la zona de los hornos (que presupongo que están en zonas interiores o al menos resguardados del impacto directo de la lluvia) no es un problema, ya que están en la superficie del ladrillo (y si el agua de la lluvia o de las filtraciones no los disuelve, penetrando de este modo en el ladrillo) no van a estropearlo. En ese aspecto no tengo "ninguna queja".
El problema es que si revisas esas 72 fotos que has hecho (tanto en el interior del edificio como en los patios), vas a encontrar manchas de humedad y a su alrededor o sobre ellas, manchas blancas (sales) o verdosas (moho u otras plantas). Las sales (de dentro a fuera), las plantas (de fuera a dentro) y la humedad terminan reventando el ladrillo. Y eso si que es un problema. Por eso encuentro inconcebible que ese tipo de patologías que se ven a simple vista no se traten como es debido.
Estoy completamente de acuerdo con tu opinión sobre los trabajos de restauración de las iglesias que mencionas. Pero, precisamente, esas actuaciones que mencionas no son tratamientos químicos (Espero que tu imagen de los químicos no sea la de un científico con bata blanca, cincel y martillo ;) ). Hay tratamientos para eliminar (o al menos minimizar) las patologías que mencionaba antes sin alterar el color, la forma... del ladrillo.

Sergio dijo...

Prácticamente todos los paramentos de ladrillo que ves en las fotos son los exteriores de los hornos, que están diseminados por los patios. No hay interior / exterior, es que los hornos están en el patio. Si llevan allí décadas y no se han estropeado, no creo que ahora les vaya a afectar la lluvia, ¿no crees?

Cuando entramos al primer patio yo pensé lo mismo que tú, dije: "vaya, esa pared se ha quedado un poco descascarillada". Pero cuando te explican que ese mortero es original, que se ha conservado lo que quedaba y se han cerrado las 'heridas' para evitar que se siga perdiendo, entiendes que la actuación ha sido correctísima.

Si te fijas en la pared del edificio donde estaba la sala de pintores (que se ha conservado aunque los técnicos pidieron su demolición) verás que la restauración del paramento de ladrillo ha sido ejemplar y no ha quedado ni un solo resto de "suciedad". Donde se ha dejado "suciedad" es porque aporta un valor etnológico.

En cuanto a las iglesias, entiendo lo que dices, pero como historiador del arte me choca, y mucho, que una iglesia que fue hecha para estar encalada, por ejemplo, en color blanco, se haya picado para dejarla en ladrillo "porque es más bonito". O que en Santa Ana se eliminaran las pinturas barrocas que decoraban su interior para "recuperar el sentido gótico del edificio". Sinceramente, me parece del todo inapropiado, la arquitectura y los edificios son resultado del paso del tiempo, no podemos seleccionar aquello que más nos guste eliminando lo demás. Al menos, es mi opinión :)

Saludos!

fudet dijo...

"Si llevan allí décadas y no se han estropeado, no creo que ahora les vaya a afectar la lluvia, ¿no crees?"
Si yo digo eso de Santa Catalina (por poner un ejemplo), es que ni me respondes ;)

El problema es que si que hay problemas.

Los desconchados si están tratados no son un problema en sí, ya que si se aplican los tratamientos precisos, se pueden controlar.
Lo que pasa es que si aparecen las manchas blancas con las que parece que me estoy obsesionando (Ojo, que estoy simplificando mucho el problema, que las sales pueden tener muchos orígenes y además es solo uno de los problemas), significa que por mucho que nos "vendan" que el proyecto de rehabilitación ha sido impecable, al menos en este aspecto en concreto, no lo ha sido. A la vista está.
E insisto tanto con el problema de las sales porque no son un mero problema estético, no son solo manchas, como pueda pasar con el hollín. Las sales están dentro del ladrillo y se van haciendo paso a traves de él, destrozandolo desde su interior. Rompiendolo.

Nada que objetar a lo de las iglesias, porque opino lo mismo que tú. Pero hay que ser cauto con eso de que "la arquitectura y los edificios son resultado del paso del tiempo, no podemos seleccionar aquello que más nos guste eliminando lo demás" porque no siempre es blanco o negro. De lo contrario el Patio de Las Doncellas del Alcazar seguiría siendo una plancha de marmol (o piedra, o lo que fuera) con una fuentecita en el centro, en lugar del Patio original, con su alberca y sus huertecillos, que a mi, personalmente me gustan más. Y seguro que tu conoces muchos más casos, quizás hasta más acertados que el que he expuesto.